SEGUNDA B GRUPO I

El peor partido en el peor momento para el Guijuelo

Manu Dimas, presionado por un futbolista visitante.
Manu Dimas, presionado por un futbolista visitante. / D. M.
  • El equipo salmantino completa un mal partido en el que se impuso la claridad del Lealtad

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Derrota por 0-3 ante el Lealtad. Cuando todo parecía apuntar a que el Guijuelo había salido de la depresión en la que se había metido en las primeras jornadas, cuando todo parecía que este equipo había levantado la cabeza y se presentaba como un candidato a la recuperación, se ha vuelto a demostrar que la situación no es nada sencilla y que para salir de una depresión tan profunda como la que sufre el Guijuelo hace falta mucho tiempo, mucha paciencia, muchos medicamentos y mucha tranquilidad. El Guijuelo volvió a demostrar que su problema no es deportivo, su gran problema es mental. Lo malo de este equipo no es que no juegue, que no tenga tranquilidad, que se precipite, que se atasque, que se enrede en sí mismo. El problema real del Guijuelo ni si quiera es que no acierte, que no acumule muchas ocasiones, que se equivoque gravemente en defensa. El problema real, el grave, el de verdad es que no se lo cree, es que psicológicamente es tan débil que pierde los combates antes de salir a disputarlos y si no es ahí lo hace cuando el rival conecta el primer golpe. El Guijuelo ha demostrado que puede ser mejor que cualquiera de los de su grupo, pero también ha demostrado que cualquiera, con muy poco, es capaz de superarle. Hace una semanas era de entender que este equipo tenía que madurar, pero no acaba de hacerlo nunca, sigue siendo la eterna joven promesa, el adolescente cuarentón que no acaba de definir exactamente lo que quiere y que acaba siendo un viejo que no supero su adolescencia. Si el Guijuelo quiere ganar, primero tiene que creer que puede, segundo tiene que apostar por la victoria y tercero tiene que soltar todos los lastres que le atenazan. El Guijuelo ha recaído en su depresión de caballo y solo saldrá de ahí si se empiezan a tomar las decisiones necesarias, mínimas y básicas para comenzar a dar los primeros pasos. Y para empezar en casa no se puede salir con un planteamiento tan defensivo, más aún cuando delante tienes un rival que, se sabe, va a presentarse con la táctica de oso emboscado. No se puede salir a correr como pollo sin cabeza, ni como inocente conejillo, porque del primer zarpazo el oso te hará daño y del segundo no te vas a reponer. El Guijuelo tiene que saber a qué tiene que jugar y alguien tiene que darle la confianza necesaria para garantizar que, pase lo que pase en un partido, el resultado solo depende de lo que uno hace o deja de hacer en algún momento.

Por cierto, lo de la estrategia es para estudiarlo, defendiendo el Guijuelo es un manojo de nervios y atacando no ofrece ninguna sensación de peligro.

En el partido de ayer, en la primera parte, durante muchos minutos parecía que había un pacto de no agresión, nadie era capaz de tomar las riendas. El Lealtad sabía que el Guijuelo fallaría y solo había que esperar su momento.

Pero el Guijuelo no arriesgó nada. Dejó que el partido se pusiera donde los visitantes lo querían. Los locales salieron a no encajar, pero eso en casa es poco, muy poco. En el centro del campo solo Carles Marc, como siempre, cumplió con su trabajo, el resto parecía no haber salido al campo, lo que provocó que el ataque no tuviera protagonismo. En toda la primera mitad el Lealtad no apareció por el área de Kike Royo, pero es que el Guijuelo solo lo hizo en dos ocasiones aisladas, en el minuto 25, una buena llegada de Manu Dimas por la derecha hasta línea de fondo que centra, Pino no remata, Carmona no llega de milagro y Keko la saca a córner y en el minuto 42, Manu Dimas la gana por arriba, Pino espera a Ángel Sánchez, que dispara cruzado para que se luzca Porrón, que envía a la esquina.

Bajada de brazos

En la segunda parte el Guijuelo salió a por el resultado y sumó tres llegadas, con Ayala en el 49, con Pino en el 52 y con Manu Dimas en el 58, en todas Porrón ganó la partida y cuando parecía que se acercaba el gol llegó la pifia defensiva, Ayala no despeja y David se queda solo para marcar el primero. Y ahí se acabó el partido. El Guijuelo se dio por vencido. Se dejó llegar. Dejó de competir. Se dejó ganar y el Lealtad la aprovechó. En las dos siguientes llegadas, en las que la defensa miraba como transitaban los asturianos, en el 70 y en el 71, volvió a marcar David. Completando un resultado justo, para un mal partido de los locales, que volvieron a fallar en el peor momento, mientras que los visitantes hicieron buena la apuesta por el menor esfuerzo para lograr el mayor rendimiento posible, en este caso: tres llegadas, tres goles y tres puntos.