El legado de los Santiago Llorente

Santiago Llorente recibe un masaje de su padre en su consulta de La Lastrilla. /Antonio Tanarro
Santiago Llorente recibe un masaje de su padre en su consulta de La Lastrilla. / Antonio Tanarro

El ganador de la Carrera de Fin de Año defiende título y recuerda la herencia de su padre, campeón del mundo juvenil

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Santiago Llorente disfruta entrenando con la ropa que su padre lucía en los 70, con esos chándales que apenas dejan transpirar y las zapatillas que dejaban asomar los dedos. Es su forma de homenajear a su referente, con quien no solo comparte nombre y primer apellido. Santiago júnior, que ganó la Carrera de Fin de Año hace 365 días, honra siempre a Santiago sénior, no solo por lo que hizo –fue campeón del mundo de cross juvenil– sino sobre todo los que pudo llegar a lograr.

Santiago Jr. disfruta de las infinitas batallas de su padre. Tantas y tantas noches escuchaba cómo empezó todo, el profesor de Educación Física que le descubrió, sus batallas con una generación dorada capitaneada por Antonio Prieto y José Manuel Abascal. «Eso lo valoraba mucho porque era alguien sin muchos recursos y llegó a ser muy bueno. En casa hay muchos trofeos y mi abuela me ponía los vídeos en televisión. Me gustaba mucho que me contara cada torneo, hasta los repetidos, y él me llamaba cansino».

Entre la herencia de su padre, que se hizo con el Mundial juvenil de cross de 1975 en Luxemburgo con 16 años, está la lección de volver a empezar. ¿Qué habría sido de Santiago senior sin la lesión de ciática que frenó su carrera con apenas 20 años? José Luis Pascua entrenaba al padre y entrena al hijo: «Siempre me dice que no tenía la cabeza tan centrada como ‘Taca’ [Prieto]. Salía más de fiesta [ríe]. Cuando tenía 19 años, iba ya al campeonato del mundo, tenía la mejor marca de Europa junior y seguramente se creyó que tenía toda la vida ganada», recuerda el hijo.

Al año siguiente se marchó a la mili y dejó el atletismo siete años. A su vuelta, ganó en prestigioso cross de Venta de Baños, la batalla que más valora su hijo: «Abascal me lo dice, que era muy bueno. Que estando parado siete años, fumando, ganaba a todos. Taca me lo reconocía, que era imposible ganarle». Santiago padre agotó su carrera unos años más hasta que la ciática dijo basta. Se formó como masajista y montó una consulta en La Lastrilla por la que han pasado medallistas olímpicos como el velocista Francis Obikwelu o ganadores del Tour de Francia como Óscar Pereiro y Carlos Sastre.

Santiago hijo tiene su circunstancia, la de nacer en diciembre y pasarse la adolescencia persiguiendo a atletas mayores. «Al final acabó siendo una motivación extra, pero mi vida habría sido más fácil si hubiera nacido dos semanas después». Se ha consolidado en el 5.000 –se quedó en verano a tres segundos de la mínima para el Europeo Promesas–, aunque ha mejorado notablemente en el 1.500 desde que a los 18 años le llegó la rapidez.

Él, que asume que el atletismo no le dará de comer, quiere preparar las oposiciones para bombero. Su padre no llegó a competir en Segovia, pero él adora la Carrera de Fin de Año. Debutó como cadete en 2010; en 2012 fue el mejor juvenil y en 2014 se estrenó en la categoría absoluta. «Siempre he llegado tocado y el año pasado por fin llegué bien, así que tenía muchas ganas». Admite que «no es muy buena fecha porque, al final, en atletismo vas a tope a finales de febrero y marzo para el cross, y yo siempre voy con un poco de miedo porque en Segovia mucha gente la prepara a muerte».

Quiere repetir título, pero prevé una carrera muy pareja con Mario Calvo o Mohamed Aloumat, su compañero de entrenamientos. «Tengo mis dudas, como siempre. Mohamed está bien, en la carrera se pone nervioso, pero me gana entrenando y va mejor que yo. Mario Calvo también está bien. Estamos más o menos a la par, no me mojaría para decir quien puede ganar». Santiago aprecia la prueba por el reconocimiento social. «La gente casi te aprecia más por ganar la San Silvestre que por ser campeón de España». Mientras él vuela, sus amigos se disfrazan con un coche de Fórmula 1 o de Papá Noel. «A la gente le satisface mucho poder acabarla, es un pequeño orgullo». Y para todos, el ganador del año pasado tiene un consejo: «Sobre todo no salir muy fuerte porque es todo subida y luego lo pagas. La clave es llegar bien hasta subir José Zorrilla».

Santiago Jr. se debate entre emular a su padre o asumir sus límites. En su primer 5.000 se fijó en la marca de los años 70 y se llevó un buen chasco al quedarse muy lejos. «Valoro mucho los medios que tenían antes, que no tenían casi ropa ni nutricionista. Siempre pienso en lo que hacía él, que ellos lograran marcas mucho mejores de la élite actual». Como buen autodidacta, el padre tiene una frase fetiche: «El atleta sabe un poco más que el entrenador». Lo dice porque el propio corredor conoce sus sensaciones en pleno esfuerzo y no debe guiarse ciegamente por el plan previsto en el entrenamiento. Y otra cita nostálgica: «Repite una y otra vez que ahora no somos buenos porque no sabemos sufrir. Y es verdad».

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