El Norte de Castilla

Tarjeta roja a la violencia

Layla, una colegiada granadina, muestra la tarjeta roja a quienes, desde la banda, hacen más difícil su misión dentro del campo.
Layla, una colegiada granadina, muestra la tarjeta roja a quienes, desde la banda, hacen más difícil su misión dentro del campo. / César Guisado
  • El deporte, tradicionalmente un caldo de cultivo de actitudes machistas, se ha convertido en uno de los referentes de la lucha por la igualdad

Al deporte femenino le ha costado mucho hacerse un hueco en las actividades normales y diarias. Tradicionalmente, el deporte ha sido cosa de hombres desde que los chinos, allá por el año 4000 A.C., atisbaron unas incipientes actividades deportivas. De igual manera, desde que el deporte es deporte, este se ha relacionado con los hombres porque servía como vía de transmisión de unos determinados valores, que la propia sociedad ha ido cambiando.

El acceso de las mujeres al ámbito deportivo ha sido tardío y ha estado lleno de dificultades. Ellas han tenido que ir superando barreras creadas por estereotipos sociales y culturales, como la existencia de disciplinas aptas para ellas y otras que no. En el año 1900 participaron por primera vez en unos Juegos Olímpicos, pero eran solo una anécdota, a pesar de que siempre ha habido pioneras que intentaban imponer su amor al deporte a los prejuicios sociales imperantes. Así, tenemos los ejemplos de Alfonsina Strada, la única mujer que ha disputado el Giro de Italia, allá por 1924, o más recientemente el caso de Katrine Switzer, la atleta que quiso correr el maratón de Boston en 1967 pese a una organización y un público que la abucheó y estuvo a punto de echarla de la carrera. O el más reciente aún de Lyn Lemaire, la primera triatleta a la que permitieron competir en un ironman (que ya el nombre se las trae, cuando se trata de un triatlón de larga distancia).

Estas mujeres tuvieron que vencer todo tipo de trabas que ahora parecen impensables. Desde entonces, el deporte femenino ha ido ganando en importancia, sobre todo en los últimos 30 años, pero todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente en la educación y en el tratamiento que se debe hacer a cada deporte.

Hoy se celebra el Día Internacional contra la violencia hacia la mujer, una lacra social plagada de malos tratos, físicos y psicológicos, e incluso muertes.

Violencia machista

Pero no se debe confundir la violencia de género, que solo se puede dar entre personas con lazos afectivos, con la violencia hacia la mujer. Y en este sentido, el mundo del deporte no es ajeno, e incluso es un caldo tradicional de cultivo de ciertos sesgos machistas que, afortunadamente van cambiando. A pesar de ello, se han dado algunos casos recientemente que ponen en alerta a toda la sociedad antes de que se conviertan en habituales.

En un partido entre el Sporting Garrido de Salamanca y el CD Juventud Rondilla, correspondiente a la Segunda Regional Femenina, las jugadoras visitantes salieron indignadas por los comentarios que profirieron el árbitro y uno de sus asistentes en aquel encuentro. «Tras el 2-1, después de una falta que no era falta. Fuimos a protestar y el línea nos respondió varias veces que ‘a mamarla’, con una sonrisita, mientras se dirigía al centro del campo. Después, en otra jugada, el árbitro nos dijo: ‘Jodeos, guarras’. No nos lo creíamos», comentó la capitana del Juventud Rondilla.

Los hechos fueron denunciados ante la Federación de Castilla y León, que abrió expediente de seguimiento a los colegiados acusados. No había cámaras y solo algunos testigos. Por el momento, la Federación mantiene el silencio y el club vallisoletano espera que se defina para que actitudes de ese tipo no se vuelvan a repetir.

Precisamente, a raíz de este suceso, el Ayuntamiento de Valladolid, rápidamente se posicionó en contra la violencia machista en el deporte con una propuesta del Partido Popular que fue apoyada por unanimidad por todo el pleno. Alberto Bustos, concejal de Deportes, recordó en ese pleno que «desde que está el nuevo gobierno, se han multiplicado las acciones contra la violencia machista y se potencia todo lo relacionado con el deporte femenino». Además, apoyó el crear una «estrategia de trabajo para seguir en una lucha de la que ya forman parte varios clubes de la ciudad. Me comprometo a dar los pasos necesarios para el cumplimiento».

Como colofón, hoy se leerá un manifiesto de repulsa ante cualquier comportamiento que incite a la violencia física, psicológica o verbal en el ámbito deportivo, difundiendo y denunciando aquellas conductas antideportivas que inciten al maltrato y violencia de género.

Ejemplos no faltan. El pasado día 13, una jugadora del Torrelodones Club de Fútbol (Madrid) denunció ante la Guardia Civil que fue grabada con un teléfono móvil mientras se duchaba en uno de los vestuarios de la Ciudad Deportiva del Atlético de Madrid en Majadahonda, después de un partido ante el filial rojiblanco. Tanto el Torrelodones como el Atlético de Madrid condenaron los hechos, además de que el club colchonero dijo que abriría una investigación en busca de los culpables, que aún no han aparecido.

Estos tan solo son dos ejemplos recientes de este tipo de incidentes de violencia hacia la mujer, que seguramente habrán ocurrido en otros deportes, aunque afortunadamente parecen ser aislados y para nada un aspecto general en el deporte femenino. Pero siempre es mucho mejor ponerse la venda antes que la herida, ya que estos dos casos dejan vislumbrar actitudes que con el tiempo pueden degenerar en auténtica violencia contra las mujeres.

Y es que no cabe duda de que hay deportes tradicionalmente ‘masculinos’ cuyo arraigo en unos caducos valores hacen aflorar este tipo de acciones, cada vez más infrecuentes. El fútbol es una buena prueba de ello, aunque hay otras especialidades deportivas como el motociclismo o la Fórmula-1, donde ver a una mujer es poco menos que algo exótico, mientras que, por el contrario, otros como es el caso del rugby son pioneros y punta de lanza en la lucha contra la violencia y el desarrollo del deporte femenino. Ahí tenemos a Alhambra Nievas como la mejor árbitro mundial de rugby, donde el respeto al colegiado es máximo a cualquier nivel.

El respeto es un valor que ha de inculcarse desde la base, desde las edades más tempranas en el colegio y en los clubes a todos los jugadores. Y para ello, los técnicos y entrenadores deben ser los primeros en dar ejemplo.

No es fácil, pero entre todos se debe luchar por eliminar totalmente la violencia machista en el deporte, así como la discriminación entre hombres y mujeres más allá de las propias competiciones.

Así, el deporte, otrora caldo de cultivo de actitudes machistas, se ha convertido gracias a sus auténticos valores de esfuerzo, trabajo, superación, etcétera, en un gran referente en la lucha por la igualdad y frente a la violencia contra las mujeres. Y Lydia Valentín, Carolina Marín, Mireia Belmonte... tienen mucha culpa de ello, al igual que todas las mujeres anónimas que practican deporte cada día.