El Norte de Castilla

De Valladolid a Jalisco, sin rajarse

Sara Maroto, en la redacción de El Norte de Castilla.
Sara Maroto, en la redacción de El Norte de Castilla. / RAMÓN GÓMEZ
  • La vallisoletana Sara Maroto es directora general del centro de innovación y diseño de México

Hablemos de emprendedores, de innovación y de emigración de jóvenes cualificados, tres asuntos recurrentes de un tiempo a esta parte sobre los que Sara Maroto tiene algunas que decir y algún que otro esquema que romper. Aunque cada cual tiene su opinión, algunas teorías se repiten hasta el hartazgo. La suya en particular posee el interés de ser expresada en primera persona del singular, el valor de sustentarse en la experiencia y la autoridad que confiere el éxito profesional. La protagonista de esta historia es de Valladolid, de padre profesor y madre médico, y licenciada en Historia. También es fundadora en su ciudad natal de Congenia, una empresa consultora de comercio internacional, y desde 2013 directora general de Mind, el centro de innovación y diseño promovido por las Cámaras Industriales de Jalisco, en México.

«Cuando oigo hablar a quienes quieren convertir a los jóvenes en emprendedores pienso que esto no es algo que pase, como un tren o una idea que de pronto se te aparece. La oportunidad de emprender la creas tú mismo con lo que haces, según vas definiendo tu vida. Cuando no tienes otra meta que tu continuo desarrollo personal y profesional, cuando te fijas un reto tras otro y no te pones límites, entonces ves que las oportunidades están ahí, esperándote».

Mind (México Innovación y Diseño) es un proyecto ideado y liderado por las industrias del estado de Jalisco, uno de los 32 que forman el país azteca, de ocho millones de habitantes y fama mundial por ser la cuna del tequila. En su capital, Guadalajara, se levanta un edificio donde cohabitan un centro de desarrollo de nuevos materiales; células de innovación que crean prototipos y modelos de negocio novedosos; un campus formativo abierto a la creatividad y habilidades de emprendedores e industriales, académicos e investigadores; además de un centro de información de negocios y una asesoría legal y financiera, nacional e internacional.

«Hay catalogados en el mundo 4.000 nuevos materiales (productos de nuevas tecnologías fruto del desarrollo de la química y la física aplicadas, o de la ingeniería, desde el coltán a la fibra óptica, los superconductores o los nanomateriales) y cuando Mind abrió sus puerta ninguno se había producido en México. Hoy el país ya cuenta con 70».

La innovación, que a veces parece la hermana pequeña de la Investigación y Desarrollo (I+D+i), adquiere una nueva dimensión en el proyecto en el que está involucrada Sara. «Es una realidad que competir en el mundo globalizado en que vivimos –continúa– solo puede hacerse con innovación, con diseño y con valor agregado; porque en el precio siempre ganará China». En este sentido, «Mind es un proyecto emblemático para México y único en el mundo».

En el centro conviven empresas textiles, de calzado, joyería, fabricantes de tequila... hasta 25 sectores industriales diferentes. La labor que desarrollan en sus instalaciones no solo repercute en la competitividad y redunda en beneficio de las compañías locales, sino que cuenta con la simpatía de la sociedad jalisciense desde sus mismos inicios.

100% privado

«Mind es 100% privado, promovido por las empresas desde las cámaras, y su única relación con el sector público son unas oficinas para tramitación de licencias y gestiones internacionales que hay en el edificio. Cuando este se construyó, las propias empresas entraron en un continuo concurso de ideas de mejora y lograron que el coste final fuese cincuenta millones más barato de lo presupuestado, algo insólito si pensamos en lo habitual que resulta que los precios finales se disparen».

Una de las iniciativas más atractivas de Mind es la que desarrollan las (actualmente 40) células de innovación (que serán 100 a final de año). Explica Sara: «Alguien llega con una idea, por ejemplo fabricar una maleta que cambie de color. Se somete a un proceso de valoración que debe superar antes de pasar a convertirse un prototipo. En la primera fase, el equipo de técnicos y expertos concluye que los cambios de color no tienen demasiada utilidad práctica en las maletas. Sin embargo, a un artículo cuyo principal problema es que puede perderse en un aeropuerto y terminar en el otro extremo del mundo, le vendría bien tener integrado un chip que permitiese su localización en todo momento».

De modo que el nuevo proyecto de la maleta accede a la fase de desarrollo a manos de un equipo en el que participan estudiantes de diferentes disciplinas, diseño, mecatrónica, márketing, aspectos legales... «Al cabo de cinco meses, el producto está terminado y el empresario retiene la propiedad intelectual. Si consigue colocarlo en el mercado, adquiere el compromiso de contratar a los estudiantes que participaron en el proceso».

El estado mexicano inmortalizado por el cantante Jorge Negrete con su ‘Ay Jalisco, no te rajes’ es una zona «muy industrial, con buenas infraestructuras, mucha mano de obra muy cualificada y bien posicionado tanto en educación dual como en fabricación de productos de valor agregado».

Cuando explica el germen de la iniciativa y los buenos resultados que está dando (ya están trabajando en duplicar el proyecto en Baja California y en DF) , en el relato de Sara hay un cierto anhelo de que algo parecido fuese posible en España. «La mentalidad que he encontrado en Jalisco no es muy diferente de la que podemos tener en Valladolid, con muchas empresas familiares de tamaño medio, pero creo que ellos tienen más sentido del asociacionismo, más visión a largo plazo, son más altruistas y enfocados hacia el bien común».

Sara emigró durante la crisis pero no por obligación o necesidad, como sí le sucedió a su hermana, cirujana en Alemania. Su carácter inconformista y autoexigente le llevó a descartar los caminos que le abría la licenciatura en Historia y cursar el Máster en Comercio Internacional de la Cámara de Valladolid. En 2009 fundó la consultora Congenia, especializada en países de América Latina y consolidada con una plantilla de cinco personas. «No me fui porque me fuese mal, sino porque el proyecto me apasionó –evoca–. La idea de volver a España siempre está ahí, pero cuando estás involucrada en algo que no hace más que progresar, que te permite aprender algo nuevo todos los días, que te plantea retos y te proporciona la satisfacción de encontrar soluciones, ¿cómo vas a dejarlo?».