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El hombre que habla a la montaña

El hombre que habla a la montaña
/ Santiago Bellido
  • por donde pasa el pisuerga

  • José Antonio de Pablo 'Depa' descubrió hace 15 años las carreras Ultra Trail. Abandonó la comodidad laboral para ejercer de periodista y 'speaker' mientras seguía participando desde dentro en múltiples pruebas. Metido en su papel, es la voz de las grandes pruebas internacionales. Pero todo es relativo…

Hace unos días recorría en Sudáfrica las Montañas del Dragón, Drakensberg, en una prueba de 50 km y 3.000 m de desnivel, la I Lesoto Ultra Trail. Diecisiete horas de avión después, y tras una miniescala en su casa, viaje al Atlas de Marruecos y, sin parar, otra nueva carrera en Lanzarote. En las tres vertientes: como corredor, como periodista o como 'speaker'. La vida como una aventura. Este es José Antonio de Pablo 'Depa' (Valladolid, 19-11-1971).

Depa podría significar en el lenguaje africano suajili, 'la voz cercana a las carreras', o 'el hombre que habla a la montaña', pero en realidad es algo menos romántico. Es el apodo resultante de reducir a dos sílabas su apellido (incluyendo la preposición) que le pusieron ya de niño en el colegio San Viator. «Allí me inculcaron los valores de amor al deporte, fundamentalmente a través de Julio de Paz», dice Depa. Este centro contaba con amplia tradición en el balonmano (con Pastor, Raúl y Jota), y él lo practicó hasta los 19 años, cuando se dio cuenta de que, con 56 kilos, se le hacía cuesta arriba. Sin embargo, también conoció otros deportes.

Su paso siguiente fue el triatlón, aunque la ausencia de tiempo hizo que fuera aparcando la bici y se dedicara a las carreras populares, cada vez de más distancias. «No es que tenga grandes marcas», dice. Pero tampoco pequeñas.

La montaña siempre había estado presente como lugar de disfrute de la naturaleza. En 2001 participa por vez primera en una carrera de trail. Fue la Marató i Mitja de Penyagolosa, en Castellón. 63 kilómetros de una prueba que, junto con las de Galarleiz, el Maratón Alpino madrileño y La Cursa del Vall de Congost, en Barcelona, son las que se conservan como más antiguas, según Depa. «Eran las carreras pioneras. Y pensábamos que eran una locura. Ahora se hacen de mucho más distancias».

Después ya fue un enlazar una carrera y otra. En esas fechas, José Antonio de Pablo trabajaba en el apartado comercial de Michelin, vivía en Madrid y tenía una clara proyección internacional. Desde 2005 lo compagina con colaboraciones en la revista 'Runner's World', pero es a finales de 2006 cuando este medio escrito le propone un puesto fijo de periodista. «Lo valoré. Estaba claro que desde el punto de vista económico no tenía nada que ver, pero aposté por ello, por viajar, correr. Aprendí cómo se trabaja en una redacción y pude ir a campeonatos del mundo de atletismo, conocer a los mejores, como Usain Bolt, estar en los Juegos Olímpicos de Pekín…».

Su tercera ocupación ligada a este tipo de carreras le llegó un día forma casual. «Fue en Tenerife. Estaba de periodista cuando el 'speaker' me dijo que cogiera el micrófono mientras él hacía una pequeña prueba de medio kilómetro vertical. Me gustó a mí y a la gente que me escuchaba, porque me contrataron en ese mismo momento para dos carreras más». Ahora realiza como 'speaker' 40 citas al año y es la voz de muchas de las principales a nivel internacional. De forma autodidacta, su intensa relación con los corredores (es uno más de ellos) es palpable. «Cuando llegan a la meta lo que pretendo es aproximar a los corredores al público desde el punto de vista personal. Parte del mérito es de ellos, que me buscan para darme un beso, levantarme en brazos... Nos hemos ayudado a crecer, ellos a mí y yo a ellos». En estos escasos instantes, Depa es capaz de emocionar contando una historia de superación, o de esfuerzo, o incluso un casamiento. «Me siento o me tiro al suelo... Sufro con ellos», relata. Y es que, ataviado con un sombrero y unas gafas, se ha creado detrás un personaje. «Yo no soy realmente así. Por supuesto que actúo. Soy muy de escuchar mi música, de la Seminci... Esos baños de multitud, luego precisan de momentos de autismo para descomprimir y que no se me vaya la pinza».

Los Andes, los Alpes, el Himalaya, el Aconcagua, las Montañas Rocosas de EE UU la Patagonia, Etiopía... son algunos de los lugares en los que ha estado Depa. El próximo mes de marzo irá a Colombia y a Ecuador. Y, sin embargo, él mismo ha tornado en cuanto a su visión. «He vivido una evolución en la percepción que tengo en las carreras de montaña. Inicialmente, eran un reto deportivo, todo era competición. Luego tuve un momento de rechazo, intentando salvar los valores de la montaña y de la naturaleza. Ahora busco la experiencia: el viaje, el contacto con la gente. En África existe esta pátina de humanidad: ese intentar comunicarse contigo te pone la sensibilidad a flor de piel». Lo dice alguien que pasa 250 noches viajando fuera de su casa.

«Me muevo por emociones y sentimientos, cuando eso falle, que llegará ese momento, lo dejaré…». La cercanía con los corredores se deja notar. Depa sigue entrenándose con ellos. Alojarse en la casa de un atleta que acaba de conocer o compartir mesa en la casa de la madre de un africano que llegó a España debajo de un coche son algunas de las vivencias que le da la montaña. El compañerismo y relativizar las marcas, dándose cuenta de que no eres una estrella aunque bajes 30 segundos, son consejos que lanza al viento. Y lo pregona incluso en su grupo de corredores de Solorunners, comunidad de atletas que todas las semanas salen a practicar este deporte por la ciudad.

Lo que sí percibe José Antonio es la diferencia entre la carrera por asfalto y por montaña. «Aquí te caes y el que va detrás se para y te ayuda. Y esto sucede incluso si eres Luis Alberto Hernando, el burgalés bicampeón del mundo. Hay una esencia que no se ha perdido», comenta Depa. A su juicio, corredores como este o como el gran Kilian Jornet, o antes Kiko Soler o Teresa Roca, Raúl García Castán o Miguel Heras, son algunas de las figuras que, al lado de las marcas como Salomon o el buen hacer de los organizadores han situado a España como una de las grandes potencias. Un deporte que no acaba de ser definido si depende de la federación de montaña o de la de atletismo.

Igual que para el creyente sería algo sagrado, para Depa la montaña es algo inabarcable, y lo que le hace feliz es darse cuenta de lo insignificante que es el ser humano comparado con la naturaleza. Y la importancia de «disfrutar y vivir», porque «esto es un estar y no estar». Lo dice la voz de la montaña.