La morosidad de los inquilinos de Castilla y León crece el 3,5% en el último año

Una mujer cuelga en el balcón un cartel para alquilar su vivienda./PACO PUENTES
Una mujer cuelga en el balcón un cartel para alquilar su vivienda. / PACO PUENTES

El impago del alquiler alcanza en la región los 3.500 euros de media, el equivalente a cinco meses

Elisa Campillo
ELISA CAMPILLOVALLADOLID

El arrendamiento puede llegar a convertirse en una segunda opción para los propietarios que no consiguen vender su vivienda. Sin embargo, el alquiler entraña para los dueños de las viviendas un riesgo que es difícil detectar a priori: que el inquilino deje de pagar.

En Castilla y León, el índice de morosidad en el pago del alquiler se elevó el 3,55% entre 2016 y 2017, según los datos del Fichero de Inquilinos Morosos (FIM), que se nutre de la información que le aportan inmobiliarias y propietarios particulares. En concreto, la cuantía media demorada asciende a 3.489 euros, el equivalente a unos cinco o seis meses de renta.

Esta morosidad media varía en las diferentes provincias de la región. En la que más dinero se adeuda en el pago del alquiler es en Burgos, donde los inquilinos que no pagan deben una media de 4.169 euros. León, Salamanca y Segovia también se encuentran en niveles de morosidad superiores a la media regional. En las que menos dinero deben sus inquilinos son Zamora y Soria, donde la cantidad media adeudada apenas supera los 2.000 euros.

Sin embargo, esto no quiere decir que los arrendatarios de Burgos sean más morosos que los de Zamora. El que la cantidad media adeudada sea superior está directamente relacionado con los precios medios de los arrendamientos y el tamaño del mercado del alquiler. Es decir, cuantas más viviendas se alquilan en una provincia y más se paga por ellas, la tendencia es que la cantidad media adeudada sea mayor (cuantos más inquilinos hay, más opciones hay de que haya morosos).

Y es que el alquiler no solo es una alternativa para los propietarios que no logran vender su vivienda. También, desde el otro lado, el de los que buscan casa, se ha convertido en una opción –si no la única– para las personas que quieren acceder a una vivienda y no pueden permitirse comprarla. Esto hace que, durante y después de la crisis, «el alquiler haya remontado un poquito, no tanto en precios pero por lo menos en transacciones», señala el presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Valladolid, José Manuel Martínez Iranzo. Además del aspecto puramente económico –«la razón principal»–, Martínez Iranzo señala otra razón más que ha impulsado los alquileres frente a las compraventas: «Se ha producido un cambio de hábito social, de manera general en toda España, que ha dirigido la tendencia más hacia el alquiler que hacia la compra, y aunque el alquiler todavía no representa un gran porcentaje, sí que se nota».

Al tener un parque de viviendas más reducido y unos precios más bajos, la comunidad es la segunda de España con menor cuantía adeudada

Lo que sí se puede comparar sin que en ello influya el precio medio de la vivienda o la tradición arrendataria de una zona es la evolución de cada una en el tiempo, en base a las incidencias relacionadas con el pago de la renta. Entre 2016 y 2017, la morosidad creció en todas las provincias de la comunidad excepto en Burgos, donde se redujo el 2,6%. El mayor incremento se produjo en León, donde la morosidad subió el 9,1% en un año. En otras provincias, como Zamora, Palencia o Valladolid, apenas se notó diferencia y, en las que quedan, se observaron crecimientos entre el 4% y el 6%.

En cualquier caso, la evolución de la morosidad en Castilla y León en el último año es muy similar a la observada en el conjunto de España, donde los impagos de la renta de alquiler se elevaron el 3,96% a lo largo del año 2017.

Sin embargo, si nos fijamos en la deuda, Castilla y León se sitúa muy por debajo de la media nacional, que está en 6.033 euros adeudados. De hecho, la región es la segunda comunidad de España, solo por detrás de Extremadura, con la deuda media más baja. «Hay que tener en cuenta que en Castilla y León tiene un índice muy bajo de oferta de viviendas en alquiler, con muchas casas que están vacías y no se ponen en el mercado quizás por el carácter de no querer tener problemas y la desconfianza hacia la incertidumbre que les genera el alquiler en caso de impago», señala en este sentido Martínez Iranzo, que indica que «si la legislación en estos efectos fuese mucho más ágil seguro que esas viviendas saldrían al mercado con más facilidad».

Si el arrendatario paga al iniciarse un pleito, este se cierra y habría que abrirlo de nuevo si vuelve a dejar de pagar

¿Y qué puede hacer el propietario si deja de percibir el pago de la renta? «En primer caso, encomendarse a Dios profundamente –bromea Martínez Iranzo–, porque la verdad es que cuando surge este inconveniente el propietario está absolutamente indefenso». En este sentido, señala que «incluso poniendo un pleito, si se le comunica al arrendatario y en ese momento paga, se termina el procedimiento y tendría que volver a iniciarlo en caso de que volviera a dejar de pagar, con lo cual es el cuento de nunca acabar». «Y si no paga, la media de tiempo que se tarda en desalojarlo, en caso de que vayan bien las cosas, está en los siete u ocho meses. Si además en la otra parte existe mala fe entran todos los daños que puedan ocasionar en la vivienda, etcétera, y de ahí el miedo lógico que existe por parte de los propietarios a poner en alquiler sus viviendas», señala.

Información previa

¿Hay alguna manera de saber previamente si el inquilino tiene riesgo de ser moroso? «Es muy difícil tener la información. Llevo muchos años en esto y he visto casos de todo tipo, de gente que por los datos de presentación de nómina y demás parecía que sí que era buen pagador y al final ha sido lo contrario y, al revés, personas que van muy justas con la nómina y sin embargo durante el proceso de arrendamiento son unos buenos pagadores. Es cierto que la presentación de la nómina, el trabajo que tenga, la declaración del IRPF en caso de que sea autónomo o incluso la presentación de un avalista dan algo de información, pero aun así lo más efectivo es la garantía de un aval bancario, aunque en la práctica no es habitual pedirlo porque los arrendatarios no quieren».

Poniéndose en el caso del inquilino que por la situación que sea ve que no va a poder hacer frente al pago del alquiler, Martínez Iranzo recomienda el diálogo. «Es mejor poner sobre la mesa la sinceridad, llamar directamente al propietario y comentarle lo que le ha pasado. Si se da cuenta de que no va a ser algo puntual sino para mucho tiempo, igualmente lo mejor es decirlo y llegar a un entendimiento para poner un plazo e irse a otro sitio más económico», aconseja.

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