La vía de la reutilización para los residuos electrónicos

Solo el 26% de los desechos de este tipo en la región se usan para obtener materias primas

Montaña de electrodomésticos usados, acumulados en una empresa de reciclaje en Suiza./Ruben Sprich-REUTERS
Montaña de electrodomésticos usados, acumulados en una empresa de reciclaje en Suiza. / Ruben Sprich-REUTERS
Elisa Campillo
ELISA CAMPILLOValladolid

Cada habitante de Castilla y León recogió, de media, en 2014 –últimos datos publicados– 3,17 kilos de residuos de equipos eléctricos y componentes de equipos electrónicos desechados, cifra que aumenta a 3,24 kilos si se añaden los residuos de pilas y acumuladores. En total, 8.092 toneladas de basura electrónica generadas en la región en un año, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Para hacerse una idea, el volumen total de basura recogida por los servicios de reciclaje alcanzó en 2014 los 1,06 millones de toneladas en Castilla y León y los 21,3 millones de toneladas en el conjunto del país. Los españoles generaron, de media, 3,79 kilos por persona de residuos de equipos eléctricos y electrónicos en 2014, según el servicio europeo de estadística Eurostat. Con estos datos, España se convierte en el octavo país de la Unión Europea con menor volumen de desechos de este tipo por habitante, en una horquilla que va desde los 1,5 kilogramos recolectados por los habitantes de Rumanía hasta los 14,9 kilos de residuos que los noruegos desestiman cada año.

Además, la cifra no para de crecer. Señala Eurostat que, actualmente, los desechos de aparatos eléctricos y electrónicos son uno de los flujos de residuos que más rápidamente crecen en el conjunto de la Unión Europea, a un ritmo de entre el 3% y el 5% anual.

Según un informe de Eurostat, el 74% de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) que se generan en España no se gestionan de forma adecuada (en datos de 2013, los más recientes disponibles en este caso). De hecho, la tasa de reciclaje de este tipo de desechos alcanza en España el 26,1%, lo que supone el octavo porcentaje más bajo de la UE y que sitúa al país solo por delante de Malta, Chipre, Eslovenia, Rumanía, Grecia, Reino Unido y Francia. Los países más comprometidos con el reciclaje de residuos electrónicos son, por su parte, Suecia (64,9%), Bulgaria y Lituania.

En Castilla y León se generan más de 8.000 toneladas de basura electrónica al año

El informe de Eurostat revela, por tanto, que en España se recicla uno de cada cuatro aparatos electrónicos, mientras que en la media de la Unión Europea se procesa el 35% de la basura electrónica que se produce. Según el análisis, a pesar de que el consumo de productos electrónicos en España se ha triplicado en los últimos tres años, el reciclaje de estos aparatos se ha reducido prácticamente a la mitad, lo que, según el portal de compraventa de productos reacondicionados Back Market, «demuestra que los fabricantes no están destinando los recursos suficientes al reciclaje de la basura electrónica».

Los cálculos de Eurostat tienen en cuenta diferentes variables. La tasa de recogida equivale a los volúmenes recolectados para el tratamiento divididos por la suma media de equipos eléctricos y electrónicos puesta en el mercado en los tres años anteriores. Por su parte, la tasa global de reciclado de residuos electrónicos se obtiene multiplicando esta tasa de recolección por la tasa de reciclado en las instalaciones de tratamiento. Se supone, para este caso, que la cantidad total de residuos electrónicos recogidos se envía efectivamente a instalaciones de tratamiento o reciclaje.

Sustancias peligrosas

Los RAEE contienen diversas sustancias que plantean riesgos considerables para el medio ambiente y la salud si se tratan inadecuadamente, pero su reciclado ofrece importantes oportunidades en cuanto a la disponibilidad de materias primas secundarias en el mercado. La legislación de la UE prevé la creación de sistemas de recogida en los que los consumidores devuelvan gratuitamente sus equipos de desecho. El objetivo de estos sistemas es aumentar el reciclado y la reutilización de dichos productos.

En la actualidad, un tercio de los RAEE de la UE está siendo notificado por regímenes de cumplimiento recogidos por separado y gestionados adecuadamente. El resto son recogidos por empresas no registradas y debidamente tratados, recogidos por empresas no registradas y mal tratados (para extraer y vender los materiales valiosos que contienen) o incluso exportados ilegalmente al extranjero o eliminados como parte de residuos residuales (por ejemplo, en vertederos o incineradores).

Zona de recogida de electrodomésticos en un punto limpio.
Zona de recogida de electrodomésticos en un punto limpio. / El Norte

El aumento de volumen de basura electrónica y el elevado coste de su reciclaje han llevado a los gobiernos a buscar alternativas para reducir la producción de estos residuos. El Gobierno español modificó en 2015 la ley sobre el tratamiento de este tipo de desechos para fomentar un consumo más eficiente de los aparatos tecnológicos, alargar su vida útil y frenar el crecimiento de basura electrónica.

