Estela García: «Tienes que labrarte tu propia personalidad»

Estela García, en un parque infantil de José Zorrilla. /Antonio Tanarro
Estela García, en un parque infantil de José Zorrilla. / Antonio Tanarro
FÚTBOL SALA

La segoviana, nominada a mejor portera del mundo, analiza su evolución con el Futsi y la responsabilidad de su posición

LUIS JAVIER GONZÁLEZ Segovia

Quizás dentro de unos días se podrá decir que la mejor portera de fútbol sala del mundo salió de un patio de Puente Hierro. Así empezó Estela, jugando con su hermano –tres años mayor– en la posición que nadie quería y de la que ella se enamoró locamente. La niña que no sabía decir su nombre pero sí que el portero del Atlético era Molina no estaba obsesionada con los goles: «Yo nunca he soñado de pequeña con meter el gol de la final de la Champions, me gustaba estar debajo de los palos». la segoviana ya está entre las diez mejores arqueras del planeta.

Estela no vio en el esférico un enemigo: «Nunca tuve miedo al balón porque siempre he sido un terremoto, me iba a hacer el cafre con mi hermano a cualquier lado». No olvida cómo empezó todo; a su vecina Estela que le convenció para probar con el Unami y a la entonces portera del primer equipo, Laura. Su voz cambia cuando habla de ella: «Era buenísima y bajaba a entrenar con nosotras. Hay cosas que me enseñó ella antes que nadie». En un suspiro ahí estaba ella, bajo palos y jugándose una ascenso con apenas 14 años en una experiencia que marcó su carrera. «Me metieron dos goles, me vine abajo y el entrenador me dijo, ‘este partido lo acabas tú’. Me hizo ver que aunque la cagues, no pasa nada. Cuando estás en el campo tienes que olvidarte de todo, incluso cuando haces un paradón. La próxima vez que vuelva el balón, todo es pasado».

El Futsi Atlético Navalcarnero, el mejor equipo del fútbol sala nacional, se llevó a Estela del Unami en 2015. El día de su debut temblaba el mundo a su alrededor, pero mantuvo sus rutinas: salir la última al campo y tocar los tres palos porque su padre siempre decía que la portería hay que colocarla. «Un portero siempre tiene que mandar y yo llegaba ahí con la boca cerrada. Llegas a un equipo que lo ha ganado todo y dices, en la que he me metido, que esto no es para mí. ¿Dónde voy yo? Ellas me calmaron,‘ tú dinos lo que sea, que te tenemos que oír’. Y eso me dio mucha confianza”.

Bajo palos está la zona gris, la posición incomprendida. «Hay que saber vivir con la parte de responsabilidad que te toque; en dos minutos puedes salvar a tu equipo y hundirlo. Hay que tener la mente muy fría». A sus 24 años, su trayectoria es la de una veterana, pero cuando llegó al Futsi tenía que sustituir a Belén de Uña, la mejor guardameta de su generación: «Tienes que labrarte tu personalidad y entender tus puntos débiles y fuertes. No puedes sustituir a nadie, solo aprender y entender que eres única». Estela es especial por su envergadura pero ha mejorado sus fallos, como el juego con los pies. «Antes era muy torpe. Ahora solo soy torpe [ríe]».

El día de Estela es una maratón. Se levanta a las seis de la mañana, trabaja como ingeniera aeronáutica en una subcontrata de Airbus. Por la tarde estudia un máster y a las ocho de la tarde se marcha a entrenar con el Futsi. «Más allá de la calidad, cuando estás dentro te das cuenta de que es un equipo que ha trabajado mucho para poder llegar a ganarlo todo. Echamos muchísimas horas, hay cosas que no son casualidad». Su progresión con el club tuvo premio y llamó la selección española. «El debut contra Portugal es un partido que recuerdo con mucha alegría, en un campo gallego al que iba siempre con el Unami y donde despedimos a Elena. Escuchar el himno y estar ahí abajo llena».

En el mejor equipo de España nadie vive del fútbol sala. Estela agradece que el club y su trabajo faciliten al máximo la conciliación porque sabe que aquí «es muy difícil» vivir de ello y relata el viaje a Italia de varias jugadoras españolas porque los sueldos son mayores. Es una prueba de la enorme distancia con el masculino. «Es muy frustrante que los chicos lo tengan todo, su Mundial reconocido por la FIFA, y nosotros no hayamos tenido un solo Mundial oficial. Estamos haciendo un esfuerzo para que vaya hacia delante y creo que todos debemos poner un poco más de nuestra parte».

El de Estela es el triunfo, seguramente aún lejos de la norma, de esa valiente que no se dejó intimidar por el contexto. Todavía recuerda esos días en el patio cuando tocaba jugar el fútbol y las chicas se quedaban hablando al lado de la portería mientras otros se adueñaban de la escena. «Creo que hemos demostrado que no es un deporte de chicos. Por lo menos, hemos sido unas cuantas las que sí que estábamos pendientes del balón». El futuro estaba escondido en aquella portería.

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