Glamour celestial

Rihanna disfrazada de Papa en la gala MET. /AFP
Rihanna disfrazada de Papa en la gala MET. / AFP

La gala MET, dedicada a la influencia de las creencias religiosas en la historia de la moda, se supera a sí misma. Mitras papales, crucifijos, halos y alas, túnicas sacerdotales... tomaron la alfombra roja

IRMA CUESTA

Aunque parecía imposible alcanzar el nivel de algunas ediciones anteriores, la gala MET de este año superó con creces cualquier expectativa. Dispuestos a rendir tributo a la influencia de las creencias religiosas en la historia de la moda, y bautizada con el aparente nombre de 'Cuerpos celestes, la moda y la imaginación católica', la alfombra roja del Museo Metropolitano de Nueva York se llenó el lunes de halos celestiales, alas de ángel, túnicas sacerdotales y crucifijos. La realidad es que era complicado establecer ese diálogo armonioso entre la moda y las obras maestras del arte religioso que se exigía a los egregios asistentes al guateque benéfico que marca el inicio de la exposición anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. La prueba está en los increíbles atuendos que se colocaron buena parte de los más que famosos y adinerados invitados. Incluso Rihanna, que nunca defrauda -es complicado olvidar su entrada triunfal del año pasado, enfundada en una gran capa amarilla con ribetes de piel y bordados florales dorados, y una cola tan larga que requería tres asistentes-, logró superarse a sí misma y se presentó disfrazada de papesa. Decidida a no salirse del guion, la cantante se colocó un traje de inspiración pontificia (mitra incluida) firmado por Martin Margiela, que lleva camino de pasar a la historia.

Tampoco se contuvo Sarah Jessica Parker. Vestida por Dolce & Gabbana, la actriz, que parecía la Virgen de la Esperanza ataviada con sus mejores galas, llegó al Metropolitano con una especie de Belén sobre la cabeza, coronado por un corazón, que nadie se explica cómo lograba sostener. Sin embargo, puede que a la cabeza de ese derroche creativo en forma de atuendo inspirador estuviera la pareja formada por Lana del Rey y Jared Leto. La cantante neoyorquina se presentó en la fiesta con una suerte de halo rematado con unas increíbles alas azules. Aunque cualquiera hubiera pensado que el detalle era más que suficiente, la autora de 'Love' completó su indumentaría con una especie de escudo, más o menos a la altura de esófago, con un corazón central con siete puñales clavados. Al parecer, las mentes que están detrás de semejante creación forman parte de la plantilla de Gucci y son las mismas que vistieron a Jared Leto, que habría pasado por una aparición del mismísimo Jesucristo si en lugar de los típicos mocasines marca de la casa se hubiera animado a ir descalzo. A quien no le costó decidirse fue a Katy Perry, que siempre se ha considerado una persona «muy espiritual» y que además acaba de volver del Vaticano de entrevistarse con el Papa. Aunque eligió un atuendo que recordaba más a la primera vedette del Folies Bergère que a un miembro de la corte celestial, parecía encantada. Tanto como los 599 invitados restantes que, con 25.000 euros por cabeza, colaborarán un año más a mantener el Instituto del Vestido -ahora llamado Instituto Anna Wintour-. El año pasado recaudaron 12 millones de dólares. Este año, aseguran, no será menos.

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