El Norte de Castilla

Éder celebra el gol que le dio la Eurocopa a Portugal.
Éder celebra el gol que le dio la Eurocopa a Portugal. / Charles Platiau (Reuters)

resumen 2016

La obra cumbre de Éder

  • El delantero bisauguineano firmó el 'Saint-Denisazo' ante Francia y le dio a Portugal la corona soñada

  • La primera Eurocopa con 24 países decepcionó, sin grandes estrellas y con Gales e Islandia como animadores

  • Del miedo a los ataques yihadistas al terror de los 'hooligans' y la invasión de bengalas en los estadios

Incluso a día de hoy, sólo los frikis futboleros conocen quien es Éderzito António Macedo Lopes. Una amplia mayoría no le asocia con Éder, el delantero bisauguineano nacionalizado portugués que el 10 de julio marcó el gol más importante de su vida, y de la historia del país de Cristiano Ronaldo. Saliendo desde el banquillo en sustitución del joven Renato Sanches, dibujó un zapatazo increíble en el minuto 109 de la prórroga y le dio a Portugal la Eurocopa.

Fue ante Francia, en su templo moderno de Saint-Denis y con CR7 en el banquillo tras sufrir una lesión de rodilla. Un homenaje en el mejor escaparate posible, quitando un Mundial, al futbolista oscuro, a un jornalero del balompié que tuvo que sufrir burlas descarnadas tras jugar frente a Islandia y se ha ganado la vida por equipos como el Tourizense, el Académica de Coimbra, el Sporting de Braga y el Swansea galés, antes de recalar en el Lille.

Nacido en África, como el gran Eusebio, Éder decidió, tras un mes y 51 partidos, la Eurocopa más larga de la historia, con 24 selecciones en litigio y demasiados partidos aburridos. Negocio para la UEFA, pero nivel muy discreto de juego, gran equilibrio, nulas aportaciones tácticas y pocas estrellas capaces de marcar diferencias, a excepción quizá de Antoine Griezmann, Cristiano Ronaldo y en menor medida Gareth Bale.

A pesar de que 36 choques de la interminable primera fase sólo sirvieron para eliminar a ocho combinados y las potencias apenas sufrieron para avanzar, sí hubo sorpresas. Islandia, un pequeño país de poco más de 300.000 habitantes, se codeó con las selecciones que siempre siguió por televisión y luego hizo historia al imponerse a Inglaterra en Niza. Nuevo ridículo de los 'Pross', que ya acumulan una década de fracasos.

Gales e Irlanda del Norte lograron históricas clasificaciones, en el caso de los galeses como primeros de grupo, empujados por la magia de Bale. Los 'dragones' se impusieron en octavos a sus vecinos norirlandeses y luego remontaron ante los belgas para alcanzar las semifinales ante una Portugal que se coronó sin vencer ningún partido antes de la prórroga o los penaltis. Albania casi alcanza las eliminatorias, pero se marchó con la cabeza alta y recordando que consiguió su primer triunfo de la historia en un gran torneo (1-0 a Rumania).

Nadie se permitiría decir en Francia que Dimitri Payet «es mejor que Zidane», pero sí los aficionados del West Ham, a los que el mediapunta francés deleitó ya la pasada temporada con su magistral juego. A lo largo de la Eurocopa, el ex del Marsella entró en el corazón de los seguidores 'bleus', sobre todo con sus dos dianas para desequilibrar duelos difíciles ante rumanos y albaneses. Fue la estrella local hasta que apareció Antoine Griezmann, que no pudo emular a Michel Platini, el gran triunfador de la Eurocopa de 1984 con nueve dianas, y a Zinedine Zidane, la estrella de los 'bleus' en el título de 2000.

