La veta del oro estaba en la Montaña Palentina

La selección española se ejercita en el campo cerverano.
La selección española se ejercita en el campo cerverano. / J. Ruiz

Cervera vivió hace 25 años la concentración de la Selección que logró la medalla olímpica

MARCO ALONSOPalencia

El martes se cumplen 25 años de una de las grandes gestas del fútbol español. La Selección Española logró el 8 de agosto de 1992 su única medalla de oro olímpica y para lograrla, el equipo –dirigido por aquel entonces por Vicente Miera– fue antes a la Montaña Palentina que al terreno de juego. No. Kiko, Guardiola, Luis Enrique y compañía no tuvieron que picar en una mina palentina para dar con el codiciado metal con el que forjar sus medallas, pero fue en plena montaña, en Cervera de Pisuerga, donde dieron con la veta del oro que finalmente se colgaron al cuello en una final ante Polonia que paralizó a todo el país.

La Selección Española de Vicente Miera se concentró del 17 al 27 de junio de 1992 en el Parador de Cervera. El objetivo de esta concentración era aislar a los jugadores del bullicio de un país volcado con su condición de anfitrión de unos Juegos Olímpicos, y vaya si se logró esa meta. «Allí nos concentramos. No había nada, vacas y poco más», afirmaba hace unos días Kiko Narváez para dejar claro que la paz de Cervera permitió a los jugadores centrarse en sus objetivos en un momento de la historia en el que las distracciones no podían llegar por el teléfono móvil ni por internet.

Una época en la que Guardiola firmaba banderas de España

Los empleados del Parador de Cervera se convirtieron en ‘cazadores de autógrafos’ durante la concentración de la Selección, y uno de ellos guarda como oro en paño una bandera rojigualda firmada por varios jugadores, entre las que se encuentra la rúbrica de Guardiola. «Le di la bandera para que me la firmara y me miró un poco raro, pero me la acabó firmando», asegura el empleado, que tiene en su poder un objeto muy difícil de conseguir que le sirve de recuerdo de aquel verano de 1992.

En Cervera solo habría vacas y poco más, como dice Kiko, pero esas vacas sirvieron para que la Selección probase la afamada carne de Cervera, que alimentó a los jugadores durante la concentración, tal y como recuerda el cocinero del Parador de Cervera, Andrés Lacalle. «Comían ensaladas, pasta, arroz y carne a la plancha, pero lo que más les gustaba era la ternera de Cervera», apunta Andrés para dejar bien claro que el paladar de los jugadores de aquella selección del 92 sabía de fútbol, y también de carne.

Los días de concentración fueron pasando en la Montaña Palentina y los jugadores comenzaron a hacer migas mientras los empleados del Parador iban haciendo acopio de autógrafos de un equipo que se convertiría en leyenda. «Los jugadores del Barcelona estaban siempre juntos. Ferrer y Guardiola no se separaban», recuerda el cocinero del parador, que sigue trabajando en los mismos fogones que hace 25 años.

En esa concentración de Cervera se consiguió convertir un equipo joven, formado por jugadores muy heterogéneos, en un bloque uniforme basado en la solidez defensiva. Los pilares de ese grupo se sentaron en Cervera y después se perfilaron aún más en Valencia, donde la Selección permaneció casi un mes más para preparar el arranque olímpico.

España logró pasar a cuartos de final después de ganar a Egipto, Catar y Colombia sin encajar un solo gol. En cuartos esperaba Italia, que probó su propia medicina y cayó derrotada por 1-0 en un partido muy técnico. Ya en semifinales, la Selección se impuso por 2-0 ante el combinado de Ghana, que no hizo apenas sombra a los españoles.

El combinado nacional llegó a la final ante Polonia sin haber encajado ni un solo gol. Todo hacía indicar que el último partido sería un paseo triunfal, pero el oro hay que sufrirlo y España lo había sudado desde la concentración de Cervera. Un gol de Kowalczyk en la primera parte puso el partido cuesta arriba, pero Abelardo y Kiko remontaron poco después. Polonia quería el oro y Staniek logró la igualada. El partido parecía abocado a la prórroga y ahí apareció Kiko con uno de sus flechazos para, en el tiempo añadido, marcar el 3-2 y hacer que el himno español retumbara en un Camp Nou sin esteladas y lleno de banderas rojigualdas. Y es que el fútbol tiene estas cosas. Es capaz de unir lo que parece irreconciliable y hacer gritar a un nacionalista catalán «¡Visca España!» en el Camp Nou.

Todo esto se vivió hace ya 25 años en Barcelona, pero esa medalla se logró gracias a esa veta del oro que se escondía en la Montaña Palentina, en un Parador de Cervera que aún recuerda aquella concentración de la Selección.

