Más allá de la canasta

Uno de los participantes se dispone a lanzar a canasta. / Óscar Costa

La escuela de verano Avispa Calixta clausura su cuarta edición, celebrada en Segovia, tras tres semanas de aprendizaje y diversión

Ó. SJ. H. Segovia

Entre las múltiples opciones que ofrece el verano, descubrir las bondades de la práctica deportiva y hacerlo conociendo gente y disfrutando de cada una de las actividades realizadas siempre es una alternativa más que valida. Este año, una vez más y ya por cuarta ocasión consecutiva, Segovia asistía a la celebración de la que ha sido la IV Escuela de Verano Avispa Calixta, que ha tenido lugar a lo largo de las tres primeras semanas del mes de julio en diferentes espacios deportivos de la ciudad. La edición se clausuró tras las intensas semanas de aprendizaje y diversión que han hecho del baloncesto, el pádel o la piscina el atractivo principal de un total de 45 niños.

"Este es ya el cuarto año y como siempre empezamos con baloncesto, con entrenadores titulados, y luego lunes, miércoles y viernes los niños tenían piscina. El martes y el jueves les tocaba pádel con un monitor", comentan los organizadores Juan Medina y Elí Bayón. La piscina municipal cedió sus instalaciones una vez más para que el nutrido grupo de inscritos pudiese refrescarse ante las altas temperaturas de este mes de julio y apagar las llamas de cada mañana de entrenamiento en el Frontón Segovia. "Además, los niños almorzaron fruta, agua y zumo cada día", por lo que se ha intentado seguir una dieta equilibrada inculcando a los variados participantes, que van de los 5 a los 14 años, el gusto por la vida saludable. La rutina, que ha sido la misma durante todos los días aunque "buscando la progresión en baloncesto y la mejora gradual de la técnica", buscaba generar en los niños la costumbre del deporte.

"La primera semana hemos contado con un total de 45 niños y la segunda y la tercera menos, entre 35 y 40", dice Medina, que afirma que el año pasado fueron cerca de 70 los niños participantes en la semana de 'máxima audiencia'. "Más o menos como siempre. Las últimas semanas siempre hay algo menos y aunque el año pasado hubo más inscritos fue porque empezamos antes. Este año es más tarde", asegura. También hay otra diferencia sustancial con respecto a la pasada edición, y es que se ha reducido la duración en una semana para esta cuarta escuela. La razón, la misma: empezar más tarde. La calidad, no obstante, no se ha visto afectada y las buenas sensaciones de los impulsores lo demuestran.

Más organización

La progresión que los coordinadores de la escuela buscan en los niños en algunas de las disciplinas que practican es casi la misma que, curiosa y paradójicamente, han experimentado ellos de un año para otro, como quien dice. Ha habido mejoría. "La verdad es que comparando con el primer año hemos visto que hay una mayor y mejor organización. Está cada vez más organizado todo". No sucede lo mismo con los objetivos, que no han experimentado mejoría notable porque siempre han estado lo más arriba posible. "El objetivo es la diversión y siempre se ha cumplido, este año también. Con los más mayores hacemos más baloncesto y con los más pequeños juegos, pero el enfoque siempre es lúdico y se logra porque acaban enganchados. Seguiremos trabajando para que así siga siendo", incide Medina.

La buena dinámica se deja ver en los resultados, claro, pero también en las rutinas de trabajo. "Siempre buscamos un entrenador por cada diez niños. En el pádel y en las actividades de tiempo libre, el entrenador está con ellos para no dejarles solos", apuntan desde la organización, que afirma querer mejorar la ratio a pesar de los positivos resultados. "Hemos estado desde las nueve y media en el pabellón nosotros [los coordinadores y organizadores] y el plan para cada día lo hacía cada entrenador con cada grupo. Todos los días empezábamos con un juego y pequeñas competiciones y los entrenadores estaban en pista de 10 a 14 horas".

Cuentas y crecimiento

Cuadrar las cuentas, no subir el precio, ofrecer la misma calidad y, a la vez, pensar en el crecimiento futuro de la iniciativa sin olvidar que son los participantes el eje de toda la propuesta son variables que están ahí. Y se manejan. "Es cierto que las cuentas nos las planteamos al principio. El precio, que es de 55 euros por cada semana (aunque con descuento acumulado cada semana adicional para aquellos que repiten) , ha subido cinco euros desde el primer año. Intentamos buscar huecos para mantenerlo, aunque es difícil. Las pistas de pádel han subido este año".

Lo cierto es que a pesar de la reducción en la duración total de la escuela en esta cuarta edición, la iniciativa funciona. Y de qué manera. "La gente ha estado muy implicada, con muchos repetidores de otras veces y hasta del primer año y siempre es bonito ver caras nuevas y caras conocidas. Eso significa que gusta", concluyen los organizadores. La proyección de fututo es algo palpable, más aún después de cuatro años de trayectoria. "Tenemos pensado ampliarlo para el año que viene porque en el Frontón Segovia es difícil al quedarse pequeño y buscamos una progresión. También nos gustaría abrir un campus interno, que se puedan quedar a dormir, aunque eso más a largo plazo". Las ganas, de un lado y del otro, están ahí.

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