Los goleadores no fueron las grandes figuras. El mejor ejemplo es el de Zlatan Ibrahimovic. El sueco llegó como «una leyenda» y se marchó por la puerta de atrás. Cero goles, despedida de su selección a los 34 años y con una derrota ante Bélgica en Niza. «Me llevo lindos recuerdos», dijo antes de anunciar días después su sonado fichaje por el Manchester United de José Mourinho.

Pese a no estar en plenitud física, Cristiano Ronaldo fue de meno a más. Salió al rescate de las 'Quinas' ante Hungría y, antes de la final, fue determinante con su gol ante Gales en penúltima ronda. Creció a ritmo de récord: es el jugador que más partidos ha disputado de fases finales, el primero en marcar en cuatro Eurocopas consecutivas, el luso con más internacionalidades y el único capaz de alcanzar a Platini. Pero su compatriota Renato Sanches le arrebató dos marcas de precocidad: portugués más joven en ser convocado en una Eurocopa y en marcar.

Su gol de espuela ante los magiares fue una maravilla, aunque se vio superado por la chilena desde el borde del área del suizo Xherdan Shaquiri en octavos ante Polonia. En el 'top 5' de goles más bellos del torneo, el de vaselina de Griezmann o los misiles del francés Dimitri Payet y del eslovaco Marek Hamsik. Sobre todo en la primera fase, el duelo lo ganaron más bien los porteros, con el húngaro Gábor Király a la cabeza. Con 40 años, el calvo del chandal gris batió el récord de veteranía.

En el capítulo de anécdotas, por primera vez en la Eurocopa se enfrentaron dos hermanos. Fue durante el Albania-Suiza de la primera jornada del grupo A. Taulant Shaka jugó con los albanses y Granit con los helvéticos, que se impusieron por 1-0.

En el Suiza-Francia, varios helvéticos acabaron con sus camisetas rotas por simples agarrones, Mucha guasa y la apertura de una investigación por la empresa que las fabricaba. «Espero que Puma no haga condones», comentó con ironía el delantero suizo Shaqiri.

Seguridad extrema

En un torneo marcado por una seguridad extrema y el temor a los atentados yihadistas, los capítulos más deleznables los protagonizaron los hinchas violentos. Con la eliminación de Rusia, cuyos paramilitares habían generado numerosos incidentes, sobre todo en esa batalla de Marsella contra los ingleses que dejó un balance de 35 heridos, las autoridades francesas comenzaron a respirar.

Aficionados de Islandia con cascos vikingos, durante el partido ante Austria.

Aficionados de Islandia con cascos vikingos, durante el partido ante Austria. / Tobias Schwarz (Afp)

La vuelta del 'hooliganismo', un fenómeno que parecía extinguido en los grandes torneos, fue la primera noticia importante de la Eurocopa y tuvo un efecto llamada. A los disturbios de Marsella les siguieron más peleas por diferentes sedes. Aproximadamente medio millar de radicales fueron devueltos a sus países, pero a partir de octavos reinó la calma.

Hinchas de equipos que nadie esperaba avanzando revolucionaron el torneo con sus cánticos y colorido. Con la melodía de la canción 'Freed from Desire' de Gala, pero cambiando la letra, los norirlandeses hicieron un símbolo de un joven delantero que no jugó ni un minuto en Francia. Will Grigg juega en el Wigan Athletic, de la segunda inglesa, pero el 'Will Grigg's on fire' se convirtió en el himno oficioso del torneo. Otros seguidores lo retomaron incluyendo los nombres de sus estrellas, como los ingleses que cantaban «Vardy's on fire» o los islandeses con «Gylfi (Sigurdsson)'s on fire».

El título oficioso de animación se le debe adjudicar a la afición de Islandia, que llevó en volandas a su modesta selección al presentarse en Francia aproximadamente un 8% de la población. Golpes a tambores de guerra, miles de palmadas acompasadas, segundos de silencio, brazos en alto y '¡uhhs!' estremecedores, retumbaron allá donde jugaron los 'vikingos'. Próxima gran cita, el Mundial de Rusia en 2018.