Abelardo: «Es el título más importantede mi carrera deportiva»

España entera se paralizó aquel 8 de agosto de 1992. Todo el país permaneció pegado al televisor para ver a la Selección ganar la medalla de oro olímpica y Abelardo fue uno de los afortunados que jugaron aquel partido en el Camp Nou ante Polonia. El ‘Pitu’ abrió el marcador y un doblete de Kiko hizo que el choque acabase 3-2 para que España lograse el oro. Ya han pasado 25 años de aquel día, pero Abelardo recuerda nítidamente aquellos momentos, que comenzaron con una concentración en Cervera.

–Dicen que un oro olímpico es lo más grande que puede tener un deportista en su vitrina. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

–En el fútbol se vive de otra forma por el hecho de que tiene un Mundial con una enorme repercusión. No cabe duda de que he tenido la suerte de conseguir títulos importantes con los clubes en los que he estado, pero la medalla oro ha sido el más importante de mi carrera.

–Se les bautizó como la ‘Quinta de Cobi’. ¿Cómo era aquella quinta?

–En su día nos llamaron la Quinta del Cobi por aquello de que la mascota de los Juegos Olímpicos se llamaba Cobi. Éramos un grupo de futbolistas jóvenes, no hay que olvidar que solo podían ir jugadores sub 23 a los Juegos del 92, y todos nosotros estábamos tratando de hacernos un hueco en el mundo del fútbol profesional. En mi caso, llevaba jugando tres años en Primera con el Sporting. Pero había otros compañeros que estaban en grandes equipos como Guardiola, Ferrer o Luis Enrique y luego había otros jugadores que se iban haciendo nombre a nivel profesional.

–En Barcelona 92, compartió selección con Guardiola, Luis Enrique, Amavisca o Cañizares, entre otros. ¿Cuál de ellos destacaba más en aquel momento?

–Ninguno en especial. El equipo era un bloque bien diseñado por el entrenador, Vicente Miera. Es más, destacábamos mucho a nivel defensivo y hasta que llegamos a la final no encajamos ningún gol. En ataque teníamos muchos recursos gracias a Kiko, Alfonso o Luis Enrique y en el centro contábamos con Guardiola. Éramos un equipo bien dotado en todas las líneas, sin grandes protagonistas.

–Todo esto comenzó en la concentración de Cervera de Pisuerga. ¿Qué recuerdos guarda de aquellos días en tierras palentinas?

–Todos los recuerdos que guardo de Cervera son muy agradables. Nos trataron muy bien e hicimos un grupo de amigos muy bueno. Las concentraciones generalmente no nos gustan mucho, además en aquella época estábamos más aislados porque no había internet ni teléfonos móviles. De todas formas, lo intentábamos pasar de la mejor forma posible.

–Kiko ha dicho hace poco en una entrevista que en aquella concentración «no había nada, vacas y poco más». ¿Esa paz que se respiraba en Cervera les permitió evadirse de la presión de ser los anfitriones de los Juegos Olímpicos?

–Yo, particularmente, no sentí nada de presión. Éramos jóvenes que iban logrando sus metas y no teníamos la necesidad de ganar la medalla de oro, luego lo conseguimos, pero no éramos favoritos. La concentración la tomamos como cualquier otra en un club profesional, en la que se busca empaparse de las ideas del míster, entrenar y pasarlo lo mejor posible en los ratos libres. Ahí los juegos de mesa, las cartas y el billar siempre ayudan.

–Dicen en el Parador de Cervera que la ternera que comieron ustedes allí les hizo coger fuerzas para los Juegos. ¿El secreto del éxito de un equipo también esta en su estómago?

–Eso está claro. Comimos muy bien. A nivel gastronómico no nos pudimos quejar y todos salimos muy satisfechos.

–¿Ha vuelto a ir a Cervera después de aquella concentración?

–No. No he tenido la suerte de regresar.

–El gol no era uno de sus fuertes, pero en la final olímpica del 92 marcó el primero. ¿Qué le pasó por la cabeza en ese momento?

–Mucha alegría. Cuando eres un defensa y no tienes la suerte de marcar tantos goles como un delantero cada uno que metes es un alegrón. Fue una falta lateral que sacó Pep, Juanma López saltó delante de mí, pero no tocó el balón y yo tuve la suerte de rematar de cabeza y de que el portero polaco no pudiera detenerla.

–El fútbol ha cambiado muchísimo en los últimos 25 años. En 1992, nadie podía llegar a pensar que se pagarían 222 millones de euros  (36.937.692.000 pesetas) por un jugador como ha llegado a pagar el PSG por Neymar...

–El mundo del fútbol ha cambiado, efectivamente, pero si algún club paga ese dinero es porque cree que el jugador lo vale.

–Llego usted demasiado pronto al mercado...

–No me puedo quejar de mi carrera. He tenido la suerte de poder hacer lo que me gusta y ahora tengo la suerte de entrenar. No me quejó de cómo me han ido las cosas porque me siento un privilegiado.

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