La burgalesa Cristina Gutiérrez vuelve al Dakar al volante de una «bestia»

La piloto burgalesa participa en el rally más duro del mundo con un nuevo vehículo, físicamente igual al del año pasado pero con sus prestaciones mejoradas

Cristina Gutiérrez en el Mitsubishi Montero con el que correrá el Dakar 2018./G. Villamil
Cristina Gutiérrez en el Mitsubishi Montero con el que correrá el Dakar 2018. / G. Villamil
J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Lleva un colgante dorado en el cuello con el logotipo del Dakar, ese del tuareg embozado en un pañuelo que le cubre la cabeza, el cuello y parte de los hombros y que tan solo deja asomar sus ojos.

Se baja del coche de su padre en el que ha llegado a Valladolid y lo primero que hace es quitarse la chaqueta y quedarse en manga corta.

Va vestida con un polo blanco salpicado con las marcas que han patrocinado su vuelta al Dakar, después de la buena experiencia que cosechó a principios de este año, y una gorra azul que solo sustituye por el casco cuanto tiene que competir.

«Soy de Burgos, no hay problema con el frío», le suelta a los periodistas, más preocupados por su bienestar que por la presencia intimidante junto a ella del imponente Mitsubishi Montero con el que el día 6 de enero comenzará una aventura que arranca en Lima y le llevará a atravesar Perú, Bolivia y Argentina a lo largo de catorce etapas.

Se trata de Cristina Gutiérrez, la piloto burgalesa que el año pasado se convirtió en la primera española capaz de terminar el rally más famoso del mundo en la categoría de coches. Finalizó la prueba de 2017 en el puesto 44º pero está convencida de que, si consigue terminar la carrera que arranca el próximo día de Reyes, lo hará en una posición mejor. «Llevamos un vehículo similar por fuera al del año pasado, pero por dentro se esconde la bestia», reconoce, y resume su afirmación en cuatro datos clave: «tiene mejores suspensiones y monta el motor 3.2 diésel de Mitsubishi –el tope de gama–. Además, se ha reducido cien kilos su peso y mejorado el centro de gravedad para que sea más estable».

Confía la burgalesa en el vehículo que le ha preparado DKR Racing y en su nuevo copiloto, Gabriel Moiset, para surcar los desiertos de Sudamérica «forzando un poco más la máquina». El gironés es un experimentado compañero de viaje que encara su sexta participación en la prueba después de haber competido en el asiento de la derecha en 2012, 2013, 2014, 2015 y 2017; además de una experiencia previa, en 2011, como integrante del ‘staff’ técnico de uno de los equipos de aquella edición.

La piloto burgalesa posa junto a su coche.
La piloto burgalesa posa junto a su coche. / G. Villamil

Como ocurre con su vehículo, Gutiérrez parece la misma que la joven que hace doce meses preparaba su primera participación en esta competición extrema, pero su interior no lo es. «El año pasado supe que correría la prueba en septiembre y fuimos para allá en diciembre; en esta ocasión me lo han comunicado en marzo, así que he podido prepararlo mejor y asimilar todo con más tiempo».

Pese a todo, la brava piloto sabe que se enfrenta a una prueba de resistencia tanto física como mental, al igual que la maquinaria de su coche. En su comparecencia en las instalaciones de Itevelesa en Valladolid, una de las empresas que patrocina su aventura, reconoció que, pese a no ser novata, tiene poca experiencia en la prueba más dura del mundo del motor pero que ya sabe a dónde va, «los tiempos de la carrera y los pequeños secretos que tal vez el año pasado desconocía».

Un palmarés envidiable

El buen hacer de esta burgalesa en su primera participación en el rally más duro del mundo –44º puesto en la general y 6º en su categoría la T1S– no fue fruto de la casualidad. Comenzó a destacar con diecinueve años en 2010 y el año siguiente quedó campeona de Andalucía. Desde entonces, cuatro campeonatos de España a sus espaldas refrendan su calidad a la hora de competir. En 2015 fue becada por la FIA para disputar el Sea Line Crosscountry en Qatar un año después. Allí consiguió ser la mejor de las seis pilotos que formaban parte del programa. Fue su salto internacional y le sirvió para lograr un volante en el Dakar de 2017. Ahora mira con seguridad su participación en el de 2018 porque lleva «las mejores piezas» para mejorar su hazaña y atesora una experiencia que no deja de crecer.

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