«Para mantener las pensiones hay que subir la presión fiscal, y no hay otra»

El catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid Santos Ruesga posa en su vivienda./Elvira Megías
El catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid Santos Ruesga posa en su vivienda. / Elvira Megías

Santos Ruesga Catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

José V. Merino
JOSÉ V. MERINOBilbao

El catedrático Santos Ruesga puso hace cinco años el dedo en la llaga de lo que supondría el índice de revalorización y el factor de sostenibilidad incorporados a la reforma de las pensiones aprobada por el Gobierno del PP. Ahora asiste a los estallidos de los jubilados en las calles .

-Fue el único de los 12 sabios que, cuando se gestó la reforma de las pensiones, voto ‘no’ al factor de sostenibilidad. Fue un visionario.

-El Gobierno tenía una hoja de ruta y la está cumpliendo: pasar al sector privado los recursos que hacen falta para mantener un sistema público de pensiones razonable, porque busca que parte del ahorro se canalice a través del mercado. Se traslada el riesgo de un sitio a otro, porque el mercado no te garantiza nada, ninguna revalorización, y puedes perder.

-Y llegamos al momento en el que todo estalla: movilizaciones, debate en el Parlamento, el Gobierno amaga con cambios, la oposición aprieta... ¿Lo esperaba?

-No tengo una bola de cristal. Lo que ocurre es que antes hubo un escenario de deflación, de 2014 a 2016, que hizo que no se visualizara el recorte. Además estábamos en crisis y eso retrae a la gente, por miedo. Pero ahora las expectativas de crecimiento han cambiado, parece que las cosas van mejor y, además, se ha producido una pérdida del poder adquisitivo porque hay inflación. La verdad es que cuando me pronuncié en 2013 ni pensé en esto de las movilizaciones, aunque tenía claro que era un recorte acumulativo importante y que en algún momento los pensionistas se darían cuenta. Y en medio, las torpezas de la ministra Báñez.

-Supongo que habla de la carta en la que anuncia a los pensionistas que les van a subir dos euros.

-A la gente se le puede engañar, una, dos y tres veces, pero a la cuarta se da cuenta: decir que te han subido la pensión el 0,25% cuando los precios se han revalorizado el 1,8% es ofensivo. La carta ha sido importante en lo que está pasando: es una provocación. Y el problema además te va a pasar todos los años, con carta o sin carta: cuatro euros al mes menos este año, otros tantos el que viene... Un pensionista puede empezar cobrando 1.000 euros y acabar cobrando, 20 años después, 800 una vez descontada la inflación.

-Pero ahora ya tenemos el gran problema encima. Gente en la calle, se habla del Pacto de Toledo, de impuestos negativos para los mayores, de subir la limitación de la exención del IRPF para los pensionistas... ¿Qué se puede hacer?

-Esta no es una cuestión técnica, sino política. Hasta ahora funcionaba el Pacto de Toledo, donde sin ruido se han consensuado reformas desde 1995. Lo razonable es que eso siguiera funcionando, pero parece difícil porque a partir de la reforma de 2013 el Gobierno rompe la línea de flotación del sistema vigente al plantear una fórmula mixta de pensiones, con una parte pública y otra privada incentivada por las administraciones y el gobierno de turno. Esta es la hoja de ruta, muy clara, y todo lo demás es la parafernalia que la acompaña: ‘Estamos en crisis, el sistema va a quebrar...’ Y no es verdad. Los sistemas públicos no quiebran: se trata de poner más dinero. ¿Cuánto? Ahí podemos discrepar. Pero hay que poner más dinero de aquí a 2050, que es cuando puede pararse el efecto demográfico del ‘baby boom’.

-Y cada uno plantea una solución.

-Pues sí. Si se suben impuestos, si se suben cotizaciones, si es una mezcla de ambas cosas, si vamos a impuestos directos o a indirectos... Pero en lo que hay que ponerse de acuerdo es en si seguimos o no con un sistema que otorgue pensiones suficientes, más o menos como ahora, dentro de 30 años. Y puestos de acuerdo en eso, la parte técnica puede ser más complicada pero la parte política no.

