«Con 89 años, no he pensado jubilarme porque no sé hacer otra cosa que trabajar»

La ministra Fátima Báñez y Lorenzo Amor entregan el premio a la farmacéutica de Benavente Araceli de la Fuente. /David Utrilla-ATA
La ministra Fátima Báñez y Lorenzo Amor entregan el premio a la farmacéutica de Benavente Araceli de la Fuente. / David Utrilla-ATA

Araceli de la Fuente, farmacéutica de Benavente, recibe el Premio a la Trayectoria Profesional, de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), por mantenerse en activo con su edad

ALICIA PÉREZZamora

Nació en Luyego de Somoza, en la comarca leonesa de La Maragatería, en julio de 1928. Ayer, con 89 años, recogió en Madrid el Premio a la Trayectoria Profesional de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) por mantenerse todavía en activo, después de 50 años como autónoma y toda una vida de trabajo. Al acto de entrega de los XVI Premios Autónomo del Año, que estuvo presidido por la ministra de Empleo, Fátima Báñez, le acompañaron sus seis hijos, diez nietos y un biznieto.

–¿Cómo recibe este premio a su trayectoria profesional?

–Me da alegría, cómo no, que consideren mi trabajo, aunque a mí me parece lo más normal trabajar.

–¿Cuándo comenzó a trabajar?

–En la farmacia de Benavente llevo 62 años, pero trabajé en otras farmacias antes, como en Babia, en León; estuve en otra en Gijón y también trabajé en Madrid en otra.

–¿Por qué estudió Farmacia?

–Porque en mi familia yo tenía un tío abuelo farmacéutico y mis tías y mi madre eran todos o farmacéuticos o médicos o maestros. Todos los miembros de la familia desde el año 1880 tenían carrera y eso influyó para que yo tuviera que estudiar. Ya nací con esa idea de estudiar, ya me la inculcó mi madre.

–Entonces no era lo habitual en las mujeres…

–Entonces no estudiaban, pero en mi familia ya en 1880 o 1890, todos tenían carrera.

«Un buen farmacéutico tiene que escuchar mucho a las personas y que le cuenten todas sus cosas»

–Después de tantos años trabajando, ¿entra en sus planes la jubilación?

–De momento no lo he pensado, lo pensaré con el tiempo. Mañana, Dios dirá.

–¿A qué se debe esa pasión por el trabajo?

–Porque no sé hacer otra cosa más que trabajar, como digo yo, desde las nueve hasta las nueve. Y porque me gusta, me gusta hablar con las personas, me gusta cómo reaccionan cuando hablo con ellas. Se desahogan conmigo y me cuentan sus problemas.

–¿Ha cambiado mucho el sector farmacéutico desde que empezó a trabajar en él?

–El trato con las personas a lo mejor no ha cambiado mucho, lo que sí han cambiado son las técnicas modernas.

–¿Ha tenido que ir adaptándose a ellas?

–Claro, hay que ir adaptándose a todo. Ahora utilizo todo lo que hay nuevo, Internet, el ordenador, el iPad. Poco a poco se va adaptando uno.

–¿Qué le dicen sus clientes cuando van a la farmacia y sigue allí para atenderles?

–Hay personas que dicen que no falte yo de allí porque soy el alma de la farmacia. Me dicen usted no puede faltar, usted es el alma. Otros, qué cuándo me jubilo, qué por qué trabajo tanto y cosas de esas.

«Un día que estábamos de urgencia, vino una señora a las doce de la noche a pesarse. En otra ocasión a las tres de la mañana, llamó un taxista que venía a pedir cambio»

–¿Y qué les responde?

–Que no se hacer otra cosa nada más que eso, nada más que trabajar. Lo copié de mi padre y de mi madre y no se hacer otra cosa más.

–¿No se imagina sin trabajar?

–No, no, de ninguna manera, no me imagino. A veces hasta me olvido de quitarme la bata cuando voy a los recados y voy con ella puesta.

–¿Cómo tiene que ser un buen farmacéutico?

–Que escuche mucho a las personas y que le cuenten todas sus cosas. Aparte de la sabiduría que tengas porque yo me parece que he ido a todos los congresos que se puede ir de farmacia y a todos los cursos que había, iba. No fallaba e iba a todos los congresos que hubiera en Madrid, León o Viena para estar un poco al día.

«Ahora utilizo todo lo que hay nuevo: Internet, el ordenador, el iPad. Poco a poco se va adaptando uno»

–En todo este tiempo, tendrá muchas anécdotas que contar.

–Muchas. Un día estábamos de farmacia de urgencia, que es para las cosas urgentes, y vino una señora a pesarse a las doce de la noche. Otra vez estaba trabajando en Madrid y llamaron a las tres de la mañana y era un taxista que venía a pedir cambio.

–¿Son muchos los clientes que, en lugar de ir al médico, van a pedirle consejo?

–Sí, pero también los hay que dicen me parece que me va a entrar catarro. A ver qué me da usted porque me parece que me va a entrar catarro.

–¿Y en ese caso qué les receta o qué les dice?

–Que esperen a que les entre el catarro o les regalo pañuelos de papel.

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