El regreso tirunfal de Alejandra Salazar

Nueve meses después de romperse la rodilla en Valladolid, la madrileña ha tenido un espectacular retorno

Alejandra salazar en un ejercicio para potenciar rodilla y cuádriceps/
Alejandra salazar en un ejercicio para potenciar rodilla y cuádriceps
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

El desconsuelo de su llano aún retumba en la Plaza Mayor, el interminable «oh» estremecido de los 3.200 espectadores que atiborraban las tribunas, el gesto desencajado de Marta Marrero, el cariño de las gemelas Sánchez Alayeto. La ovación infinita que recibió camino de la ambulancia. Rotura total del ligamento cruzado anterior y esguince grado II-III del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda. El parte médico asusta. 25 de junio de 2017. Alejandra Salazar hace un mal apoyo tras ejecutar una bandeja en la final del Valladolid Open Trofeo UVa y abrocha de forma abrupta una temporada en la que iba camino de afianzar su reinado en el pádel mundial. «En cuanto caí al suelo, me eché a llorar porque ya sabía lo que tenía. En mi interior guardaba un puntito de esperanza por si no era todo lo que parecía, pero tenía claro que se me había terminado el año», recuerda.

No es la primera vez que la madrileña se levanta tras un duro revés. Hace diez años se rompió la otra rodilla. Por eso conoce el amargo dolor que representa una de las lesiones más complejas para cualquier deportista. Pero Ale está hecha de otra pasta, su corazón manda y su sonrisa se convierte en gasolina cuando un contratiempo quiebra su armonía. Aprieta el puño, lanza una mirada cómplice y celebra el punto. Han pasado 9 meses desde aquel llanto y en su reencuentro con la competición lo ha vuelto a hacer, ha regresado como se fue, con una final, el partido por el título en el Estrella Damm Cataluña Máster. Increíble pero cierto. «Ha sido una sorpresa y un premio a todo el esfuerzo de todo este tiempo de recuperación. Con solo siete meses desde la cirugía tampoco me había planteado llegar a la final y Marta también lo tenía muy claro. Las expectativas no eran muy altas y solo con poder jugar ya me conformaba, y para mí era un triunfo. Me he ido encontrando muy bien, la rodilla ha ido respondiendo, sin inflamarse ni nada, y aunque he terminado agotada muscularmente, como es lógico, estoy muy feliz», relata Salazar.

El idilio entre Alejandra Salazar y el pádel nace cuando ella solo tenía diez años y acompañaba a su madre al Club de Campo. Un lustro después, con quince años, ya pisaba las pistas del entonces incipiente pádel profesional. Las sonoras derrotas que recibía en sus inicios han curtido la figura de una de las mejores jugadoras de la historia, que ha vuelto con más fuerza que nunca y en un tiempo fuera del alcance onírico de los más optimistas. «Sigo recuperándome, esto no ha terminado. Todo el mundo me pregunta si estoy al 100% y evidentemente no lo estoy. Los médicos siempre te recomiendan que no vuelvas a competir hasta pasado un año de la lesión, pero somos deportistas profesionales y siempre apuramos más para volver antes. No es lo ideal, porque la rodilla aún necesita ganar mucho más músculo, pero la verdad es que estoy muy contenta porque todo el proceso ha ido fenomenal», apunta.

Jueves, 22 de marzo. Badalona. Las mariposas revolotean en su interior. Atrás quedan las triples sesiones de rehabilitación, las lágrimas, las dudas. Aquellas miradas interminables para verificar que la rodilla no se inflama. Prepara la empuñadura de su pala, respira hondo y por fin vuelve a su hábitat natural, la competición. Las secuencias del esfuerzo acumulado se agolpan en su mente, pero su felicidad le inyecta calma, pura satisfacción por reencontrarse consigo misma. «Se me vinieron a la cabeza los últimos momentos que viví en la pista central de Valladolid, aunque lo intento dejar atrás y busco solo pensar en el ahora, disfrutar de que he vuelto y seguir trabajando para hacerlo lo mejor posible. Cuando salté a la cancha no estaba nerviosa. Estaba tranquila porque me encontraba bien, que es lo que más me preocupaba. No he tenido miedo, no he estado pensando en la rodilla mientras jugaba, los golpes y los tiros fueron también muy bien, así que estoy muy contenta y muy feliz porque he disfrutado muchísimo después de tantos meses sin jugar. Al sacar mi sonrisa y hacer lo que me gusta, me ha ido todo muy fenomenal.», matiza.

