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Sanidad, Bin Laden, Cuba... el legado de Obama

Barack Obama, presidente de Estados Unidos, y Raúl Castro, presidente de Cuba.
Barack Obama, presidente de Estados Unidos, y Raúl Castro, presidente de Cuba. / Afp
  • El primer presidente de color de Estados Unidos deja sin resolver los problemas del Estado Islámico o las relaciones con Rusia

  • La feroz oposición de los republicanos en el Congreso y el Senado ha supuesto un enorme obstáculo en la agenda reformista del mandatario

Barack Hussein Obama (Hawái, 1961) obtuvo el reconocimiento mundial sin ni siquiera haberse puesto el mono de trabajo. Y es que el primer presidente de color de los Estados Unidos recibió el Premio Nobel de la Paz aún antes de haber firmado logro alguno desde la Casa Blanca. Fueron tantas las expectativas que levantó al inicio de su mandato, que muchos se han sentido defraudados tras dos legislaturas en las que, sin embargo, ha firmado avances impensables hace ocho años.

La luz de Obama comenzó a brillar en la Convención del Partido Demócrata de 2004. El aún presidente era un simple legislador en la cámara de Illinois, pero 17 minutos de discurso lo catapultaron al estrellato. "Nuestra política se ha tornado penosa y partidaria, tan echada a perder por dinero e influencia, que no nos permite abordar los grandes problemas que demandan soluciones. Aun en el medio de los enormes desafíos que afrontamos, tengo una gran fe y esperanza en el futuro", afirmó entonces. Lo dicho sobre aquel estrado de Boston llevó a los medios estadounidenses a declarar el nacimiento de un nuevo Kennedy.

Cuatro años después de aquel debut logró armar una campaña que le llevó a imponerse por sorpresa en las primarias demócratas a la todopoderosa Hillary Clinton. Con la nominación de su partido bajo el brazo, el siguiente rival a batir fue el republicano John McCain. El 'yes, we can' era ya una ola imparable y Obama se convirtió el 20 de enero de 2009 en el 44 presidente de los Estados Unidos, cargo que revalidó con alguna más dificultad en 2012 frente a Mitt Romney.

Obama recibió de George W. Bush un país inmerso en las guerras de Irak y Afganistán y sumido en una profunda crisis económica. Precisamente, la gestión económica ha sido uno de los mayores aciertos de la administración demócrata. Mientras Europa se echó en brazos de la austeridad, Obama puso en marcha una política expansiva que le permitió reducir el paro y salvar de la quiebra sectores estratégicos como el del automóvil.

Pero a nivel interno su mayor triunfo ha sido la reforma para asegurar la sanidad a los hogares más desfavorecidos. El conocido como 'ObamaCare' ha sido uno de los principales campos de batalla con unos republicanos que, radicalizados por el Tea Party, ha tratado de dinamitar con sus mayorías en el Congreso y en el Senado todas y cada una de las iniciativas legislativas del presidente demócrata.

Del partido opositor Obama ha tenido que soportar casi de todo, como la campaña auspiciada por Donald Trump para poner en duda que hubiese nacido en Estados Unidos -lo que le hubiese invalidado para la Presidencia- hasta las acusaciones de ser un islamista radical. Hay quien ha dicho incluso que es nada menos que un extraterrestre reptiliano, algo que, según las encuestas, se llegan a creer 12 millones de estadounidenses.

En política internacional Obama abandonó el frentismo de la administración Bush para reconstruir las relaciones con los aliados, muy dañadas tras la invasión de Irak. Entre sus hitos figuran la normalización de las relaciones con Cuba y la paralización del programa nuclear iraní. También la lucha contra el cambio climático ha sido una de sus prioridades. Desde el Despacho Oval ha impulsado medidas medioambientales y apostado por frenar las emisiones de gases a la atmósfera y el efecto invernadero. "El cambio climático es la mayor amenaza para nuestro futuro", sentenció en 2015.

Uno de los momentos que será recordado de su presidencia es el de la muerte de Osama Bin Laden. Diez años después de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Obama firmó la venganza ordenando la operación que acabó en Pakistán con la vida del líder de Al-Qaida. La operación, desarrollada a espaldas de Islamabad, fue una apuesta arriesgada, pero al presidente no le tembló el pulso.

Pese a sus muchos aciertos, Obama también deja herencias envenenadas a su sucesor o sucesora. El primero de los retos del nuevo presidente será reconducir las relaciones con Rusia, muy dañadas a consecuencia de los conflictos en Ucrania o Siria. El segundo será acabar con el Estados Islámico, una tarea para la que el demócrata ya ha sentado las bases con el adiestramiento de las tropas iraquíes y el inicio de la ofensiva para la toma de Mosul.

En el plano doméstico, el presidente ha fracasado a la hora de endurecer el control de armas. Obama no ha podido con el lobby armamentístico ni con la segunda enmienda de la Constitución que consagra el derecho de los estadounidenses a portar armas. Las matanzas indiscriminadas como la de la escuela de primaria de Sandy Hook han sido algunos de los momentos más duros del presidente en el Despacho Oval. El día que aquellos 20 niños fueron asesinados el mundo vio a al presidente más poderoso del planeta llorar.

Pese a no cumplir con las grandes expectativas que levantó, Obama deja un país mejor del que encontró. El broche a sus dos mandatos sería que la Casa Blanca quedase en manos de los demócratas y de Hilary Clinton. El presidente se ha volcado en la campaña para que esto ocurra ante el peligro de que Donald Trump desmonte todo lo que a él le ha costado tanto construir.