Rugby

De la final a Mendilibar, con transbordo en Atocha

Gavidi consigue un ensayo para el Quesos en la final copera del pasado domingo. /R. Gómez
Gavidi consigue un ensayo para el Quesos en la final copera del pasado domingo. / R. Gómez

El fin de semana del ruby vallisoletano deparó pequeñas historias al margen del título

Miguel Ángel Pindado
MIGUEL ÁNGEL PINDADOValladolid

Valencia es excesivamente grande como para verse 'inundada' por los 1.500 hinchas vallisoletanos del rugby. La gran mayoría de sus vecinos, enfrascados en la feria de primavera, la feria de abril y su Malvarrosa, desconocían que la Copa del Rey se disputase en su ciudad. Ahora, eso sí, en cuanto se les comentaba que el escenario era el estadio Ciutat de Valencia respondían con cierta displicencia: «Sí, allí hacen de todo». Es casi imposible encontrar a aficionados del Levante. Todos son, o dicen ser, del Valencia y a los granotas les consideran del alfoz y sin pedigrí, «aunque nos viene bien porque así tenemos seis puntos y un desplazamiento menos», comentan los 'ches' más forofos. Y es que el Levante UD, equipo modesto aunque de Primera, intenta sacar el máximo rendimiento a su instalación. Trece años más antiguo que Zorrilla, las remodelaciones sucesivas han hecho del coliseo levantino una instalación funcional. Y todavía cuenta con la particular clasificación de Primera a través de las 20 banderas de los clubes ordenadas en lo alto del estadio, como recordarán del viejo Zorrilla. Así, ninguno de los 1.500 vallisoletanos se quiso perder su 'selfie' con el remozado estadio de fondo. Pero no todo es perfecto. La visión del terreno de juego a ras de césped desde el banquillo futbolero no es la perspectiva a la que están acostumbrados en el rugby. Así, Juan Carlos Pérez vio el partido desde lo más alto de la grada, junto a la zona de prensa, desde donde en ocasiones lanzaba sus instrucciones olvidándose incluso del 'walkie-talkie'; mientras que Diego Merino siguió el partido casi a la altura del palco.

Otra cuestión que trajo en vilo a buena parte de los aficionados fue el incesante movimiento de los palos. Con el fuerte viento no era fácil acertar a colocar el oval entre los dos palos, pero es que estos no dejaban de cimbrearse muy generosamente. Quizás ese hipnótico movimiento fuese la razón de los fallos de los especialistas Katz y Griffihts.

Mendilibar, un fenómeno

Valencia es una ciudad cosmopolita y siempre se encuentra a gente conocida. Tuvimos la ocasión de conversar con Mendilibar, ya que el Eibar jugaba la tarde del domingo en Mestalla. El extécnico blanquivioleta triunfa en el conjunto armero, al que casi mete en puestos europeos. «Eres el rey en Eibar», le comentamos, y como viejo sabio del mundo del fútbol nos contestó «...si, como en Pucela.... y luego ya veis lo que pasó», en alusión a su temporada dorada del ascenso y la de su destitución temporada y media después. Ycontinuó. «Ya estamos salvados y parece que no hay ambición. En cuanto hemos tenido a tiro los puestos europeos, hemos fallado. Y eso que hay prima por acabar en un puesto u otro». Pues tan mal no le fue ante el Valencia y se llevó un empate. El técnico vasco, que se interesó si «¿Suárez ha vendido o no?» y «por esos del vino que se han metido en la directiva», dio su opinión sobre la cara deportiva del Pucela: «Hay que tener más paciencia. Cuando se cambian tantos jugadores cada temporada es muy difícil hacer un equipo, tiene que ser un proyecto a varios años..., pero...».

Volviendo a la final, con aquello del videoarbitraje, nadie se acordó del señor Atorrasagasti. Y eso que las imágenes, en algunas ocasiones no aclararon nada, como reconocía el árbitro de video en el ensayo de Wozniak.

Y por cierto, El Salvador no se vino de vino de vacío de Valencia. Sus veteranos ganaron el torneo disputado el sábado. Ciertamente no es suficiente consuelo, pero es bueno saber que los exjugadores chamizos siguen manteniéndose en forma.

Regreso ameno

Ya de regreso a Valladolid, VRAC y El Salvador compartieron vagones y asientos junto con los cientos de aficionados que regresaban a la capital del Pisuerga. El bar del AVE se quedó seco, ya que parte del tercer tiempo se celebró a 290 km hora. Cada cual intentaba pasar el rato como mejor podía. Algunas caras largas en el Chami, sonrientes y sacando pecho los del VRAC, y por momentos todos revueltos. El sudafricano Wessel Bell, uno de los destacados queseros, se convirtió en improvisado alumno de español, pero quizás con demasiados profesores alrededor y no todos ortodoxos, por lo que malentendidos y risas fueron una constante. Y a la llegada a Atocha, mientras los queseros se montaban en un autocar para regresar a Valladolid, los de El Salvador hacían el maldito transbordo hacia Chamartín. Ante la numerosa prole para obtener el billetito en las máquinas al efecto, Renfe les facilitó el acceso directo. Todo un lujo para un equipo que está acostumbrado a las interminables horas de autobús.

Y para que la excepción confirme la regla, solo un levísimo incidente entre un deprimido seguidor chamizo y un excesivamente vehemente hincha quesero en el tren de vuelta, hizo buena la máxima de que el rugby es totalmente diferente.

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