El Norte de Castilla

GP de México

Hamilton quiere aguarle la fiesta a Rosberg

Lewis Hamilton, durante la clasificación del GP de México.
Lewis Hamilton, durante la clasificación del GP de México. / AFP
  • El británico consigue su décima ‘pole’ de la temporada para intentar evitar que su compañero se proclame este domingo campeón

Nico Rosberg puede ser campeón este domingo en México, donde ya ganó en 2015, si se cumplen dos factores: que acabe primero y que Lewis Hamilton no puntúe. De salida, ambos elementos se antojan complicados, ya que el que ostenta la corona no quiere cederla sin pelearla. Hamilton marcó una ‘pole’, la décima de la temporada, que da buena muestra de su estado de ánimo. El espectacular 1:18.704, el tiempo más rápido del fin de semana con diferencia, llegó al final y sin apenas oposición.

Rosberg sufrió más de lo previsto durante todo el sábado. Ya en los entrenamientos libres previos a la clasificación se quejó del balance del Mercedes, no tan afinado como esperaba y como se vio el viernes. En las dos primeras tandas de la clasificación se quedó con las ganas de intimidar a Hamilton, que apenas sufría para liderar o, al menos, cumplir el trámite hasta las dos últimas vueltas de la Q3, donde siempre se decide todo. Fue ahí donde Rosberg salvó los muebles como buenamente pudo. Pese a empezar el giro mal, lo arregló con una brillante trazada en el segundo sector del Autódromo Hermanos Rodríguez, ante una enfervorecida afición en el Foro Sol que le jaleó hasta un tiempo sólo dos décimas por detrás del de Hamilton.

Por detrás de Hamilton y Rosberg saldrá Max Verstappen, que ya ha avisado: «Me da igual que estén luchando por el título. Mi objetivo es ganar». Si el de Red Bull cumple su amenaza de convertirse en el árbitro de la contienda, se puede ver este domingo en México una memorable carrera, a la altura de la que le granjeó el título de ‘Carrera del Año’ en 2015. La presencia de los Red Bull por delante de los Ferrari dará un punto extra de emoción. Los ‘cavallinos’ siguen sin cabalgar en condiciones, y de hecho se vieron sorprendidos por un Nico Hülkenberg brillante, que partirá quinto por detrás de Verstappen y Ricciardo y delante de Räikkönen y Vettel. El alemán de Maranello fue protagonista porque recibió la llamada de la naturaleza: en medio de la Q2, tras marcar una vuelta suficientemente buena como para no sufrir hasta la Q3, preguntó por radio que si podía ir a boxes a orinar.

El duelo español entre Alonso y Sainz que se vivió en Austin vivirá un nuevo ‘round’ en el ring de México. El asturiano no pasó de la Q2 y partirá undécimo, algo que le viene muy bien porque podrá elegir neumáticos para salir a la carrera. Si se cumplen las previsiones, partirá con el compuesto medio o el blando, si se atreve a arriesgar más. «No es bueno alegrarse de ser undécimo, pero en nuestra situación es la mejor posición posible de cara a mañana, saliendo además en la parte limpia. Ha sido un trabajo de cirujano. Estamos luchando por estas plazas, así que ser undécimo y poder elegir neumáticos es una buena opción», afirmó el asturiano tras bajarse del coche.

La clave por los puntos de Alonso, como de Sainz, la da la propia potencia de los Toro Rosso. Sainz y su compañero Kvyat cerraron la clasificación de velocidades punta de la jornada, con 351 km/h y 348 km/h, respectivamente, muy lejos de los casi 366 km/h que consiguió Felipe Massa con el Williams motorizado por Mercedes. Esa carencia, que Sainz estipula en sólo 10 km/h con respecto a McLaren, será clave, y Alonso es consciente de ello. «Van peor en carrera que en clasificación. Volveremos a luchar juntos”, prevé Alonso.

Sainz no se quitó el papel de víctima en la pelea. «En teoría McLaren tiene 10 km/h más de punta que nosotros y el Force India, 15 km/h. Como no nos ganen mañana… Lo tienen todo para ganarnos. Me da igual, porque estar décimo es un hecho que no esperaba y en la carrera saldré a divertirme y a ver qué pasa», se resignó el madrileño.

La temporada ha acabado para Toro Rosso en el apartado de evoluciones. El propio Sainz admitía que este es «el mismo coche que en Monza, Spa, Suzuka o Malasia», pero sólo ha cambiado la motivación y el ánimo del equipo. El problema es que con ánimo no se ganan décimas de tiempo.