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El talón de Aquiles de Lewis Hamilton

Lewis Hamilton, durante el GP de Italia.
Lewis Hamilton, durante el GP de Italia. / EFE
  • El líder del Mundial ha visto su ventaja reducida hasta dos puntos y a falta de siete carreras se antoja mínima frente a un Nico Rosberg que no perdona

Las casas de apuestas se están volviendo locas. De una semana a otra, jugársela por uno u otro piloto de Mercedes (hacerlo por otros es tirar el dinero) se ha convertido en una auténtica ruleta rusa, y a partir de ahora más aún. Nico Rosberg conquistó en Monza su séptima victoria del año (nunca había sumado tantas en una sola temporada), justo por delante de Lewis Hamilton. El alemán sigue segundo, pero de nueve ha pasado a dos puntos de ventaja. El inglés empieza a notar en su nuca el aliento de su compañero, cuando hace no tanto todo parecía expédito para su cuarto título.

Rosberg está de dulce, eso es innegable. Su arranque de campaña (cuatro victorias consecutivas) le valió el título de máximo candidato al título, pero todo se truncó en Barcelona. La victoria de Max Verstappen vino acompañada de una debacle total de los Mercedes (doble abandono), a lo que siguió dos carreras fuera del podio. y que tuvieron a Lewis Hamilton como campeón. Al vigente campeón esos resultados le sirvieron no sólo para recuperar el pulso por el Mundial, sino también para mandar un serio aviso a Rosberg: la triple corona es suya, y no se le ha olvidado cómo ganar.

Lewis Hamilton ha encontrado esta temporada una china en su zapato que se ve incapaz de quitarse: la salida. La nueva reglamentación obligó a todos los equipos a adaptar el embrague de sus monoplazas a un nuevo sistema, lo que unido a la limitación de las órdenes y ayudas de los ingenieros a los corredores ha privado a Hamilton de un apoyo fundamental. En Monza le ocurrió por última vez: de la pole al sexto puesto antes de llegar a la primera variante del trazado italiano.

¿Por qué Hamilton sale mal?

En Mercedes están preocupados por el asunto: no saben qué hacer ni cómo ayudar a su piloto estrella. Y lo que es peor: Hamilton tampoco sabe qué falla en su ritual de salida. El británico no cargó las culpas sobre sus ingenieros, al menos públicamente, a diferencia de otros pilotos de la parrilla, porque es consciente de que todo lo que gane depende en buena medida del equipo que le rodea. "He perdido mucho en la salida", relataba tras la cita italiana. "Necesito que mis ingenieros no estén nerviosos, por eso les dije que fue mi culpa. No sé exactamente qué ha pasado", dijo. "He hecho la secuencia como otras veces. Creo que he tenido algo de derrape en la rueda, como en Hockenheim le pasó a Nico", recordaba Hamilton. Entonces: ¿es un problema endémico del Mercedes? ¿Hay un fallo en la máquina casi perfecta de Brackley que lleva ganando por aplastamiento dos años?

Toto Wolff, jefe de la escudería alemana, ha prometido que estudiarán las imágenes y los datos para encontrar dónde está el problema. "Lewis comentó por radio que había cometido un fallo, pero también siguió todos los procedimientos como correspondía. Simplemente es algo que no es sencillo de hacer bien, y hay muchos factores diferentes en juego. Aquí no culpamos a nadie: trabajaremos juntos, lo analizaremos todos, aprenderemos y seguiremos mejorando para no perder posiciones en otras ocasiones", aseguró en el paddock.

El asunto del embrague no es baladí. La diferencia de sólo dos puntos entre Rosberg y Hamilton, "un péndulo que seguirá oscilando hasta el final de temporada" en palabras de Wolff, hace que cualquier detalle vaya a ser fundamental. Si este problema le ocurre a uno de los dos contendientes al título en un circuito como Singapur, escenario de la próxima cita del Mundial, quizá sea determinante.

La ausencia de un rival de entidad por el título convierte la pelea de esta recta final en un auténtico sprint. Red Bull y Ferrari están sumidos en una pelea entre ellos por ver quién puede alzarse con la plata del campeonato, así que ya se han rendido a la evidencia: Mercedes es inalcanzable. Por cuestiones logísticas, además, cualquier avería o rotura en los W07 puede ser letal para las aspiraciones de cualquiera de los dos: hasta ahora era razonablemente sencillo llevar piezas desde la sede en Brackley hasta el punto de Europa donde se encontrara la carrera. Ahora no: no es tan sencillo hacerlas llegar desde Inglaterra hasta Singapur, Malasia, Japón o Estados Unidos.

Desde el punto de vista del espectáculo, estos problemas de Mercedes con las salidas son muy positivos. Si la carrera de Monza ya fue tranquila, ¿imaginan cómo hubiera sido de no haber emoción por ver la remontada de Hamilton hasta el podio?