El Norte de Castilla

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Delicias del atletismo

Delicias del atletismo
/ Santiago Bellido
  • por donde pasa el pisuerga

  • Ángel Fernández García fue el dinamizador del atletismo femenino en la ciudad y el germen del Club Atletismo Valladolid (CAV), que 50 años. Todo se inició en este populoso barrio vallisoletano. Pero Ángel sigue al pie del cañón con 81 primaveras.

La muchedumbre de chicos, y sobre todo de chicas, le llaman todavía el señor Ángel. Benito Sanz de la Rica ‘Madrazo’ le decía «el pundonoroso Angel Fernández». Será tal vez también porque con 81 años sigue al pie del cañón en el mismo club que vio nacer y contribuyó a crear: el Club Atletismo Valladolid.

Porque Ángel nació en 1935 en el mismo barrio de las Delicias y ya desde niño le gustaba mucho el deporte, aunque fuera solo correr con el aro. «Me hicieron delegado de deportes de las Congregaciones Marianas de Kostkas. Hubo un campeonato en Valladolid en el que tenían que participar cinco, aunque cuatro puntuaban. Llevaba cuatro, así que tuve que correr yo. ¡Y quedé el primero de los míos!», dice. Ángel ‘hacía’ fondo, cinco y diez mil, aunque también obstáculo,s siendo un lanzador ocasional. Era ese un atletismo masculino vinculado al Sindicato Universitario SEU, donde en Valladolid despuntaba Luis Vargas, siempre a la sombra de Mariano Haro. Ángel también logró sus méritos, como un quinto puesto en el Campeonato de España de Educación y Descanso. Sin embargo, el deporte femenino (y el atletismo en concreto) no había hecho todavía su aparición en España. Era un auténtico desconocido.

«El pensar en el futuro» hizo que Ángel olvidara la práctica activa para dedicarse a trabajar en una imprenta, a la vez que era entrenador de atletismo. «En el año 65 hice el primer cursillo en Palencia; luego, el segundo en la Escuela de Educación Física del Ejército, porque no existía el INEF», señala.

En un momento dado, Ángel se plantea por qué no empezar con el atletismo con las chicas. «En España estaba arrancando, pero aquí no había nada y se me ocurrió que podía yo entrenar a seis o siete chicas», relata.

Comienza en el barrio de Las Delicias; luego, en la Juventud Josefina, donde en muchas ocasiones su lugar de entrenamiento en invierno era un por entonces desvencijado claustro del Patio Herreriano, hoy un museo.

Había que vincularse a un club que amparase a esas deportistas y eso se hace a través del Medina SF, porque en esas épocas de los años sesenta, al igual que los varones practicaban deporte en el Frente de Juventudes del Movimiento, la sección femenina tenía siempre esa denominación. Luego sería el Medina BIM, porque el Banco Industrial del Mediterráneo se convertía en primer patrocinador y aportador de alguna cantidad que se iba en equipaciones y viajes. Otra circunstancia pionera.

«El Medina quedó subcampeón de España en los años setenta. Fue en Madrid en la pista de Vallerhermoso. En ese equipo estaba la lanzadora de disco Julia Palmero, que falleció, y luego salieron también otras atletas destacadas como Tere Pérez Cárdenas, Ana Pérez, Julia Merino, Ana Isabel Gimeno, Pilar Fernández de Valderrama…», señala.

Recuerda Ángel sobre Pilar Fernández de Valderrama que «empezó estando ya en la Universidad de Valladolid». «Hice unas competiciones universitarias en el recinto de la Feria de Muestras. Allí montamos unas calles, con unos tablones para la arena marcamos longitud y un redondel para lanzar peso. Y allí apareció por vez primera Pilar». Era ese, evidentemente, un atletismo primitivo, de menos medios, aunque quizás de más compromiso. Así lo relata: «Cuando empecé con las chicas no teníamos pesas ni nada. Ante la falta de recursos, le echábamos imaginación. Me iba con ellas a remar al río para hacer la fuerza al embarcadero de La Oliva. Allí cogíamos una barca... y a darle al remo».

Tras el Medina, surge el Estrella, Los Pajarillos, antecedentes todos del Club Atletismo Valladolid que, con sus diferentes nombres o apellidos publicitarios (Tintoretto, Talleres Senovilla…) hicieron nacer y asentarse el atletismo femenino hace ahora 50 años.

En un momento dado, Ángel se encuentra con todas las chicas que, en su mayoría provenientes del Barrio Las Delicias, los colegios allí existentes e incluso la parroquia de La Milagrosa, se incorporaban al atletismo. Ese barrio fue su nicho principal. Hasta cuatrocientas féminas llegaron a participar algunos años. Y es que este era el único reducto para hacer atletismo femenino en Valladolid. Además, Ángel comienza a trabajar en la Universidad de Valladolid y en el colegio San José, donde llegó a obtener el título de campeón de España Escolar. Con tanta acumulación de trabajo, era lógico que se apoyara en uno de sus pupilos, Félix de la Fuente, que desde el San José (pese a que no era alumno) se incorporó también a dirigir las sesiones siguiendo los pasos del que fue también su primer entrenador.

Cincuenta años intensos después, se da la circunstancia de que algunas de las hijas de aquellas niñas que comenzaron en el atletismo en Las Delicias y en el CAV forman ahora también parte del equipo. Y Ángel continúa. Su vida ha estado muy ligada al atletismo. Su mujer, Carmen Martínez Rojo, es juez de esta disciplina, y sus dos hijas, Ángeles y Eugenia, también fueron buenas competidoras en cros, campo a través y marcha. En realidad, lo sigue estando, ya que Ángel entrena a los chicos ahora lanzadores dos veces a la semana. Ni el frío ni siquiera un ictus sufrido hace ocho años le retiraron de una de las cosas que más le gustan. «Es su vida», repite una de sus hijas. Si hubiera podido, habría formado un equipo de chicos de forma paralela porque «muchas veces esto potencia que las atletas sigan y no se retiren cuando les llega la época de echarse novio», dice.

El 18 de noviembre Ángel Fernández García fue obsequiado con un merecido reconocimiento en el 50 aniversario del Club Atletismo Valladolid. De estos no ha recibido demasiados a lo largo de su vida. «Antes no se llevaba. Se trabajaba mucho y ya estaba», dice sin darle demasiada importancia.

Mientras, de lo más orgulloso que se siente en esta trayectoria vinculada al atletismo, que nació de ese grupo de féminas y en ese populoso barrio de las Delicias que también a él le trajo al mundo, es de «haber hecho personas y cuajado muchas amistades».