Una ola peligrosa

La clasificación para el Mundial revitaliza el rugby en España, pero la realidad de la selección está muy alejada del día a día de este deporte

Sebastien Rouet protege el balón ante un jugador de la selección de Alemania/Juanjo Martín-Efe
Sebastien Rouet protege el balón ante un jugador de la selección de Alemania / Juanjo Martín-Efe
Víctor Borda
VÍCTOR BORDAValladolid

Golpes en el pecho. Alegría dibujada en los rostros de jugadores y aficionados en el Central de la Complutense. España acaba de vencer a Rumanía y a Alemania. Solo queda Bélgica como escollo para que el sueño de regresar a un Mundial se cumpla. Fue en 1999. Ha llovido desde entonces. Queda un paso. El domingo 18 es la fecha. Un logro irreal en función del nivel competitivo real del rugby masculino hispano, con una Liga Heineken partida en una élite dominante sin demasiados apuros y un grupo nutrido de comparsas que se conforman con sobrevivir cada temporada con la consecución de la ansiada permanencia.

La llegada de Santiago Santos al frente de la selección supuso una ‘externalización’ rotunda del quince español. El principal problema, reconocido por el mismo Santos, es el bajo nivel de la competición doméstica. El jugador español es un rara avis en el equipo nacional. En la última convocatoria, la que se verá las caras con el quince germano, solo hay seis jugadores nacidos en territorio patrio. Seis de un total de treinta. Una quinta parte. Son Alberto Blanco (VRAC), Juan Anaya (Alcobendas), Jaime Nava (Alcobendas), Julen Goia (Ordizia), Marco Pinto (Beziers Hérault) y Jesús Moreno (Aix en Provence Rugby).

En la mencionada lista hay nada menos que 14 jugadores franceses, aunque juegan aquí por su ascendencia hispana. Son nietos o hijos de españoles que han visto la posibilidad de jugar internacionalmente, algo que les resultaría imposible con su país de origen. Se trata de jugadores que han encajado bien en el entramado multinacional que compone el XV del León. Guillaume, Auzqui, Gibouin, Rouet, Barrera, Perrin, Peluchon, Barthere,... Todos ellos elevan el nivel competitivo de España al ofrecer una calidad mayor, la del oval galo, una de las mecas mundiales de este deporte.

Otra nacionalidad muy presente en la selección es la argentina. Se trata de jugadores que cuentan en su mayoría con la doble nacionalidad, que en algunos casos llevan un buen número de años en el rugby español y que incluso han utilizado este para saltar a otros países europeos como Francia. Hablamos de Fede Casteglioni (VRAC), Iñaki Mateu (Alcobendas), Fernando López (Ordizia), Aníbal Bonan (Stade Bagnerais) e Ignacio Contardi (Stade Niortais). Cinco representantes de otro rugby reconocido y alabado mundialmente.

La amalgama de nacionalidades no termina ahí. Están presentes dos jugadores neozelandeses como Dan Snee, un hombre que militó en España en Getxo y Quesos Entrepinares, y Brad Linklater, uno de los pilares de Alcobendas. A ellos se suman un fiyiano, Kalo Kalo Gavidi, el delantero del VRAC, y un inglés, Matt Foulds, tercera del SilverStorm El Salvador. También está el joven Joshua Peters, un segunda inglés que juega en Northampton Saints, al que su acento malagueño delata su formación en la siempre productiva cantera del Marbella.

Santiago Santos ha optado por ‘afrancesar’ el equipo para conseguir una plaza en la cita nipona del año próximo. No hay otro camino por el momento. El seleccionador se ha quejado de la falta de nivel del campeonato en la División de Honor. No le falta razón. Pero esta llegada masiva de extranjeros solo es una venda para tapar la herida que padece el oval español. El campeonato doméstico no tiene calidad suficiente para estar con los mejores en la Copa del Mundo. Solo la transfusión de savia de fuera permite codearse con una selección de nivel medio alto como Rumanía y vencerla en un partido épico en Madrid.

Las claves del problema

Inexistencia de un campeonato de nivel. La Liga Heineken, salvo el caso vallisoletano y la irrupción de Alcobendas, carece del nivel necesario para surtir de jugadores al XV de León. Si no se logra profesionalizar la competición en breve o se habilitan vías para que los equipos punteros jueguen competiciones internacionales de cierto nivel, ir al Mundial servirá de poco.

Fuga de talentos. El rugby español, en categorías inferiores, tiene un cierto nivel que mengua de manera exponencial cuando se pasa a la categoría absoluta. Muchos jugadores, ante la falta de apoyos, optan por los estudios ante la imposibilidad de vivir de ello. Los que brillan tienen que hacer las maletas y viajar a Francia o Reino Unido para progresar como jugadores.

Freno federativo. Aunque no sería justo cargar todas las culpas en las espaldas de la FER, es verdad que dedica poco esfuerzo a potenciar una competición de mayor calado. Están muy bien los éxitos de chicos y chicas, pero serán flor de un día si el oval hispano no es capaz de crecer. Hay clubes de perfil bajo que son una losa para los que desean subir un escalón.

Una realidad más fea

La asamblea de clubes es una cortapisa rotunda. Los clubes punteros, Quesos, Chami y Alcobendas, pretenden crecer, pero se encuentran con un nutrido grupo de equipos que no quieren hacerlo o no pueden. Conjuntos semiprofesionales frente a aficionados. Con el freno de mano echado resulta imposible subir el nivel. Con esta problemática, esos equipos ‘top’ quieren avanzar sin el yugo federativo. El objetivo, contar con una asociación de clubes potente que organice, como lo hace la LFP, la ACB o la Asobal, su propia competición. La opción de organizar una liga ibérica con los clubes punteros de Portugal es otra posibilidad que siempre se ha barajado. En el país vecino, varios equipos no verían mal salir de la órbita federativa para poder progresar en lo deportivo y lo económico. También se ha hablado de la posibilidad de entrar en una competición continental con la presencia de equipos europeos de nivel medio. La misma estaría bajo el manto de federaciones internacionales de este deporte.

Lo que está claro es que el rugby español necesita de una competición de más nivel para progresar y acercarse al grupo de cabeza a nivel continental y mundial. Ir a Japón es un espejismo, un sueño que esconde una realidad bastante más fea.

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