Alejandra Salazar siempre ha tenido una relación muy especial con Valladolid. Este año, su regreso será aún más singular, si cabe. La madrileña pasa página, pero tampoco quiere borrar el 25 de junio de 2017. Es parte de su vida. «He tenido más lesiones y siempre me he levantado. No tengo por qué desterrar aquel día. Eso sí, este año, si todo va bien, volveré a Valladolid con muchísimas ganas y sin ningún miedo».

Salzar es atendida en la pista de la Plaza Mayor de Valladolid el día en el que se partió la rodilla
Salzar es atendida en la pista de la Plaza Mayor de Valladolid el día en el que se partió la rodilla

Finalista en los dos primeros torneos del curso, Badalona y Alicante, donde hoy peleará por el título. La vida de Alejandra Salazar ha cambiado en nueve meses. La angustia ha escapado de su mente, ha perdido la batalla contra la fe indestructible de una deportista de los pies a la cabeza, bisnieta del fundador del Atlético Aviación, actual Atlético de Madrid, e hija de Bernardo Salazar, reconocidísimo historiador de fútbol, Ale ha mamado los valores del deporte desde niña. Tiene un gen competitivo que le hace ponerse en pie cada vez que la salud le tira una zancadilla. «Han sido meses muy duros, pero tengo la suerte de contar con un gran equipo de médicos y fisios, además de que, sin el apoyo incondicional de mi familia y amigos, no podría haber vuelto tan pronto. Date cuenta de que los primeros días son los más duros. Me tenían que ayudar hasta a ducharme. Estoy muy agradecida porque sin ellos, no habría sido posible», apunta.

Alejandro Rodríguez-Cañón es su readaptador de lesiones. Marta Gómez, la fisioterapeuta que ha estado a su lado desde el primer día. El doctor Leyes y su equipo de la Clínica Cemtro, los artífices de la reconstrucción de su rodilla. Y Manu Martín y Juan Alday, los entrenadores de pista que se han preocupado de que la magia de su muñeca se mantenga intacta a la vuelta de nueve meses sin competición. Es el equipo de trabajo de Alejandra Salazar, una familia a la que se suma Marta Marrero, que ha sufrido como propio el sopapo que recibió su compañera, la media naranja junto a la que ha construido una pareja de talla mundial. «Siempre ha estado a mi lado, se ha preocupado por mi evolución en todo momento. Teníamos un proyecto muy bonito y al lesionarme, la tristeza fue conjunta. Ahora estamos muy felices y nos hemos sorprendido todos de mi nivel en los primeros torneos, lo que también te da mucha confianza y nos da esa inyección de moral para seguir entrenando».

La rodilla de Alejandra Salazar continuará ganando estabilidad y seguridad en las próximas semanas. Su cuádriceps seguirá creciendo para que el músculo haga su función y la lesión se quede en un recuerdo. Será un proceso lento, pero la madrileña tiene claro que la paciencia es una de las claves para decir adiós definitivamente al episodio que le sacó de las cuatro paredes de forma anticipada en 2017. No tiene prisa. Lo que no irá tan despacio será su ambición. De hecho, sus primeros resultados del año confirman que Ale ha retornado con todos los argumentos para volver a la butaca de la que se levantó inesperadamente el 25 de junio del curso pasado. ¿El trono del pádel mundial? Quién sabe. Como dice la propia protagonista de la historia, «Para llegar hay que creer y pensar en ello, pero no nos vuelve locas». Fan incondicional de Michael Jordan, Alejandra Salazar mantiene la filosofía de un deportista irrepetible. El mejor pádel del mundo está de enhorabuena porque ha recuperado su sonrisa. Bienvenida, Ale.

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