El Norte de Castilla

GRUPO I SEGUNDA B

Un empate que no sirve

Julia, junto a un rival del Mutilvera.
Julia, junto a un rival del Mutilvera. / D. M.
  • El Guijuelo volvió a tropezarse con los miedos de un equipo maltratado que ha iniciado una recuperación, que será larga y difícil

A pesar de las buenas sensaciones dejadas en Estella ante el Izarra, el Guijuelo ayer volvió a ser ese equipo atenazado por sus propios miedos, incapaz de mirar a la cara al adversario, como una víctima del maltrato que no es capaz de reaccionar, que se muestra sumisa ante todo lo que le pasa y que acaba pensando que no puede. Lo visto ayer en el terreno de juego solo se puede explicar, como una mezcla del pasado a corto plazo sufrido por este equipo, a lo que habría que añadir un miedo escénico a fallar del que perdió todo atisbo de auto confianza, cuadro clínico en cuyo diagnóstico no habría que desdeñar el temor a perderse la fiesta del próximo miércoles. Sin el cúmulo de todos estos aspectos no se podría entender que el renovado Guijuelo, el que brilló en Estella, haya regresado a la oscuridad y haya perdido el lustre que todos los que lo siguen reconocen ver en este grupo.

Lo de ayer es un reflejo del mal que ha venido arrastrando el Guijuelo en el primer tercio de la Liga, que continua siendo un lastre para este grupo, al que le va a costar despertarse de ese mal sueño que continua arrastrando. En este tipo de casos lo más importante es detectar el mal, operar y comenzar un tratamiento adecuado, pero como es normal en estas difíciles situaciones las soluciones ni son fáciles, ni rápidas. Así, en el estreno en casa del Guijuelo de Jordi Fabregat y de su segundo Jorge Heredia los viejos temores volvieron a paralizar al equipo. Los fantasmas que vienen merodeando a los guijuelenses, entre los que habría que incluir los propios y los ajenos, porque ayer nadie parecía dispuesto a asumir ni la responsabilidad, ni el riesgo de perder el partido, pero tampoco la oportunidad que supone el partido de la Copa y esa situación volvió a permitir que, otra semana más, el Guijuelo no gane y ya van seis consecutivas en Liga y cinco consecutivas en el Municipal. Racha que dependiendo de lo que hagan hoy los que vienen por debajo pueden abocar a los guijuelenses a ocupar un puesto de descenso.

Y a pesar de todo lo dicho, en el partido de ayer el Guijuelo estuvo más cerca de ganar que su rival. De hecho tuvo las mejores y más claras ocasiones, pero no marcó. De haberlo hecho muy probablemente el partido hubiese sido otro, pero la realidad es que la falta de acierto volvió a colocar a los guijuelenses en un estado catatónico, del que no pudieron o no supieron salir y vieron como nada les hacía reaccionar, como tampoco lo hizo la grada, a pesar de lo visto.

El público quizá por respeto al nuevo equipo técnico estuvo frío, como la tarde y como el partido en el que el tedio se fue apoderando de cada uno de los rincones, alejando las sensaciones que puntualmente o por oleadas aportaron las ocasiones de uno y otro, que fueron pocas, pero las hubo. Así, en la primera mitad los visitantes llegaron tres veces: en el minuto 1con un remate alto de Morillas a la salida de un córner, en el 21 con un disparo desde la frontal de Eztieder que se marchó fuera por poco y en el 22 con un remate flojo y fuera de Tebabes, tras un error en la salida de Raúl Ruiz. Por s u parte el Guijuelo contó con cuatro ocasiones, dos clarísimas. Las menos claras fueron: en el minuto 6, Dimas dispara, la pelota la toca un defensor y se macha al palo para acabar en saque de esquina y en 12, cuando Juliá dispara desde la frontal y la pelota se va por muy poco. Por su parte las clarísimas llegan: en el 26 con un pase profundo de Néstor para Dimas que, solo ante Eduardo, tira arriba y en el 34 con un balón en el área de Néstor que salva al portero con un toque de calidad y Contreras saca el balón en la misma línea.

En la segunda parte la tónica fue la misma, es decir, juego atascado en el centro del campo, muchas pérdidas de tiempo de los visitantes y un árbitro, por hacer, al que le obsesiona el dejar jugar, que curiosamente lo único que provoca es un beneficio al que trata de destruir y un grave perjuicio al que quiere crear. Con estos ingredientes el aburrimiento se impuso a cualquier otro tipo de sensación. Un tedio solo roto por acciones puntales. Dos para el Mutilvera: en el minuto 25, con un balón a la olla que remata flojo y mal Ibero y en el 42, con un lanzamiento de 40 metros de Barbarín que se marcha lejos.

Tres ocasiones muy claras

Por su parte el Guijuelo tuvo tres ocasiones, otra vez muy claras: en el 16, Pino centra desde la derecha, Dimas remata y el balón sale repelido por el larguero, en el 38, Carmona dispara desde la frontal y Eduardo sa ca la pelota con un paradón, cuyo rechace vuelve a caer a Carmona que vuelve a rematar sin fortuna y en el 46, Piojo centra desde la derecha y Carmona remata en el área sin precisar y el balón se marcha alto.

En resumen, el Mutilvera vino al Municipal a interrumpir al rival y provocar que no se sintiera cómodo y lo hizo, mientras que al Guijuelo le pudieron los miedos: a perder el partido en lo grupal y a perder la posibilidad de jugar el miércoles en lo individual. Las defensas se impusieron a los ataques. Nadie quería perder, pero sobre todo nadie se atrevió a buscar, de verdad, una victoria vital que volvió a escaparse y con ella dos puntos claves.