Anuario

Un año de gloria con un amargo final

Varios jugadores del Real Madrid en el clásico./Reuters
Varios jugadores del Real Madrid en el clásico. / Reuters

Cinco títulos instalaron al Madrid en un estado de felicidad que quebrantó el mal inicio de curso

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

El Real Madrid vivió en 2017 el mejor año de su historia, con cinco títulos más para sus vitrinas y la Copa del Rey que ganó el Barça como único trofeo que escapó a su voracidad. Liga, Champions, Supercopa de Europa, Supercopa de España y Mundialito cayeron como piezas de dominó, implantando un estado de felicidad en el Santiago Bernabéu que ha quebrantado el mal desempeño liguero de la presente temporada, con la dolorosa derrota frente al cuadro culé en el clásico del pasado sábado como triste corolario.

Hasta septiembre, su marcha parecía imparable y sólo el presunto deseo de Cristiano Ronaldo de cambiar de aires en verano, derivado de sus problemas con Hacienda, alteró la calma. Pero cuatro meses después de aquel pulso con el Barça en la Supercopa que parecía preludiar otra campaña gloriosa, la escuadra merengue escribe con renglones torcidos el relato del que se presentaba como un equipo de época.

Desde 1958 no se veía un doblete Liga-Champions por Chamartín. En los últimos 27 años, nadie había sido capaz de revalidar una ‘orejona’. Tampoco había enlazado ningún conjunto dos Mundiales de Clubes. El Madrid de Zidane taponó esos huecos históricos en un año en el que copó la mayoría de premios individuales y colectivos, con Cristiano como principal estilete.

Más información

El portugués, que a comienzos de diciembre recibió su quinto Balón de Oro, catapultó a los blancos a la ‘duodécima’ con cinco goles al Bayern en cuartos, tres al Atlético en semifinales y otros dos a la Juventus en la final que permitieron a Sergio Ramos alzar el título en Cardiff.

Dos semanas antes, los blancos habían certificado en La Rosaleda su trigésimo tercer título de Liga. Era el premio a la política de rotaciones aplicada por Zidane, que aupó a la denominada ‘unidad B’, entregándole la responsabilidad de sacar adelante partidos cruciales. Futbolistas como Morata, Lucas Vázquez, Marco Asensio, James, Kovacic, Nacho o Isco espolearon a los titulares con sus solventes actuaciones y el malagueño incluso se abrió hueco en el once de campanillas, aprovechando las continuas ausencias de Bale.

Subido a lomos de su descomunal pegada -entre el 30 de abril de 2016 y el 20 de septiembre de 2017, el Real Madrid acumuló 73 encuentros consecutivos marcando-, se adjudicó otra Liga de las remontadas diez años después de aquella que firmó con Fabio Capello a los mandos, avasalló a la ‘Vecchia Signora’ en 45 minutos de fútbol total y dedicó el verano a profundizar en el rejuvenecimiento de su plantel.

Mientras el Barça se veía convulsionado por la fuga de Neymar al PSG y en la ciudad condal se clamaba por la dimisión de Josep Maria Bartomeu, todo eran sonrisas en la ‘casa blanca’. Se marcharon Coentrao, Danilo, Pepe, James, Morata y Mariano para hacer hueco a Vallejo, Theo, Marcos Llorente, Ceballos y Borja Mayoral. Una apuesta casi unánimemente aplaudida por jóvenes talentos que permitió conformar la que fue saludada como la mejor plantilla de su historia.

Desencanto otoñal

Pero la euforia estival se topó con el desencanto otoñal. Los triunfos de agosto frente al Manchester United de José Mourinho en la Supercopa de Europa y ante el Barcelona de Ernesto Valverde en la Supercopa de España permitieron a los futbolistas del Real Madrid afrontar el inicio de Liga pletóricos de moral. La fortuna –o el infortunio, según se mire– parecía haberse aliado incluso con Zidane para no obligarle a tomar la decisión de si convenía aparcar el 4-4-2 en beneficio de la BBC. Las continuas lesiones de Bale, la sanción a Cristiano que le dejó inédito las cuatro primeras jornadas y el desacierto de Benzema permitieron vestir galones a otros futbolistas como Marco Asensio, que tras deslumbrar en la Supercopa de España, volvió a tirar del carro frente al Valencia.

El cuadro de Marcelino le propinó precisamente el primer palo y a partir de ahí la sonrisa mutó en un rictus serio que derivó en incredulidad con los tropiezos frente a Levante, Betis, Girona, Atlético, Athletic y Barça.

Cuando nada lo presagiaba, el Real Madrid se ve con la soga al cuello en la Liga y un segundo puesto en la fase de grupos de la Champions tras verse superado por el Tottenham que le acabó cruzando, bombos mediante, con el temible PSG de Neymar, Cavani y Mbappé. Lo que pudo ser y no fue; lo que quizás será. Aunque eso ya quedará para un 2018 en el que los blancos tendrán que navegar con el viento en contra si quieren reverdecer laureles.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos