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Los jugadores de El Salvador celebran con el Rey la victoria en Zorrilla. / Ramón Gómez.

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El rugby corona a Valladolid

  • El documental que este sábado regala El Norte con la edición impresa revive el partido en el que la ciudad se convirtió en la referencia nacional del deporte del balón ovalado

Fue hace poco más de medio siglo, en 1960, cuando el padre George Bernés le propuso un sorprendente reto a Jaime Enciso en el Colegio El Salvador, donde había recalado como profesor cuando hacía el Camino de Santiago: «Si me compras un balón, no redondo, de los de forma de pepino, te hago un equipo de rugby».

Lo cuenta el propio Bernés en una secuencia recogida en el documental de Bueno y Margareto que el sábado regala El Norte a sus lectores en formato DVD.

‘Cuando Zorrilla fue Twickenham’ recrea la final de la Copa del Rey de este año entre El Salvador y el Quesos, la jornada más emotiva y multitudinaria del rugby nacional, con algunos de sus protagonistas como conductores de una historia trufada de momentos claves de la historia de este deporte en Valladolid. Como el citado reto de Bernés a Enciso, desencadenante de una trayectoria deportiva que culminó el pasado 17 de abril, con una final de la Copa del Rey que convirtió a Valladolid, definitivamente, en la capital del rugby español. La Corte, con Felipe VI en este caso, había regresado a una ciudad que recuperaba la capitalidad nacional en el ámbito de un deporte con poco más de medio siglo de vida en estas tierras, en el que sus principales protagonistas tienen su sede a orillas del Pisuerga.

‘Cuando Zorrilla fue Twickenham’ no es un título pretencioso. El estadio del suburbio londinense que acoge los partidos como local de la selección inglesa tiene capacidad para 82.000 espectadores. Zorrilla tiene poco más de un tercio de este aforo –algo más de 26.000– insuficiente para acoger a todos los que quisieron presenciar el pasado mes de abril una final que se convirtió en el principio de un gran proyección de este deporte en Valladolid.

«Me tiré a la piscina»

La historia de aquella jornada que unió como nunca a las aficiones pucelanas, no solo de rugby, sino de cualquier otro deporte, que se dieron cita en Zorrilla, incluye también a las instituciones y a sus máximos representan tes. Como el alcalde de Valladolid, que no tiene reparos en confirmar lo temerario que fue en principio la apuesta del consistorio. «Me tiré a la piscina –reconoce Óscar Puente– e invité al Rey y la primera contestación fue que no vendría». La fe en aquel acontecimiento fue creciendo, como lo hicieron poco a poco la multitud de emociones que se desataron y entonces el alcalde, dice, volvió a llamar a las puertas de la Casa Real. Más que una invitación –da a entender Puente–, era una advertencia de que no se lo podían perder. Yllegó el Rey.

Mientras, la final empezaba a tomar unas proporciones insospechadas en Valladolid. Lo recoge el documental. No solo los 26.000 aficionados que llenaron Zorrilla, augurando una gran proyección para este deporte, sino que la ‘liturgia’ del rugby alcanzó otros parámetros. Los jugadores llegaron en autobús, escoltados por la policía, entre riadas de espectadores que transitaban por los accesos al estadio.

«Me sentí un felpudo y me cantaron una saeta»

«En Sevilla, me pasaron todos los delanteros por encima. Literalmente. Cómo sería, que me sentí un felpudo. Entonces me acerqué a la grada y me quité la camiseta, donde se podían ver los ‘arañazos’ por decirlo de alguna manera, que me habían dejado en el cuerpo. Entonces, un espectador me cantó una saeta». Es una de las anécdotas que recoge el documental en boca de su protagonista, Álvaro Abril, exjugador del Quesos. Una de las historias de la historia del rugby vallisoletano.