TENTE LAGUNILLA | MONTAÑERO PALENTINO

«Los accidentes aumentan porque hay más montañeros y menos preparación»

El montañero palentino Tente Lagunilla. /ANTONIO QUINTERO
El montañero palentino Tente Lagunilla. / ANTONIO QUINTERO

«El principal problema es que la administración está invirtiendo poco en prevención y en formación», afirma el palentino

Esther Bengoechea
ESTHER BENGOECHEAPALENCIA

Subió su primera montaña -el Espigüete- a los nueve años y desde entonces no ha dejado de ascender hacia el cielo, siempre que tiene ocasión. Con su página web ‘A ras de cielo’, el montañero y bombero palentino Tente Laguilla sigue contando al mundo los encantos de las montañas, sobre todo del Curavacas, su gran debilidad. Divulgador y docente de la Montaña Palentina, lleva muchos años trabajando para que el mundo conozca nuestras cumbres.

-Su primer ascenso fue a los nueve años. ¿Qué recuerda?

-Recuerdo que no lo pasé demasiado bien. Me cansé mucho, pero quedó un poso importante, y al año siguiente entré en el Movimiento Júnior, que hacían muchos campamentos en la montaña. Ahí hicimos un grupo de amigos que poníamos bote para comprar cuerdas y material. A los 14 años ya subí el Curavacas, pero ahí ya era yo el ‘jefecillo’ y se fiaban de mí, que ya había leído libros y estaba informado. Nos hicimos la diagonal, la noreste, algo que ahora sería impensable, pero eran otros tiempos.

-¿El montañismo es más que un deporte?

-Sin duda, es una forma de vida.

-¿ Qué se siente en un ascenso?

-Hay que probarlo. Evidentemente las sensaciones que se tienen cuando se llega a la cumbre serán muy similares a las que tiene un atleta cuando gana una carrera.

-Pero en la montaña hay más peligro que en otro deporte...

-Sí, una de las connotaciones que tiene es el peligro. Pocos deportes, además de esfuerzo físico, tienen un riesgo. Otro detalle del montañismo es la imposibilidad de abandono. Un ciclista o corredor de ultrafondo, que son deportes muy exigentes, si están extenuados y no pueden más, levantan la mano y dejan la bicicleta, y en veinte minutos se están duchando en un hotel. Aquí no hay posibilidad de abandono, sobre todo en las grandes montañas, y cuando ya estás harto aún te quedan tres días hasta el campamento base.

«Privatizaron el grupo de rescate de Castilla y León, y es un secuestro al dinero de todos»

-¿Hay que ser mentalmente muy fuerte para aguantar los ascensos y los peligros que puede haber?

-Tampoco hay que llegar a muchos extremos. Se puede practicar una montaña suave y no hay que ser superman ni nada parecido, lo importante es que te guste. Pero en general subir una cuesta no es agradable, pero tampoco es agradable dejarse la piel en un partido de fútbol corriendo de un lado para otro. Lo importante es la balanza, que gasto y beneficio se incline a tu favor.

-¿Cuál es su momento favorito en un ascenso?

-El proceso tiene que merecer la pena, sobre todo para montañas muy altas. Si subes una montaña no muy alta, lo consigues el 90% de las veces, pero un ‘ochomil’ no lo puedes subir ni el 60% ni el 70% de las veces, así que o disfrutas del proceso o no merece la pena ni hacerlo.

-Usted ha dejado de hacer esos ascensos...

-Sí, es un poco lo que me ha pasado a mí últimamente, que ya no disfrutaba del proceso, por eso he dejado de hacer ascensiones, de momento. A lo mejor en unos años vuelvo a ello, pero las últimas veces el estar 40 días en un campamento base se me hacía demasiado duro y no me merecía la pena. Así que ahora hago otra montaña distinta.

-Pero sí que ha subido varios ‘ochomiles’...

-He subido tres ‘ochomiles’, el K-2, el Everest y el Gasherbrum II, y he intentado ocho. Al Everest fui dos veces y solo subí la segunda, hay varias montañas que he repetido y no he conseguido subir nunca, pero la montaña es para pasármelo bien y disfrutar, no para conseguir récord ni lograr listas.

-También le gusta mostrar al mundo lo que ha visto....

-Sí, he hecho decenas de audiovisuales, que aún se siguen poniendo por ahí. Siempre iba con la cámara. Me gusta mucho también la divulgación de la montaña, que es a lo que más me estoy dedicando últimamente.

«Cuando estás harto aún te quedan tres días hasta el campamento, no se puede abandonar»

-¿Cómo ha sido el alpinismo palentino?

-Tuvo un inicio muy fuerte, pero el accidente de Los Faquires (con tres montañeros muertos en el Curavacas en 1957) paró todo. Tenía mucho nivel el alpinismo palentino, hacían una labor muy sobresaliente para la época, y si no hubiera sido por el accidente, se hubiera tenido una base muy sólida. Las generaciones posteriores hicieron un montañismo de baja intensidad, no pudieron desarrollarse plenamente al tener la presión social y familiar que les impedía hacer cosas. La siguiente generación, en los años 80, ya no tiene esta presión y ya pudieron hacer cosas más importantes y crean un grupo de montaña en la Federación.

-¿Y cómo llega a la divulgación?

-Desde un principio que comencé a hacer montaña, se crea la Escuela Palentina de Montaña y damos muchos cursos. Luego también di cursos al aire libre de la Junta de Castilla y León. Tenemos alumnos en toda la comunidad y promocionamos mucho la montaña.

-¿Hay ahora más accidentes que antes?

-Sí, hay más accidentes porque hay más montañeros, más acceso a la montaña y con menos preparación. La administración está invirtiendo poco en prevención porque hay que formar a los montañeros.

-Usted fue coordinador del grupo de rescate de Castilla y León de 2008 a 2015...

-Sí, hasta que lo privatizaron. Ahora sigue la Guardia Civil a nivel de Castilla y León, y hay un grupo de rescate que es una empresa. Nosotros estábamos 30 bomberos de todo Castilla y León, que hacíamos guardias presenciales con dos bomberos todos los días del año por 150.000 euros. Y ahora por 300.000 euros solo tienen dos rescatadores al pie del helicóptero, nada más. Es un tiempo y un secuestro al dinero de los ciudadanos.

-¿Así está el rescate actualmente?

-Sí, si no fuera por la Guardia Civil, el servicio de rescate de Castilla y León sería muy deficiente por falta de medios, no porque los rescatadores que están sean malos, ojo.

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