«Hay una obligación moral de jugar bien»
/ SANTIAGO BELLIDO BLANCO

FERNANDO DE LA FUENTE ‘el CANAS’ ENTRENADOR DE RUGBY

«Hay una obligación moral de jugar bien»

  • Con 'El Canas' cuestionamos las relaciones existentes entre la liturgia del rugby y la pillería del fútbol. Dos deportes separados desde su origen que ahora se juntan para acoger una histórica final de la Copa del Rey de rugby en un estadio 'futbolero' con una premisa: debe ser un gran espectáculo para el público

En Fernando de la Fuente ‘Canas’ (Valladolid, 1956), dos términos ocupan parte de su vocabulario. Uno es la liturgia. Liturgia para referirse al deporte del balón oval como poseedor de unos valores que un buen día encontró cuando Julito Guzmán comenzó a enseñarles el rugby desde su clase de Educación Física. «Fue un descubrimiento. La amistad, la ética, el respeto, el tercer tiempo…», indica Canas. El otro es la filosofía. Y este se aplicaría a la entidad que fundó hace ya 28 años, el antecedente del VRAC, un equipo, o más que eso un club, incluso derivando al beligerante concepto al que él también refiere ‘una secta’, que se ha sostenido «porque éramos amigos y nos lo creímos. Había mucha complicidad y nos podíamos hasta insultar; si no, esto hubiera sido imposible».

En el patio del colegio Lourdes jugaba Canas en el recreo al fútbol más competitivo. Hasta las 11:30. A Fernando Lavín, en la zaga, le llamaban Jack Charlton; y a él, en el medio del campo, Bobby Charlton. En la delantera, Antonio Arenales para rematar todo lo que ellos generaran. Y en la portería, Prudencio. Cuando el partido iba ajustado pero ganando la consigna era: ‘Zumba Prudencio’ y el arquero encajaba el balón en alguna ventana de un aula, con lo que hasta lograr subir y bajar, la sirena del recreo mandaba volver a clase… pero ganando. Sin embargo, la llegada del rugby supuso un soplo de aire nuevo. No eran solo compañeros de equipo, eran amigos de cañas. «La liturgia del rugby era sagrada. El pasillo al vencedor, el respeto y aplauso al contrario y el no decir nada al árbitro…», señala.

Por aquí empiezan las diferencias: «En el rugby, si usas artimañas te pitan y censuran desde los jugadores, tu entrenador hasta el público. Hay un reproche social. El fútbol, sin embargo, escogió otro modelo de pillería, de ganar por encima de todo», relata Canas.

‘Ese es un futbolero’, se dice entre los puristas para designar a personas que no tienen sentido del ‘fair play’, que increpan al colegiado o no respetan al rival. Sin referir a los orígenes históricos de cada deporte, lo cierto es que la reglamentación de los dos tiene un vértice común: Londres.

Obviando lo que la leyenda dice sobre la invención del rugby a través de William Webb Ellis, el estudiante de teología del Colegio de Rugby que en 1823, durante un partido de football tradicional, tomó la pelota con las manos y la llevó hasta la meta contraria, obteniendo así un gol, existe aún en el centro de Londres, muy próximo a Covent Garden un pub inglés que bajo el nombre de ‘Freemason´s Tavern’ fue clave en estas negociaciones para reglamentar uno y otro deporte. El 26 de octubre de 1863 se separaron los partidarios del rugby (aquellos que defendían el uso de las manos en el juego) de los del fútbol (los que no lo permitían, excepto en el portero). La ficción dominante del fútbol inscribió tales reglas en esa fecha de 1863 como dentro de la Football Association –de ahí el término soccer que se utiliza en EE UU para definir el fútbol– y los otros, que se escindieron y acabaron creando la Football Rugby Union, vinculando al deporte del rugby, pero sería algunos años después, en 1871.

Dos deportes hermanos que un día tomaron caminos contrapuestos y que vuelven a juntarse mañana para celebrar la Copa del Rey de rugby en un Estadio de fútbol: el José Zorrilla de Valladolid.

Pero el rugby de Canas también exportó algo del fútbol como del resto de deportes. Y es que un entrenador es un entrenador por encima incluso de los deportes. El ‘rondo’ preparatorio para activar a los jugadores, por ejemplo. En este sentido, dos de los mejores técnicos que han pasado por el Real Valladolid en los últimos tiempos, Mendilibar y Djukic, compartieron no solo mesa y mantel con Canas, también visitaron Pepe Rojo para comulgar con el oval y actualmente guardan una excelente relación.

Fernando de la Fuente ganó tres ligas y una Copa del Rey, además de haber salvado al club un año en el que todo parecía destinado al abismo. Dirigiendo el partido desde la grada, escoltado por un magistrado, Ramón Mañero, o dos, este más Fernando Pizarro, desde donde sus broncas a jugadores-amigos se hicieron más que famosas, granjeándole afectos de por vida.

Un Quesos Entrepinares que amarraba «como el Atlético de Madrid y apenas concedía golpes de castigo. Menudas broncas les echaban los capitanes si esto sucedía» y que agarrado al ‘maul’ o ‘tornillo’ logró hacer crecer a un equipo de bajitos. Las enseñanzas del francés Pierre Villepreux y del argentino Ángel Guastella estaban por debajo, hasta que «con un mejor equipo, también jugamos bonito como el Barcelona».

Para la final de Copa del Rey de de mañana, según Fernando de la Fuente, «hay una obligación moral para los entrenadores y jugadores de jugar bien. Hay 25.000 personas más otras 15.000 que hubieran querido estar. No puedes hacer un partido trabado, feo. Es un fenómeno social y los equipos se lo deben a la ciudad y al público», dice Canas.