El Norte de Castilla

REGIONAL DE AFICIONADOS GRUPO B

El Santa Marta gana la batalla

Cascón, felicitado por Manu G, mientras que Borrego levanta las manos para celebrar el tanto de la victoria del Santa Marta ante el Salmantino.
Cascón, felicitado por Manu G, mientras que Borrego levanta las manos para celebrar el tanto de la victoria del Santa Marta ante el Salmantino. / RUBÉN RAMOS
  • Un gol de Cascón al inicio fue suficiente para doblegar al Salmantino que sigue líder

Tenían razón en que no era una final. Tampoco una guerra. Pero desde luego sí que fue una batalla. El Santa Marta venció al Salmantino. Un gol de Cascón en el inicio fue suficiente. O al menos determinante, porque le hizo falta a los jugadores trastormesinos vaciarse al completo. El Salmantino tuvo la pelota. Pero no sabía qué hacer con ella. Generó ocasiones. Pero el peligro lo tenían los locales. A la contra, se mascaba la tragedia.

El partido era el más llamativo en lo que va de Regional de Aficionados. El líder visitaba al segundo. Así lo demostraban las gradas del Alfonso San Casto. Totalmente llenas. Seguramente, el guión de la obra podría haber sido más elaborado. Pero no su ejecución. A cada jugada sucedían cosas.

Y lo primero en pasar fue el gol de los de Arturo Martín. Casi al poco de sacar de centro, Manu G le pega a bola. Charly rechaza. Pero el balón le cae a Cascón que no duda en ajusticiar a los de azul. Acababa de empezar la película y a uno de los protagonistas ya le habían pegado un tiro.

La idea de juego del Santa Marta bebía de lo visto en Garrido. Entregar la pelota al rival. Y salir como alma que lleva el diablo cuando recuperaban el cuero. Como contra el Navega, esta estrategia era más fácil porque habían marcado muy pronto. Defendiendo, Rubio tenía patente de corso para incomodar al Salmantino. Tremendamente meritorio el trabajo atrás de los locales. Lograr que un equipo que juega con Jorge García, Sergio Ramos y Miguel Ángel en el centro del campo pegue pelotazos así lo atestigua.

Tenían que reaccionar los de María. Los visitantes se ahogaban con desplazamientos largos. Al menos hasta que desde el banquillo se encendió la bombilla. O habrían el campo y hacían salir un poco al Santa Marta o el equipo se asfixiaba. Así, los laterales capitalinos jugaron pegados a la banda durante buena parte de la primera parte. Dela y De la Mata daban opciones a los centrocampistas. Pero no el Santa Marta que prefería morir corriendo, que perder la vida dejando un sólo resquicio.

Aunque los de María tienen una calidad fuera de toda duda, no son perfectos. Movían la pelota de un lado a otro. Pero sin profundidad. Y en algún momento, podían meter la pata. Cuando eso sucedía, Cascón y Martiña se convertían en atletas. De esta forma, el propio Martiña cerca estuvo de hacer el segundo mediada la primera mitad. Antes, De la Mata le había pegado al larguero y Nacho, de cabeza, puso en aprietos a Manu Martín. La exigencia se notaba e hizo estrago en los actores. Palomi se tuvo que ir a la ducha lesionado. Gallego, en el Santa Marta, igual.

Empezaba el segundo acto. El Salmantino volvió a tener su ocasión en la testa de Nacho. Pero el resultado fue el mismo de segundos atrás. Y es que el portero del Santa Marta está en racha. Tiene tanta confianza que debería tirar hasta los penaltis. Casi la misma que Javi Borrego, que en la siguiente jugada, fue derribado en el área pequeña antes de poder marcar. La pena máxima fue tan clara que la única explicación para que el arbitro no pitara es que no fue. Desde luego a todo el mundo le pareció.

Pasaban los minutos y los dos equipos empezaron a jugar en franjas horarias diferentes. Al Salmantino se le iba la vida y al Santa Marta le pesaban las piernas por el esfuerzo y por el paso de los segundos. Los de María monopolizaron el ataque. Los de Arturo Martín confiaron todo a Manu G, mientras el resto defendía con lo que tenía. Que ya no era mucho. El nueve trastormesino retrató a Ruby un par de veces. Pero lo que llegaban eran las oportunidades del los visitantes. Con Marcial ya en el campo y el Santa Marta con defensa de cinco, la suerte estaba echada. Precisamente, el delantero capitalino cayó en el área. Volvió a parecer penalti, pero el árbitro tampoco pitó.

Y así acabó el encuentro. El Santa Marta hizo bueno eso de que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Ganó la batalla y toma aire en la guerra.