El Norte de Castilla

Los aguadores ilegales, negocio al por menor en un Zimbabue asolado por la sequía

Imagen de archivo de la reserva de agua de Bulawayo.
Imagen de archivo de la reserva de agua de Bulawayo. / ZINYANGE AUNTONY / AFP
  • Es habitual que en algunos barrios no haya suministro durante semanas

Desde hace varias semanas se vende de estraperlo en las esquinas. En la ciudad de Bulawayo, asolada por la sequía, el agua potable es un bien escaso con el que se negocia sin escrúpulos.

Oficialmente desempleado como casi todos los zimbabuenses, Bernard Phiri se convirtió de la noche a la mañana en aguador en las calles de la segunda ciudad del país para ganar algo de dinero. "No tengo coche pero alquilo una camioneta a un precio razonable para entregar el agua", cuenta. "Mi beneficio es marginal pero al menos tengo algo al final del día". Cobra un dólar por un cubo de 20 litros de agua potable, la mitad si su cliente le precisa que solo la necesita para su aseo personal o para lavar ropa. El negocio es floreciente porque Bernard Phiri confiesa que vende hasta 1.000 litros del preciado líquido en los mejores días.

El agua escasea desde hace meses en Bulawayo. Como el resto de África Austral, Zimbabue se achicharra bajo un sol de justicia que quema las cosechas, disminuye las capas freáticas y seca las gargantas. Este tercer año consecutivo de sequía, agravado por el fenómeno climático de El Niño, obligó a las autoridades de Bulawayo (sur) y de la capital, Harare, a racionar el agua.

Oficialmente, los cortes de agua no duran nunca más de tres días. Pero no es inhabitual que en algunos barrios no haya suministro durante semanas. Las autoridades municipales pusieron en marcha un sistema de reparto de emergencia por cisternas o en torno a los pozos pero éste se vio rápidamente desbordado por la demanda. Entonces, como siempre en Zimbabue, el sistema informal tomó el testigo.

En las calles aparecieron todo tipo de carteles publicitarios garabateados apresuradamente con tentadoras ofertas: "Cavamos pozos" o "cisternas de agua de 10.000 litros, 5.000 litros, 2.500 litros o 500 litros". A falta de otra cosa, muchos habitantes no tuvieron más remedio que recurrir a estos revendedores clandestinos.

Dos mujeres sacan agua de un pozo de Bulawayo en noviembre de 2016.

Dos mujeres sacan agua de un pozo de Bulawayo en noviembre de 2016. / AFP

Mandla Dungeni es un experto en el negocio de la escasez. "Identifico y contacto a las personas que necesitan agua y luego encuentro soluciones para entregársela, ya sea durante la noche o durante el día de una manera muy discreta", explica. "Los zimbabuenses hemos sufrido mucho. Nos ha vuelto muy creativos a la hora de encontrar soluciones", agrega orgulloso este desempleado de Bulawayo.

Dirigido con mano de hierro desde 1980 por Robert Mugabe, Zimbabue sufre desde hace 15 años una severa crisis. Asfixiado por la falta de liquidez, su economía funciona al ralentí y el 90% de la población activa no tiene empleo formal.

Las autoridades de Bulawayo intentaron prohibir este sistema de suministro paralelo, en vano. "La calidad del agua no está garantizada", afirma con preocupación la edil encargada de ingeniería y medioambiente, Silas Chigora.

Una parte de la población comparte ese temor a una catástrofe sanitaria. Muchos zimbabuenses recuerdan todavía la epidemia de cólera que dejó al menos 4.000 muertos en 2008, ampliamente favorecida por el estado deplorable del sistema de distribución de agua potable. "Setenta y dos horas sin agua corriente no es ninguna broma", opina Mandla Gumede, una vecina del barrio periférico de Magwegwe. "Solo la gracia de Dios nos ha librado de las epidemias".

A la espera de que vuelva a salir agua del grifo, numerosos habitantes de este barrio de Bulawayo han almacenado decenas de botellas. Soneni Ndiweni, de 54 años, transformó una de las habitaciones de su casa en almacén. Hasta ahora se ha negado a recurrir a los vendedores ilegales. "Lo que me preocupa es la salud. Nunca es seguro utilizar agua de la que ignoramos la procedencia, por lo que guardamos suficiente para beber", dice, "y si un día nos vemos obligados a comprar, solo la utilizaremos para la ropa y el aseo".

Un hombre transporta agua en Bulawayo en noviembre de 2016.

Un hombre transporta agua en Bulawayo en noviembre de 2016. / AFP

Pese a las reticencias, Bernard Phiri está convencido de que su negocio seguirá creciendo. Según agencias de la ONU, lo peor de la sequía está todavía por venir. "No hacemos más que satisfacer una demanda", subraya el aguador, "la gente agradece que le hagamos favores".