contracrónica

Sangre canaria para un milagro 'Glorioso'

Édgar define ante Sergio para marcar el gol de la victoria.
Édgar define ante Sergio para marcar el gol de la victoria. / REUTERS
  • Édgar salió, marcó, se lesionó e hizo historia para un Alavés transformado por Pellegrino

Justicia poética para el Alavés y también deportiva, ya que el correoso y bien trabajado equipo del 'Flaco' Pellegrino hizo mucho más que el timorato Celta para alcanzar su primera final de Copa tras 96 años de historia. Tuvo que ser un canario el que elevase su papel de secundario al de actor principal de la histórica clasificación de los vitorianos. Premio para los albiazules y noche épica para Edgar Méndez, uno de esos jornaleros del balón que reúnen grandes condiciones técnicas y físicas, pero que se han tenido que ganar la vida por muchos clubes antes de estabilizarse.

El tinerfeño, máximo goleador de los vascos en esta Copa con cinco dianas, militó antes en el Real Madrid C, el Betis, el Melilla, el Almería, el Jaén, el Tenerife y el Granada. Y eso que el centrocampista sólo tiene aún 25 años. Al poco de entrar al campo en sustitución de Gaizka Toquero, ídolo local, recibió un buen pase, se fue directo al área y superó con un toque sutil a Sergio Álvarez. Un toque de distinción de la inagotable escuela canaria. Sólo aguantó 14 minutos en el campo, ya que a los tres de descuento se tuvo que retirar por un tirón en la parte posterior del muslo izquierdo. Toda hazaña tiene su historia y la de Mendizorroza no podía faltar.

Pase lo que pase en la final, enorme éxito para Pellegrino y su equipo. El técnico argentino, firmado sólo hasta junio de este año, ha tenido que encargarse nada menos que del regreso a Primera de un histórico venido a menos. Volvió a los banquillos españoles tras un difícil estreno en el Valencia, pero se adaptó en tiempo récord al Alavés, donde ya estuvo en su etapa de jugador. Ha sabido adaptar su estilo de juego a una plantilla confeccionada a base de retales. El objetivo en el inicio de curso no era otro que la permanencia y no sólo tiene al Alavés en la zona media de la tabla, a nada menos que 14 puntos de la permanencia, sino que le ha clasificado para la segunda final de su historia, tras esa cita inolvidable en la Copa de la UEFA perdida ante el Liverpool por 5-4 en la prórroga y con un autogol de Delfí Geli en el Westfalenstadion de Dortmund.

Del lema «volvemos para quedarnos» al sueño de poder ser campeones, con permiso eso sí de un Barcelona que llegará como favoritísimo a la final pero que ya hincó la rodilla en Liga ante el 'Glorioso'.

Un ejemplo el de este Alavés que destierra el tópico de que el fútbol necesita tiempo. Ha dejado patente que se puede organizar un gran equipo en cuestión de meses, semanas casi. Pellegrino renunció a mantener el bloque del ascenso para forjar una nueva plantilla gracias el profundo conocimiento de Sergio Fernández, el nuevo director deportivo. La renovación ha sido total, sobre todo a base de cesiones. Un equipo que fue capaz de ganar en el Camp Nou, de empatar en el Calderón, de no encajar ningún gol en tres partidos ante el Celta y de eliminar al equipo que apeó de la competición nada menos que al Real Madrid, se merece un monumento.

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