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Un ‘ironman’ vallisoletano en Hawái

José Antonio Arranz dedica un homenaje a su madre en la meta de Hawái.
José Antonio Arranz dedica un homenaje a su madre en la meta de Hawái. / El Norte
  • José Antonio Arranz completó por segunda vez la prueba polinesia, en homenaje a su madre

No perseguía lograr la mejor marca ni la mejor posición por el mero hecho de conseguirlas y así superar su participación de 2014. En esta de 2016, su segunda competición en el más prestigioso y veterano Ironman del planeta, el de Hawái, José Antonio Arranz Cáceres tenía en mente un objetivo más elevado. Voló hacia el Pacífico con la intención de depositar en el terreno más sagrado del triatlón una dedicatoria muy especial.

Su intención era completar la prueba, por supuesto, pero para dedicar todo el esfuerzo realizado a su madre, fallecida en marzo de cáncer. Con cada brazada lanzada durante los 3.800 metros de natación, con cada pedalada dada en los 180 kilómetros de ciclismo, con cada zancada del maratón, más cerca estaba de cumplir el homenaje a sumadre y a su querida familia de Campaspero. El pasado 8 de octubre, el vallisoletano cruzó la meta, se arrodilló, juntó las palmas de sus manos y las elevó hasta la altura de su rostro mirando al cielo.

Sobre su cabeza el cielo del paradisíaco archipiélago, y también el marcador de llegada, que reflejaba el tiempo realizado: 9 horas, 27 minutos y 9 segundos. Esto significaba que rebajó el crono que marcó en 2014 en 9 minutos, y de la posición 189 de hace dos años, mejoró hasta la 140 del presente, de 2.300 inscritos.

Orgulloso de ser de Valladolid, de lo que siempre hace gala, José Antonio reside desde hace 15 años en Tenerife, donde trabaja como policía nacional. En esa isla canaria vive y entrena, y en otra isla, pero del archipiélago balear, obtuvo en septiembre de 2015 el pasaporte para Hawái, en el Ironman de Mallorca.

El triste desenlace de marzo y el parón en los entrenamientos durante los cuatro meses de enfermedad de su madre para centrarse en su cuidado le hicieron plantearse su presencia en el mundial de Hawái . Anímicamente no estaba para acudir a la meca del triatlón, reconoce José Antonio.

Sin bicicleta

A partir de ahí, la motivación surgió a partir del homenaje. «Quería hacer el mejor Ironman que tuviera en mis piernas para dedicárselo a ella», explica José Antonio.

Y si aclimatarse a una latitud muy diferente y prepararse para competir al máximo nivel no fuese suficiente, una vez desembarcado en el Pacífico el vallisoletano tuvo que hacer frente a un contratiempo que temen todos los participantes. A él le tocó esta vez. La aerolínea le extravió la bicicleta, por lo que durante la primera semana no pudo entrenar en bici y se trastocó la preparación. Intentó alquilar una en la isla, pero ya no quedaban y, por si acaso su montura no llegaba a tiempo, contempló la posibilidad de solicitar una a la organización, que tiene alguna de reserva para este tipo de contingencias. Y es que la organización en la isla es casi perfecta, y el triatleta la compara «con el día de tu boda en el que todo el mundo está pendiente de ti. Un diez de organización». Por algo Hawái «es el sueño de todos los triatletas. Allí empezó todo».

Reconoce que llegó como nunca y que a pesar de ese revés está contento. Pero tocó sufrir, y mucho, como pasó en el 2014. «La prueba la empecé bien; nadé como tenía previsto, porque he mejorado mucho en la natación, y en la bici empecé bien. Me veía muy arriba y adelantando puestos», explica el triatleta, hasta que tras rodar unos 80 kilómetros las piernas le dejaron de responder: «El ritmo ya no era el mío. A partir de ahí, sufrí muchísimo para llegar a meta en un tiempo decente tras el maratón. Terrible. Pero decidí apretar y lo di todo». Después de esta segunda experiencia, si se da la oportunidad seguro que en 2018 luchará por volver a Hawái. Aunque para ello no le vendría mal un patrocinio como el de este año, Playa de las Américas, que promociona el turismo de Tenerife. Así que como buen triatleta, ahora el lema del vallisoletano no puede ser otro que ‘no hay dos sin tres’.