El Norte de Castilla

El Deportivo Palencia también sabe ganar en casa

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David Durántez levanta al técnico Óscar de Paula al acabar el partido, tal y como hizo la jornada pasada en Burgos. / Antonio Quintero

  • Los de Óscar de Paula suman ante el Lealtad su primer triunfo en La Balastera y comienzan a carburar tras un inicio complicado

La afición morada se había acostumbrado a las caras largas, y es que los tres partidos que se habían disputado hasta ahora en el estadio palentino habían acabado con un silencio sepulcral que hablaba por sí solo.

Pero ayer se pasó de la tristeza a la esperanza, y la hinchada pudo ver por fin ganar a su equipo en casa gracias a un trabajo defensivo digno de elogio y a un inteligente planteamiento táctico de Óscar de Paula. La Balastera vuelve a sonreír y ya nadie quiere mirar atrás. Parece que el equipo tocó fondo en la quinta jornada, y que estos jugadores están dispuestos a cambiar las botas por crampones para escalar en una clasificación a la que ahora miran desde la decimoséptima plaza.

Ordenadísimo. Así arrancó el Deportivo Palencia en defensa. El mar de dudas en la zaga que había ahogado al equipo morado en los partidos anteriores se evaporó para dar paso a un limo en el que el Lealtad se movía con muchas dificultades. La pareja de centrales formada por Héctor Granado y Acoidán era todo un seguro al que se unían Pelayo e Iván Zarandona cuando los asturianos pasaban de la línea de tres cuartos de cancha. Eran muchos los efectivos que destinó el Deportivo Palencia para debilitar el empuje del rival, y esa actitud frenaba la organización del juego ofensivo palentino, que, durante la primera mitad, fue de más a menos.

Ya decíamos que el mar de dudas en defensa se evaporó, pero, como contrapartida, Zapata acabó convertido en un islote al que no le llegaba ni un solo balón. «Tenemos que tenerla un poquito», gritaba De Paula a sus jugadores desde el banquillo, pero al Deportivo le quemaba el balón en los pies y era incapaz de culminar un contragolpe, que, tal y como iba el partido, era la única posibilidad que tenían los morados de arrimarse a la portería defendida por Porrón.

La pelea estaba más en el banquillo que sobre el terreno de juego y la primera mitad acabó para que De Paula explicara a los suyos los planes que tenía para generar peligro sin descuidar la defensa.

Para marcar hay que, como mínimo, llegar a la portería rival y el escenario cambió radicalmente en la reanudación. Corría el minuto 49 y los palentinos botaron su primer córner del encuentro con una jugada de estrategia. El centro de Chuchi se paseó por la portería y en medio de un barullo, el jugador del Lealtad Mendi metió el pie para mandar el balón despacito dentro de su propia portería.

Por fin. La Balastera dejó de parecer la sala de espera de un tanatorio y se convirtió en una fiesta. Después de los tres funerales vividos en las tres jornadas anteriores en casa, llegó la boda, el esperado enlace entre la afición y el equipo. Los aplausos se apoderaron de una grada que necesitaba olvidarse de la guerra interna que vive el club en los despachos, y la sonrisa regresó a las caras de unos aficionados que han vivido con pesar una semana de fuego curzado entre la directiva anterior y la actual.

El gol en contra dejó noqueado al Lealtad, y el entramado defensivo propuesto por De Paula hizo imposible que los asturianos se acercaran ni una sola vez a la meta de Alejandro, para dejar bien claro que buena parte de la victoria de ayer tuvo al técnico como gran artífice. Y es que colocar a Asier Arranz como carrilero profundo y a Pelayo en las ayudas fue una de las claves de un choque en el que el trabajo de contención de Zarandona y Durántez también fueron cruciales.

El Lealtad era incapaz de entrar en el área morada y su única forma de generar peligro era con lanzamientos lejanos, como el de Gallego en el minuto 85, que en ningún caso llegó a inquietar lo más mínimo a un Alejandro que tuvo muy poco trabajo en el partido de ayer.

Los asturiamos se pusieron nerviosos. La derrota en La Balastera no entraba en sus planes, por lo que empezaron a asumir riesgos y a dejar huecos en su sistema defensivo, algo que fue aprovechado por Xavi Moré. El vallisoletano salió de refresco en la segunda mitad e hizo alguna diablura por la banda. La gran ocasión llegó en el minuto 87, cuando un contragolpe dejó al vallisoletano solo ante Porrón. Moré llegó un poco forzado, intentó regatear al portero, pero se escoró demasiado y lo que pudo ser el 0-2, quedó en agua de borrajas. Pero daba igual. El partido estaba ganado y La Balastera, por fin, pudo disfrutar de un triunfo de un Deportivo Palencia que ayer se mostró como un equipo ordenado y, sobre todo, muy bien dirigido desde el banquillo.