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Teresa Perales, la sonrisa de la piscina

Teresa Perales, con una de sus medallas de oro logradas en Londres.
Teresa Perales, con una de sus medallas de oro logradas en Londres. / Efe
  • La aragonesa afronta en Río el reto de igualar las 28 medallas de Michael Phelps

Nadie sabe qué habría sido de Teresa Perales si no hubiera sufrido una enfermedad a los 19 años. Una neuropatía, una dolencia que afecta al sistema nervioso, la dejó en silla de ruedas hace más de 20 años. Desde entonces, la lucha por superarse día a día ha sido una bandera que ha llevado junto con la sonrisa que ha lucido en cada podio paralímpico. 22 medallas, 22 sonrisas. Y en Río quiere más.

Aún recuerda el último día que caminó. Fue con muletas y con la única razón de celebrar que el Zaragoza había conquistado la Recopa de Europa en París. Aquel gol imposible de Nayim la levantó de su silla por última vez y a partir de entonces su vida cambió. Pasó unos meses muy duros pero después aprendió a nadar de una manera diferente. Descubrió una nueva filosofía de vida que le hacía mirar siempre hacia delante y encontró en la piscina a su mejor amiga. Todo lo que le ha pasado relacionado con el agua ha sido bueno y ella fue la que le dio un nombre en el deporte. Qué habría pasado si no hubiera entablado esa relación con la piscina es solo una incógnita que por suerte no hay que despejar.

El hecho de quedarse en silla de ruedas no fue un impedimento para frenar sus aspiraciones. La alegría es su seña de identidad y su vida, un ejemplo de superación. No solo se ha subido a lo más alto de un podio paralímpico, sino que ha escrito libros, ha sido diputada en las Cortes de Aragón y ha llegado a ser la protagonista de cortometraje de Javier Fesser. Incluso también de un cómic.

Perales es como Michael Phelps pero con acento maño. Ambos afrontaban los Juegos de Río con 22 medallas y el americano dejó el listón en 28. «Me lo ha puesto difícil», reconoce la aragonesa, que aspira a seis metales en la piscina carioca, esa en la todas las miradas se centraron en Phelps hace menos de un mes. La española no copará las audiencias de todo el mundo pero sí será el foco de atención en estos Juegos Paralímpicos. Su reto, al fin y al cabo, es tanto o más difícil que el del «Tiburón de Baltimore».

Busca el pleno

La aragonesa compite en seis pruebas y tendrá que hacer la machada de conseguir un pleno. Hoy empieza su desafío particular en la categoría S5, que engloba a los nadadores que pueden usar sus brazos pero que no tienen movilidad en los músculos del tronco y las piernas o que tienen problemas de coordinación. Competirá hoy en la final del 200 libre a las 1.08 horas, si consigue pasar las preliminares y, de ahí al fin de los Juegos, buscará el podio en el 50 mariposa, 50 libre, 200 estilos, 50 espalda y 100 libre. En un principio solo iba a competir en cinco de ellas, pero el gran nivel que ofreció Phelps en los Olímpicos la convenció para ir a por más. Pensó en elevar el número a siete, pero al final lo rebajó a seis, consciente de la dificultad. Ganas no le faltan y motivación tampoco. De hecho, deja la puerta abierta a continuar hasta Tokio 2020.

En Río disputará sus quintos Juegos Paralímpicos. No ha faltado a la cita desde Sídney y solo se ha quedado fuera del podio en seis pruebas, cinco de ellas de relevos. De su primera participación regresó con una plata y tres bronces, por lo que su ansiado oro tuvo que esperar hasta Atenas, de donde volvió con dos, aparte de una plata y otros tres bronces. Los de Pekín fueron sus mejores Juegos. Allí se subió a lo más alto del podio en tres ocasiones y conquistó cinco metales. En Londres amplió su palmarés con otras seis preseas, las que necesita en la piscina de Río para igualar a Phelps.

Muchos pueden pensar que lo que ha conseguido Teresa Perales es algo imposible, pero ella no; ella creyó que se podía conseguir. Como lo hizo Nayim cuando vio a Seaman adelantado y lanzó el balón al aire de París para que acaba entrando en la portería del Parque de los Príncipes.