«El apetito por el riesgo no es codicia, sino que sirve para hacer progresar a la sociedad»

Daniel Lacalle, en un momento de la entrevista, en el hotel Vincci Frontaura./GABRIEL VILLAMIL
Daniel Lacalle, en un momento de la entrevista, en el hotel Vincci Frontaura. / GABRIEL VILLAMIL

«Quienes hemos acercado las finanzas al gran público no gustamos a los economistas académicos», sostiene Daniel Lacalle profesor de Economía y gestor de fondos

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONAVALLADOLID

Además de doctor en Economía, profesor de Finanzas y el más popular de los economistas que desde la televisión y las redes sociales han colocado los asuntos financieros en la categoría de ‘para todos los públicos’, Daniel Lacalle es gestor de fondos de inversión. En su último libro, ‘La gran trampa’, alerta de que en la salida de la crisis «hay cosas que se han hecho bien, pero también «existe una percepción generalizada de falta de riesgo» como consecuencia de la «política monetaria extremadamente expansiva del Banco Central Europeo». «Los riesgos no tienen por qué ser negativos, de hecho son buenos, el problema es acumularlos pensando que no los hay», sostiene.

–¿Qué grado de conocimientos financieros diría que tienen actualmente los españoles? Es improcedente generalizar pero, ¿diría desde su conocimiento y experiencia que lo que ha pasado con los bancos y lo que les ha pasado a sus bolsillos es una lección aprendida?

–Nuestra experiencia como seres humanos no es diferente de nuestra experiencia como inversores o como agentes económicos y en todos los ámbitos aprendemos con la experiencia. Vamos dándonos cuenta de los riesgos y de las oportunidades a medida que llevamos más tiempo tomando decisiones. La verdad es que creo que hemos aprendido mucho. Lo estamos viendo ahora: los tipos de interés están a su nivel más bajo de los últimos tres mil años y la gente no se lanza a pedir préstamos como locos; y tampoco estamos viendo a los inversores tomar riesgos enormes. Todos vamos aprendiendo a eliminar ese mantra de que algo que da mucha rentabilidad no tiene riesgo.

–¿Diría también que hay menos codicia en los mercados?

–No me gusta llamar codicia al apetito por el riesgo. Este no es malo, sino que es lo que hace progresar a nuestra sociedad, igual que lo hace el que haya gente que se equivoca y gente que tiene éxito, de modo que todos vayamos aprendiendo y generando mayor valor. Más que la codicia me preocupa que haya gente que piense que si actúa con irresponsabilidad, vendrán a rescatarle. ‘Ah, pues el gobierno tendrá que hacer algo’. Estamos siempre echándole la culpa a los políticos y luego. ¿le pedimos al gobierno que nos asista? Lo que estamos viendo es una sana falta de confianza en que las cosas vayan muy bien. Me gusta la idea de que la gente sea cautelosa y crítica con la recuperación, porque eso evita que caigamos en los errores de ‘a nosotros no nos pasa nada’, ‘Lehman no nos afecta’ y ‘estamos en la Champions League’. Desde todo eso hemos cambiado para mejor.

–¿Cuál cree es el aspecto en el que vamos menos bien en este tema, lo que persiste como la mayor asignatura pendiente?

–Uno de los problemas de la economía española, en mi opinión, es que cada vez que conseguimos salir de una situación de gran desequilibrio pensamos que los problemas ya se han acabado y no tenemos que hacer nada más. Y esto permea ahora en el debate político. Es impresionante que con un 100% de deuda sobre el PIB y todavía con grandes retos, ya parece como que se ha olvidado todo y lo que tenemos que hacer es empezar a aumentar el gasto en esto y en aquello... Ese ha sido nuestro problema antes de la crisis de 1993, antes de la de Argentina... No nos podemos relajar.

