El Norte de Castilla

Alentia cumple tres años con 140 socios inversores y cuatro proyectos apadrinados

Javier Cid Gil, en su despacho de la firma de capital alternativo Alentia.
Javier Cid Gil, en su despacho de la firma de capital alternativo Alentia. / RICARDO OTAZO
  • La firma de capital alternativo de Empresa Familiar de Castilla y León ha movilizado más de tres millones

En un lado, empresas pequeñas y jóvenes creadas con pasión, con perspectivas de crecimiento y dificultades para encontrar financiación, o con posibilidad de acceder a ella pero reacias a endeudarse demasiado; en ambos casos abiertas a la llegada de socios que aporten no solo capital sino también experiencia. En el otro lado inversores en su mayor parte de la comunidad autónoma, dispuestos a apostar por proyectos serios con buenas perspectivas de negocio y, por ende, potencial de rentabilidad. Y entre unas y otros Alentia, la sociedad de capital alternativo creada por la asociación Empresa Familiar de Castilla y León que el pasado viernes cumplió tres años de vida y está a punto de cerrar su cuarto ‘apadrinamiento’, que supondrá una movilización global de más de tres millones de euros.

Creada cuando la crisis aún enseñaba los colmillos, si bien poco después las dificultades comenzaron a remitir, Alentia arrancó con 68 asociados, una cifra que en estos tres ejercicios completos ha logrado multiplicar por dos, hasta alcanzar los 140 actuales. Si los primeros interesados en el proyecto fueron «los cincuenta empresarios más grandes de Castilla y León», en los últimos tiempos la sociedad ha experimentado «un notable crecimiento entre otro tipo de inversores», según explica Javier Cid Gil, gerente de Alentia.

«Desde el inicio hemos huido del ahorrador convencional como socio potencial, ya que nuestro producto no es recomendable para ellos por el riesgo que tiene. Pero en un momento como el actual, en el que la inversión en renta fija ofrece una rentabilidad cercana a la nada y los fondos están causando cierta desafección, Alentia está interesando a personas con un perfil de altos directivos, profesionales independientes, abogados, ingenieros, etc. con conocimientos de lo que es un balance y un plan de negocio y con capital disponible».

De momento, no todos los asociados han encontrado un proyecto ajustado a sus intereses, o que les seduzca como para involucrarse en él dentro de la docena que se seleccionan cada año. «Se han movilizado para apostar por alguno en torno a un tercio de esos 140 asociados –explica Javier Cid– y tenemos cuatro proyectos iniciados, tres de ellos ya con fondos aportados y un cuarto a punto de cerrarse». También hay tres inversiones más en curso, en una fase aún preliminar.

Análisis fino

«Por el momento –continúa– hemos conseguido una media de más de 700.000 euros por proyecto, lo que nos sitúa muy por encima de lo que es habitual en los casos de ‘Business Angels’», el modelo anglosajón que de algún modo sirve de inspiración para Alentia. Eso sí, con la diferencia de que la idiosincrasia autóctona le confiere una personalidad propia y bastante distante de aquel en algunos aspectos. «Por un lado, nosotros somos más artesanales, más cercanos al inversor, al que acompañamos de manera plena desde la presentación hasta la materialización», detalla el gerente de la firma. «Esto supone que solo lleguen a esta fase final proyectos que tenemos muy estudiados, con un análisis fino diría, que han pasado unos filtros mucho más exhaustivos que en el caso de los ‘Angels’ o las escuelas de negocios».

Esto se debe a que mientras en otros ámbitos y países abundan los inversores dispuestos a apostar por emprendedores en una fase incipiente, cuando tienen poco más que una buena idea –«invierten en diez pensando en acertar en dos», ejemplifica Cid–, por estos lares «resulta menos común que alguien esté dispuesto a arriesgar su capital si quien se lo pide no ha echado ya a rodar y está en condiciones de presentar unos balances, unos resultados, un plan de negocio». De métrica a ventas, que se dice.

El ‘inversor tipo’ de Alentia tiene un horizonte de permanencia en la empresa de entre tres y ocho años, al cabo de los cuales prevé vender su participación, bien a los propios fundadores o, si se da el caso, en una operación corporativa ante la eventual aparición de un gran comprador interesado en hacerse con la compañía en su totalidad. «Cuando un empresario con trayectoria y reputación apuesta por una empresa que está empezando el impulso que le aporta es doble: por un lado al proyecto, al que aporta sus conocimientos;y por otro a la hora de actuar como polo de atracción para otros inversores, que se animan. El intangible cobra entonces una potencia total», comenta el directivo de Alentia.

Llamamiento al sector agro

Las iniciativas apoyadas hasta la fecha con capital son el complejo hotelero y termal de Santa María de Valbuena, en Valladolid, en el que 17 socios han aportado 1,2 millones de euros; la salmantina Immunostep, una empresa biotecnológica que también ha recibido 1,2 millones para su labor de investigación, desarrollo y producción de tecnologías de diagnóstico de enfermedades; y la también salmantina Arborea Intellbird, que fabrica y utiliza drones para tareas de inspección y mantenimiento de infraestructuras energéticas, en la que diez socios de Alentia han aportado 450.000 euros.

Estos días está a punto de cerrar el cuarto proyecto, una red social del sector de la moda y la belleza promovida por una empresa soriana que ha despertado el interés de diez inversores, que han puesto 350.000 euros para su desarrollo. Las aportaciones individuales de cada socio y a cada uno de los proyectos son diversas, a partir de 6.000 euros.

En una fase previa de búsqueda de capital, explica Gil, Alentia cuenta con una docena de empresas de diferentes sectores, desde una dedicada al desarrollo de tests detectores de cáncer a una ‘app’ relacionada con la viticultura, una empresa de desarrollo de ‘software’ y otra en la que el gerente de Alentia ve un prometedor futuro, una distribuidora vallisoletana que posee la exclusiva de los productos tecnológicos de la multinacional india Intex. «Animaría a las empresas agroalimentarias a que se acerquen a nosotros, ya que pese al gran potencia que tiene Castilla y León en este sector, apenas nos llegan propuestas».

Con tres años de bagaje, Alentia ha hecho cosas que sus fundadores no habían imaginado. El año próximo espera alcanzar los 175 socios. Entre los actuales, cuentan con un inversor mexicano y una sociedad londinense. Y ya han empezado a abrir su foco de actuación a otras comunidades. «Hemos nacido en Castilla y León y el 99% de los inversores son de aquí, pero nos piden que no nos pongamos límites porque están surgiendo buenas oportunidades en todos los sitios».