Así, el Ejecutivo nacional se ha marcado como objetivo para este año la reutilización del 3% de los productos informáticos y pequeños electrodomésticos y del 2% en el caso de los grandes aparatos eléctricos. Estos objetivos se incrementarán, respectivamente, al 4% y al 3% a partir de 2018. «El reciclaje requiere de tecnologías complejas y costosas que hacen del reacondicionamiento una alternativa más económica y ecológica», concluyen desde Back Market.

«La nueva legislación supone un avance, aunque no es suficiente si no se persiguen las prácticas ilegales que convierten en desechos aparatos que podrían seguir utilizándose o si no se crea una ley contra la obsolescencia programada, que castigue a los fabricantes que limitan la vida útil de sus productos de forma premeditada», señala el CEO de Back Market, Thibaud de Larauze.

Plan Renove

Uno de los motivos por los que los aparatos eléctricos y electrónicos son desechados con cierta frecuencia es que los modelos nuevos son más eficientes energéticamente, lo que supone un ahorro de consumo y, por tanto, de dinero. La Federación Española de Comerciantes de Electrodomésticos(FECE), que reúne 17 asociaciones regionales y a cuatro grandes grupos de distribución, estima que en los hogares españoles hay unos 30 millones de electrodomésticos que tienen más de diez años de antigüedad. Por ejemplo, la renovación de un frigorífico con congelador de diez años de antigüedad puede suponer un ahorro de hasta 526 kilovatios/hora al año, si se apuesta por el modelo más eficiente. En el caso de una lavadora el ahorro puede ser de 175 kW/h y en el de un horno, de 128. Si el precio medio del kilovatio/hora se sitúa en torno a los 0,12 euros, el ahorro anual puede ser de 63 euros en el caso de los refrigeradores, de 21 en el de las lavadoras y de 15 en el de los hornos.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), los planes Renove de electrodomésticos llevados a cabo entre los años 2006 y 2011 lograron la sustitución de unos 3,3 millones de aparatos, lo que supuso un ahorro de energía final de 2,2 millones de megavatios/hora y evitó la emisión de 896 toneladas de CO2 a la atmósfera.

Pero, para que este recambio de electrodomésticos por otros más eficientes sea realmente bueno no solo para el bolsillo sino también para el medio ambiente –y, en el fondo, de nuevo, también para el bolsillo–, el desecho de los aparatos antiguos debe gestionarse correctamente. Existen organizaciones que velan por ello. La Fundación Ecolec es una entidad sin ánimo de lucro creada en el año 2004 por las asociaciones empresariales que representan al sector de fabricantes e importadores de grandes y pequeños electrodomésticos. Su objetivo es gestionar la recogida, tratamiento, valorización y eliminación de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, pilas y acumuladores, así como participar en la labor de concienciación medioambiental y promover la cultura del desarrollo sostenible.

El Plan Renove de electrodomésticos entre 2006 y 2011 supuso la sustitución de 3,3 millones de productos

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos se clasifican en diez categorías: grandes electrodomésticos, pequeños electrodomésticos, equipos de informática y telecomunicaciones, aparatos de consumo, aparatos de alumbrado, herramientas, juguetes y equipos deportivos, aparatos médicos, instrumentos de vigilancia y control y máquinas expendedoras.

Desde la fundación Ecolec advierten de que si los RAEE no se recogen por separado y se someten a tratamientos selectivos de sus componentes y materiales, se pueden convertir en una importante fuente de contaminación de los lixiviados –líquidos contaminantes– cuya filtración puede contaminar las aguas subterráneas, así como de las emisiones atmosféricas en las incineradoras. La Fundación Ecolec se encarga de la recogida selectiva de estos residuos, desde los puntos limpios municipales, los puntos de distribución y venta o los centros de trabajo, desde donde se llevan a los centros de almacenamiento temporal y de allí a las plantas de clasificación y tratamiento de residuos.

Pilas y acumuladores

Por su parte, las pilas y acumuladores generan residuos peligrosos que contienen metales pesados como el mercurio, el plomo y el cadmio, de efectos muy nocivos para el medio ambiente y la salud. Se calcula, por ejemplo, que una única pila de tipo botón puede contaminar hasta 600.000 litros de agua, una alcalina 175.000 y una pila común hasta 3.000 litros. La incineración incontrolada provoca la vaporización de los metales, que pasan a la atmósfera y pueden contaminar el suelo con el agua de lluvia.

Una única pila de tipo botón puede contaminar hasta 600.000 litros de agua

El proceso de reciclaje de las pilas varía según se trate de pilas comunes y acumuladores o de tipo botón. Las primeras son sometidas a un proceso mecánico de trituración bajo condiciones de refrigeración con nitrógeno. Después pasan a una canaleta vibratoria y un lavado con agua para separar los materiales férreos del plástico, papel o polvo de pilas. Este último se somete a un proceso hidrometalúrgico para recuperar distintos metales. Por su parte, las pilas de botón, que contienen hasta un 30% de mercurio, se someten a un proceso de destilación para separar este material.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos