análisis

Esperanzadora primavera para un Barça sonriente

Suárez y Messi celebran un gol.
Suárez y Messi celebran un gol. / Reuters
  • Luis Enrique y sus jugadores llegan al último parón FIFA convencidos de que en el tramo final de la temporada se verá la versión más regular y competitiva en busca de los títulos

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A muchos les gustaría ver al Barça presa de los nervios por saber que no depende de sí mismo para ganar la Liga, obligado a ganar en el Santiago Bernabéu en el Clásico del domingo 23 de abril a las 20.45 horas (ya oficial) y, a esperar, como mínimo, otro pinchazo del Real Madrid sin dejarse ningún punto por el camino. La misma inquietud debería valer para el cruce ante la Juventus en los cuartos de final de la Liga de Campeones sabiendo que el equipo italiano llegará fresco a la ida (11 de abril) y a la vuelta (19 ) porque prácticamente tiene el 'Scudetto' ganado, atraviesa un momento pletórico y quiere vengarse de la final perdida en Berlín en 2015. Pero curiosamente sucede lo contrario. El Barça dio ante el Valencia (4-2) sensación de tranquilidad rozando la relajación, con golpes de alegría desatada antes del parón FIFA a cuyo término se decidirá todo. El técnico y sus jugadores llegan al último parón FIFA convencidos de que en el tramo final de la temporada se verá la versión más regular y competitiva en busca de los títulos.

Las carcajadas incontrolables de Luis Enrique en la rueda de prensa posterior al Barça-Valencia al descubrir durante su primera respuesta que un periodista estaba durmiendo resumen ese estado anímico del equipo azulgrana, con un Neymar fallón en el remate, pero dando espectáculo desde el primer segundo hasta el último encarando una y otra vez a sus rivales, Messi regalando su camiseta a Abdennour pese a que puso en peligro su integridad física en los últimos minutos y Luis Suárez sacando petróleo de cualquier jugada con un carácter contagioso.

El argentino logró dos goles, algo que ha sucedido ya en 100 partidos con el Barça (incluyendo 'hat-tricks', pókers y repókers), y suma 41 goles en 40 encuentros oficiales como azulgrana esta temporada, superando la barrera de los 40 por octava temporada consecutiva: 2008-09 (47), 2009-10 (53), 2010-11 (72), 2011-12 (60), 2012-13 (41), 2013-14 (58), 2014-15 (58), 2015-16 (41) y 2016-17 (41). Hasta los penaltis han dejado de ser su punto débil al transformar los siete que ha lanzado esta temporada. Lidera el Pichichi y la Bota de Oro con 25 goles, aunque no sumará en la próxima jornada en Granada (2 de abril) porque el domingo forzó la quinta amarilla para llegar limpio a lo que se avecina y, de paso, descansar tras los exigentes compromisos de Argentina y el viaje transoceánico.

Pero no sólo del tridente vive el Barça y ante el Valencia se vio al mejor Iniesta desde la última lesión que le costó quedar en evidencia el día del 4-0 en París al jugar sin ritmo ni respuesta física. El centrocampista de Fuentealbilla también sirve de ejemplo para ilustrar lo que se intenta vender desde fuera y lo que sucede dentro. En una de sus numerosas comparecencias públicas (ahora se prodiga más que nunca por motivos publicitarios de distintas empresas, señal de que quiere aprovechar económicamente los últimos años de su carrera) dejó en el aire la renovación de su contrato, que acaba en junio de 2018. «Nunca estaré en el Barça por estar», afirmó. Tendrá entonces 34 años y ofertas tentadoras de China, Catar y Estados Unidos que el Barça no podrá igualar con dinero, pero sí con un plan de vida en el club. Algunos han intentado buscar un conflicto por mucho que Iniesta ya dijo que «entre el club e Iniesta nunca habrá un problema». Su mejor respuesta fue con el balón, ilusionando de nuevo, decidido a liderar la búsqueda de un nuevo triplete por complicado que sea.

Y para que la jornada fuese completa, hasta marcó André Gomes, señalado por la afición por su participación en varios de los tropiezos del Barça. Se escucharon algunos silbidos cuando saltó al campo, pero Luis Enrique se quedó con el valor de los aplausos y Piqué le defendió de forma encendida pidiendo que se queden en casa a los que van al Camp Nou a abuchear a los jugadores. El portugués no ha conectado, el desorbitado precio que costó tampoco le ayuda y en ocasiones integrarle se ha convertido en una obsesión que le ha costado la confianza de Rakitic, sacrificado y preferido por los seguidores. Pero su gol puede darle alas en el tramo final.

Por supuesto, no todo fue perfecto y el Barça hizo demasiadas concesiones en defensa que pudieron costarle muy caras al no aprovechar las numerosas oportunidades creadas. El 3-4-3 funciona en ataque, también en la construcción, pero Luis Enrique todavía debe ajustarlo para que los partidos no se conviertan en un cara o cruz.