tenis

Oro y sombras para Rafa Nadal en 2016

Nadal, durante un partido en los Juegos de Río.
Nadal, durante un partido en los Juegos de Río. / Kevin Lamarque (Reuters)
  • La medalla olímpica del balear dio brillo a una temporada gris en la que no encontró el tono al circuito ATP

  • La lesión en su muñeca izquierda frenó una recuperación tenística que había cargado de esperanza con las victorias en Montecarlo y Barcelona

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La recuperación de Nadal, la vuelta del gran campeón, el resurgimiento de la bestia, es un concepto que revolotea por la cabeza de cualquier aficionado al tenis desde hace un par de años. Desde que alcanzó la cima, cada vez que el balear no sale victorioso de una pista de tenis, es visto como un fracaso. Esta visión de campeón invencible que se tiene de Rafa distorsiona la realidad, y no permite ver los grandes éxitos del manacorense, al que cada año se le exige que levante tres de los cuatro 'Grand Slam'. Es por ello que lo que puede ser una temporada decepcionante, lo sea a su vez inolvidable para el propio Rafa Nadal.

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La temporada 2016 comenzó con dos duros varapalos: la derrota en la final de Doha, no por perder, sino por hacerlo con muchísima claridad ante Novak Djokovic (Rafa solo ganó tres juegos), y la prematura eliminación en el Abierto de Australia ante Fernando Verdasco. En abril, Rafa aún no había sumado ningún título, algo atípico para él, por lo que acudió a la tierra europea con todas las ganas del mundo. Nadal rememoró viejos tiempos y conquistó un doblete histórico al reinar en Montecarlo y Barcelona , torneos que ha ganado en nueve ocasiones y en los que derrotó a jugadores como Kei Nishikori, Dominic Thiem, Stan Wawrinka y Andy Murray. Tras estas dos victorias, era difícil anticipar lo que ocurriría en París, más aún después de las dos primeras rondas, en las que se vio al Nadal de antaño. Una lesión en la muñeca izquierda obligó a Nadal a retirarse de Roland Garros, a prescindir de Wimbledon, y a ver comprometida su participación en Río, donde hasta última hora no estuvo clara su presencia. Una aparición que, como abanderado del equipo español, cambió todo un año.

Fiel reflejo del espíritu olímpico

El estado de Rafa Nadal en los Juegos Olímpicos fue de ensueño, como si todo lo anterior no importase y solo se concentrase en pasarlo bien. El balear disfrutó de cada instante olímpico, de cada gota de sudor por el calor carioca y de cada pelota que golpeó en la línea. Cuando Rafa compite por su país todo cambia, la muñeca duele menos, las piernas no pesan y su corazón sale despedido de su raqueta en cada bola que golpea. Si a eso se le suma la gran amistad que le une con Marc López, se forma un cóctel explosivo que llevó a la pareja española a conseguir un oro olímpico histórico y que dio por buena todo lo pasado. La fiesta no pudo completarse en el cuadro individual, donde uno de los tenistas más en forma de la segunda parte del año como Juan Martín del Potro apartó a Rafa de la final en un agónico partido. Pese al destrozo físico que llevaba Nadal, aún tuvo fuerzas para pelear por el bronce, pero un Nishikori mucho más fresco se hizo con la medalla. Todo este castigo impidió a Nadal disputar la prueba mixta con Muguruza. Nadal ya había hecho historia, pero siempre se le exige más, y pese a que su carácter y su actitud le obligaron a seguir en competición, su muñeca no aguantó. Tras Río, Nadal disputó cuatro torneos, incluido el Abierto de los Estados Unidos, sumó seis victorias y cuatro derrotas y puso punto final a la temporada sin disputar la Copa de Maestros, pese a estar clasificado.

Se cerró un año en el que Nadal acabó noveno en el ránking, peor posición desde que estuvo décimo en julio de 2015 y undécimo en abril de 2005, sumó dos títulos (peor bagaje desde 2004), y consiguió cinco victorias en 'Grand Slam', número más bajo desde 2004, cuando se hizo con tres victorias. Los números pueden reflejar un mal año, pero la realidad indica que este año Rafa Nadal volvió a ganar un Masters 1000 y se proclamó campeón olímpico. Las lágrimas del balear en el podio hicieron ver que sí, será un año malo, pero cualquier tenista soñaría con que su peor año fuese así. En 2017, Nadal trabajará con Carlos Moyá, además de su tío Toni y los sueños del asalto al décimo quinto 'Grand Slam' y el décimo Roland Garros seguirán tan vivos como siempre.