Los jóvenes y el empleo, un desafío aún sin resolver

En el segundo trimestre de 2017 todavía hay 1.069.000 menores de 30 años en desempleo/JEROME FAVRE
En el segundo trimestre de 2017 todavía hay 1.069.000 menores de 30 años en desempleo / JEROME FAVRE

Más de un millón de menores de 30 años siguen sin encontrar trabajo

LUCÍA PALACIOS

Pese a la mejoría que quedó patente en los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA)publicada el pasado jueves, ni mucho menos es posible estar satisfecho, puesto que el mercado laboral en España todavía sigue fuertemente deteriorado tras la crisis española que se llevó por delante más de 3,5 millones de empleos y dejó cifras de paro jamás vistas con casi 6,3 millones de personas en ese crítico 2013. En estos duros años, dos fueron los colectivos heridos de muerte y que aún están muy lejos de recuperarse de este duro golpe: los parados de larga duración y los jóvenes.

Y es que en este segundo trimestre de 2017 todavía hay 1.069.000 menores de 30 años en desempleo, pese a haberse reducido en 710.000 desde 2013. Esto supone que tres de cada diez quieren trabajar y no pueden, puesto que la población activa de este colectivo asciende a casi 3,6 millones. Si nos circunscribimos a los que tienen entre 16 y 24 años, el porcentaje aún aumenta hasta el punto de que cuatro de cada diez están en paro.

Y respecto al empleo, la cosa tampoco pinta bien. Así, en la actualidad hay 2,5 millones de menores de 30 años trabajando, la mitad que antes de la crisis: en 2007 la cifra de ocupados en este colectivo prácticamente se situaba en los 5 millones. Con la recesión, el empleo entre los jóvenes se fue destruyendo a un ritmo tan vertiginoso, que en 2013 alcanzó un mínimo de 2,3 millones de jóvenes trabajando. A partir de ahí se inició –­al igual que a nivel general–­ una recuperación, pero en este caso demasiado tímida: apenas 13.500 en tres años. Sin embargo, es verdad que en los últimos doce meses ha pegado un enorme acelerón y se han recuperado 146.300 empleos para los jóvenes. De cualquier forma, la realidad es que hay 2,4 millones menos trabajando que antes de la crisis y en cuatro años apenas se han recuperado 160.000 puestos.

«Literalmente se ha derrumbado el empleo joven y la recuperación es más bien parcial», denuncia el investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) Marcel Jansen. El también profesor de la Universidad Autónoma de Madrid critica abiertamente las políticas activas del Gobierno, que –­a su juicio–­ adolecen de «todos los fallos estructurales en el diseño», algo «imperdonable en un país con las tasas de desempleo que tenemos». Considera que cuando una persona está en dificultades, la salida se la tiene que elaborar él. «Desde los poderes públicos, las ayudas son mínimas, mal elaboradas y se limitan, si se tiene suerte, a un subsidio o prestación mínima», se lamenta.

El experto se suma así a las críticas que hace apenas unas semanas expresó la OCDE. Y es que los datos no engañan. Efectivamente, España es el cuarto país con una menor proporción de población empleada, tras Italia, Grecia y Turquía. Y, al tiempo, es el segundo estado con mayor desempleo entre los 35 socios, con una tasa de paro del 17,8% en abril de 2017, pese a haber disminuido ocho puntos porcentuales desde 2013. Si nos ceñimos a los jóvenes, el panorama incluso empeora: el paro en las personas de 15 a 24 años se elevó en 2016 hasta un insostenible 44,5%, cuando la media de este club de los países más desarrollados se situó en el 13% y en Europa en el 18,7%. Salvo Grecia, con un 47,4%, estamos muy lejos de los niveles de paro juvenil de Alemania (7%), Estados Unidos (10,4%), Reino Unido (13%), Francia (24,6%), Portugal (27,4%) o Italia (37,8%).

La OCDE considera que el elevado fracaso escolar y las diferentes modalidades de contrato son los principales factores por los que el empleo juvenil en España se redujo a la mitad entre 2007 y 2015, la mayor caída entre sus estados miembros. Esta destrucción masiva de puestos de trabajo afectó fundamentalmente a aquellos que no tenían estudios y de manera especial a los empleados de la construcción, lo que provocó que en 2015 –­últimos datos conocidos–­ el total de jóvenes desempleados y fuera del sistema educativo entre 15 y 29 años rondara el 23% en España, un aumento de 10 puntos porcentuales durante la parte más dura de la crisis, desde 2007 hasta 2013, cuando se alcanzó un máximo del 26%.

«Hay demasiada gente que no tiene ni la ESO y el mercado laboral no les va a premiar», reflexiona el profesor de Esade Carlos Obeso, que señala la importancia de tener buenas calificaciones en los estudios. «Las notas son un reflejo de la capacidad que esta persona demostrará después», sostiene.

En UGT consideran que la «tímida mejora» del empleo en algunos tramos de edad solamente se ha traducido en «peores condiciones de trabajo» para todo el colectivo joven. Así, «independientemente de la edad que tenga la juventud, el trabajo al que se accede y sobre todo en la primera experiencia laboral es en condiciones de trabajo precarias», derivadas fundamentalmente del aumento de la temporalidad en los empleos, además del abuso en la rotación de los contratos destinados a la juventud.

Efectivamente, la dualidad del mercado laboral tiene como primeras víctimas a los jóvenes, que apenas tienen oportunidades para acceder a un empleo indefinido. De hecho, más de la mitad de las personas entre 15 y 29 años tiene un trabajo eventual, ya que la tasa de temporalidad en lugar de reducirse ha ido creciendo: ocho puntos desde 2008 hasta llegar al 56,5%. «La reforma laboral claramente no ha ofrecido soluciones suficientes y es una tarea que tenemos que abordar lo antes posible», concluye Jansen.

Menos salario y más horas extras

Una de las discriminaciones más fuertes y recurrentes a las que se enfrentan los jóvenes es la relativa a los salarios. Hasta el punto de que los menores de 25 años cobran menos de la mitad que el resto. Así, si el sueldo medio se situó en 23.106 euros brutos anuales en 2015, los que tienen entre 20 y 24 años se tienen que conformar con 11.228 euros, según la última Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE. Los menores de 30 superan por poco los 16.000 euros, con lo que la inmensa mayoría son mileuristas. Cabe resaltar que mientras el sueldo medio ha crecido desde 2008 en más de 1.200 euros, no ha sido así para los jóvenes:los menores de 25 años ganan 2.000 euros menos que siete años atrás, a lo que además habría que restar otro 10,7% derivado de la subida de los precios. Y otro tema son las horas extras. El número de jóvenes menores de 30 años que trabajaron fuera de su horario laboral, aunque dado sus tipos de contratos es un porcentaje pequeño (apenas el 5% del total), está experimentando en los últimos meses un importante ascenso. Concretamente, en el segundo trimestre de 2017 han crecido en 110.000, según los datos de la EPA. Pero todavía es más revelador el hecho de que a más de un tercio de ellos (35%) no se las pagan.

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