«Mi primer trabajo en una firma de inversión, por suerte, ahora lo hace una máquina»

–No tanto como un deporte de masas pero, ¿le parece que la economía y las finanzas se han convertido en asuntos muy populares, que atraen a muchas más personas? Incluso convierte en famosos a los economistas...

–Siempre ha sido un tema muy importante, pero tendíamos a pensar que era algo de lo que se ocupaban los demás. Lo que más me interesa es que cada persona tenga su propia idea en materia financiera. Que la gente me escuche a mí y a otros y después encuentre su propio pensamiento y no el que diga Daniel, o quien sea. Es esencial que la gente discuta y hable. Me encanta que a la una de la mañana, un sábado, un debate económico en televisión tenga un 14% de ‘share’.

–Y de esta posibilidad que tiene de tratar personalmente con los telespectadores seducidos por el tema, con sus lectores o con quienes acuden a sus conferencias, qué respuesta recibe?

–Estupenda. La gente agradece que se le hable como adultos, pero de manera sencilla. En la economía es muy fácil intentar presentarte como alguien que conoce términos muy raros y utiliza palabras en inglés y que dice ‘tú no sabes y yo sí’. Pero los conceptos básicos de la economía los conoce todo el mundo: no se puede gastar más de lo que se ingresa; hay que tener una visión principalmente cautelosa; se deben analizar los riesgos de toda operación... Por desgracia, dentro de la ‘academia’ no faltan aquellos a quienes no les gusta que algunos divulguemos la economía para el gran público porque creen que le estamos robando a la profesión ese halo de infalibilidad. Cuando alguien no entiende algo, el problema lo tiene quien lo explica.

–Llegar a más gente y que sus opiniones tengan influencia en más personas, ¿le hace ser más prudente en lo que dice? ¿Cambia de alguna manera sus análisis por el hecho de tener un altavoz mayor?

–Te hace ser muchísimo más consciente de esa responsabilidad. Ser una persona conocida y a quien abordan por la calle te hace ser muy consciente de tu influencia y por eso te lleva a ser más responsable. Pero sobre aprendes mucho. Ayer mismo, una señora se me acercó y me contó su caso. Continuamente estás recibiendo enseñanzas de los ciudadanos.

«No tengo dudas de que los robots traerán el periodo de mayor bienestar de la historia para todos los ciudadanos»

–Cuando por fin un robot tenga dentro todos los datos, metadatos y ‘big datos’ y sepa procesarlos, ¿cree que su trabajo desaparecerá, como dicen que le va a suceder a tantos otros?

–Los robots sustituyen los trabajos de bajo valor añadido y de baja productividad. El día a día mecánico lo van a sustituir, pero los robots nunca van a crear, ni a generar valor añadido. Los robots hacen las cosas que tú les digas que hagan y quizá encuentran un método para hacer esas cosas mejor. Pero no crear valor añadido. De hecho, los robots no van a destruir empleo. Llevamos ya 55 años de la mayor revolución tecnológica de la historia del mundo y tenemos menos desempleo y más población.

–En su trabajo como gestor de inversiones, ¿hay ya muchas máquinas decidiendo dónde colocar el dinero?

–Claro que sí. Hacen sus aportaciones y se equivocan. Como yo o como cualquier otro. En economía y finanzas puedes hacer una serie de valoraciones, pero después hay muchos elementos que van ganando o perdiendo peso e importancia y cambiando las cosas. Pero no tengo ninguna duda de que la robotización va a traer el mayor periodo de bienestar económico para todos los ciudadanos porque va a hacer más accesibles los bienes y servicios. Pero la idea de que nos van a sustituir... Mi primer empleo fue estar ante una pantalla que daba un precio. Yo lo apuntaba y se lo pasaba al director financiero. Gracias a Dios, ese puesto de trabajo ha desaparecido y ya no hay una persona haciendo esa tontería. Y aquí estoy yo y esa organización tiene más empleados que entonces y todos hemos mejorado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos