El Norte de Castilla

TERCERA DIVISIÓN GRUPO VIII

Victoria de Unionistas en un mal día

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Álex González celebra el gol de la victoria perseguido por Oskar Martín. / MANUEL LAYA

  • El equipo salmantino suma su tercer triunfo consecutivo después de ganar al Zamora con un solitario tanto de Álex González, un atípico partido de los de Astu

Ganar es lo importante. Hacerlo jugando bien es, desde luego, motivo de alegría. Pero hacerlo cuando las cosas no salen del derechas es una virtud también a tener en cuenta. No fue el mejor partido de Unionistas. De hecho, fue probablemente el peor en lo que va de temporada. Pero los equipos que en mayo están arriba son los que se muestran fiables siempre o casi siempre. Y los que tienen argumentos para solventar situaciones comprometidas. Ese fue ayer el combinado que entrena Astu. Claro que toda esta teoría pudo venirse abajo en el descuento. Al Zamora le anularon el gol del empate en el descuento y el premio a un más que trabajado encuentro.

Los primeros minutos fueron de tanteo. Había que ver por dónde podían ir los tiros. A los de Miguel Losada pronto se le vieron las intenciones. Ser más rápidos. Armas tenían para lograrlo. Caramelo y Sopale en los extremos, más Raly como falso delantero, fueron un dolor de muelas para la defensa charra. Manu Arias, Toño León y Flórez a duras penas eran capaces de contener la guerra relámpago que proponían los atacantes rojiblancos. Los dos centrales tuvieron que tirar más veces de veteranía que de otra cosa para poder sostener a los suyos. Y es que el Zamora tiene buenos soldados. Pero le faltan generales.

Mientras tanto, con el balón en los pies, Unionistas se mostró confuso. Era más una sensación que algo palpable. Pases sencillos que no llegaban. Controles imprecisos. Desmarques incomprendidos. Poco a poco se fue contagiando esa enfermedad. Por mucho que Astu desde el banquillo trataba de descifrar el diagnóstico exacto, el míster no acertaba con el tratamiento para sanar a los suyos. La situación de hecho se hizo crónica hasta el final del partido.

Así tras los primeros minutos, el tablero de ajedrez estaba de la siguiente forma. O el Zamora marcaba primero porque simplemente tenía más peligro. O Unionistas, en una acción suelta, se ponía por delante. Más por calidad que por ocasiones. Las dos situaciones eran plausibles. En un lado porque Cristo Medina volvió a encontrarse con el larguero en un lanzamiento de falta desde la frontal. La posición, el golpeo y el ángulo que tomó el balón recordó al de muchos otros días. El resultado fue el mismo. A la madera. En el otro bando, porque Álex Caramelo era un dolor. Pillar en velocidad al ex del Ciudad Rodrigo es una empresa complicadísima. De hecho, una de tantas veces que se fue de su par en la primera parte encontró a Mario Sopale. La única razón por la que el antiguo jugador de Unionistas no batió a Javi Díaz es porque ni él mismo se esperaba que le fuera a llegar el balón.

Posteriormente, el Zamora volvió a tener otra nueva ocasión que se fue rozando el palo. La batalla estaba cada vez más cuesta arriba. Claro, que al final se impuso la ley del más fuerte. Óskar Martín robó en campo rival. El día que en el fútbol cuenten lo mismo los goles que el ganar la posición, el vasco será balón de oro. Álex González aprovechó el trabajo sucio del ‘Rifle’ para definir perfectamente. Unionistas golpeaba después de llevar todo el primer tiempo haciendo, a duras penas, de fajador. Encima, un segundo después, sonó la campana. Turno para pasar por vestuarios y reordenar ideas.

El segundo tiempo no fue demasiado distinto del primero. Si bien, con el paso de los minutos, el Zamora se fue partiendo poco a poco. Las llegadas se fueron distanciando más en el tiempo. También, Unionistas estaba mejor posicionado. Aunque el juego al que nos tiene acostumbrados la escuadra de Astu ayer ni estaba ni se le esperaba.

Encima había malas noticias en el frente. Antonio León se retiró lesionado. El central ya venía con molestias durante la semana. Ángel Martínez entró en su lugar. Era un cambio de cromos que poco varió lo presente. Tampoco lo empeoró. Los salmantinos seguían sin estar cómodos. Pero una vez más se vio el principal problema del Zamora. Los de Miguel Losada poco tienen que ver con la escuadra que el año pasado fue campeona del grupo VIII. Las buenas maneras de la primera parte se esfumaron a la vez que las piernas entraban en la reserva.

Unionistas, un poco más allá del ecuador del segundo acto, ya había asimilado que para ganar tendría que achicar mucha agua. Los cambios zamoranos así lo indicaban. Iñaki y Revidiego se colocaron entre los centrales para sacar un punto a la desesperada. Pero, inexplicablemente, el Zamora rehusó colgar balones a sus arietes, por lo que el ambiente pasó a ser de calma chicha más que de tormenta. Aún estaba por suceder la polémica del día. Con el descuento ya más que cumplido, Esteban Griñón, de falta, puso el balón en el área. Pistu remató a gol y cuando lo celebraba con sus compañeros, fue consciente de el banderín del línea estaba levantado. Cómo puede entrar un hombre en fuera de juego en una acción estática es un misterio que Unionistas no tiene intención de resolver. Porque lo importante es que los charros volvieron a ganar. Tres victorias seguidas. 25 puntos. Y un descanso por delante para olvidar lo que sólo ha sido un mal día. Que sean todos así.