-¿Cómo ve al Gobierno?

-Como tiene esa hoja de ruta, tira balones fuera: modifico lo de las viudas, hago un juego de trileros a los pensionistas con el tema fiscal porque bajo el límite pero eso no afecta a la mayoría al estar debajo de los mínimos... Creo que el Gobierno no se va a apear de su línea, que es reducir las pensiones y que los ciudadanos canalicen los ahorros para sus jubilaciones hacia el sistema financiero. Marea la perdiz, hace declaraciones pomposas de ‘confíen en mí y no se preocupen’, pero no entra al trapo de cambiar las cosas, de revalorizar las pensiones y mantener su poder adquisitivo. Y tampoco habla claro, con cálculos sobre las pensiones y su cuantía que se ocultan de forma ambigua. Pero claro, ese es el discurso político, que busca conseguir votos.

-¿Y cómo ve a la oposición?

-Mire, los árboles no dejan ver el bosque. Y el debate fundamental es si se está dispuesto o no a poner dinero. Pero eso no lo dice nadie, porque hay miedo a decir que eso es subir la presión fiscal. Se ha puesto de moda considerar malo subir la presión fiscal y comentar que bajarla incluso es de izquierdas. Las opciones están claras y yo creo que hay que mantener las pensiones aun a costa de subir la presión fiscal. Y no hay otra. ¿Cuánto? Mi estimación es que con el 3% del PIB sería suficiente para cubrir el mantenimiento del poder adquisitivo. ¿Es malo, es bueno, es muy complicado? Yo no lo veo complicado, porque en España la presión fiscal es seis o siete puntos menor a la de nuestro entorno. Es que, claro, decir que yo estoy por la revalorización de las pensiones pero, a la vez, decir que no hay que subir los impuestos... Eso es la cuadratura del círculo.

-Pues se dice.

-Sí, parece que subir impuestos es malísimo. Y como se ha instalado esa idea, nadie quiere decirlo. Un dirigente de la izquierda me comentó: ‘Tienes razón, hay que subir impuestos... Pero no hay que decirlo’. ¿Cómo? La gente se va a dar cuenta. Cuando vas a la farmacia y ayer no te cobraban y hoy te cobran tres euros, es más caro. Llámalo copago o como quieras, pero eso es subir impuestos. Cuando se habla de conseguir dinero sin subir impuestos, ¿cómo, con donaciones de la Iglesia?

-O con un impuesto a la banca. Lo dice la izquierda.

-Pues sí. Ese es un discurso muy maniqueo. Hay quien dice: ‘Pongamos un impuesto a la banca, que está justificado porque los banqueros son malísimos’. Ya, ¿pero qué tiene que ver eso? ¿Solo vamos a cobrar impuestos a los malos? Entonces tendremos que buscar muchos malos. ¿Y quién es el siguiente malo para que nos ayude a pagar las pensiones? No me dedico a la política, pero si lo hiciera y dijera esto, me cesarían al día siguiente.

–¿Tiene fondo de pensiones?

–Sí. Uno individual al que ya he dejado de aportar, porque el último año el plan creció el 0,5%, pero como la comisión de gestión fue del 1,5%, pues perdí un 1%. Los economistas somos igual de tontos que el resto de la sociedad para invertir. Si lo haces por razones fiscales, como no calculas bien, pues se te puede volver en contra; porque si recuperas todo el fondo de golpe al jubilarte, es probable que fiscalmente pierdas porque la desgravación está hecha para que recuperes año a año.

–¿Entonces...?

–Mi fuente fundamental de ahorro es el sector inmobiliario. Es mejor comprar un piso y alquilarlo que meter el dinero en un fondo. Y a eso he dedicado la mayor parte de mi ahorro, a comprar un par de apartamentos y alquilarlos, con independencia de la discusión moral de si comprar un piso y alquilarlo es una actividad especuladora. A precios normales, sin exagerar, eso te puede dar sobre un 5%, y eso es muy difícil que te lo dé un fondo.

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