Séptimo triunfo seguido de Julio Martín en la Carrera del Pavo

Julio Martín entra en primer lugar en línea de meta en la carrera de semifinales. /Antonio Tanarro
Julio Martín entra en primer lugar en línea de meta en la carrera de semifinales. / Antonio Tanarro
CICLISMO

Nueve de los 119 participantes completaron el recorrido en un día festivo en el que la ciudad se ha vestido de gala

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

La victoria más especial de Julio Martín Gómez –y ya van siete seguidas desde su primer entorchado en 2011– era poner el dorsal a su hija de 10 años, debutante en la carrera que ha hecho grande a su padre. Con la tranquilidad de la experiencia y reconociendo haber contado con menos tiempo que otros años para preparar su día fetiche, ahí estaba colocando con cuidado los imperdibles del número 93 de Lucía. Y todo quedó en familia. La Carrera del Pavo fue para Julio, que ha necesitado llegar tres veces a la plaza Adolfo Suárez para vencer a tanto adolescente rebelde. Y ganó Lucía, primera fémina, a los pies de El Bernardino. Una familia sin cadenas.

Con una climatología muy favorable, sin hielo y con un sol dominante, hubo nueve corredores que completaron el recorrido, desde Teodosio El Grande. El auge de la prueba, con 119 participantes, se plasma en un sistema de competición puesto a prueba. Como en la anterior edición, han sidonecesarias las semifinales y la gran final. Allí estaba Julio, el mecánico –regenta un taller en La Lastrilla– con maneras de relojero, pues convierte el paso de los años en una ventaja. Al compás de su hija, ya sorteaba las últimas pendientes con medio minuto de ventaja sobre Hugo Sanz y Marcos García, dos cadetes de 15 años que prometen destronar al rey. Es la ‘generación Julio’, un lustro en el que la carrera se ha asegurado el recambio. Nadie suma tantos triunfos consecutivos en la prueba y solo José Luis Mayo, con nueve victorias, le supera en el palmarés.

«Si sigue subiendo gente hasta arriba tendrán que cambiar las normas porque acabas reventándote, y sin apenas tiempo de recuperación», analiza el ganador en su paseo triunfal hacia el podio. Por eso, quienes aspiran al triunfo tratan de dosificar una primera tanda que ya no es tan crucial como antaño. Propone que quienes lleguen arriba compitan en una segunda en la que se cronometren los tiempos. ¿Dónde está el secreto de tanto triunfo? «Se gana con mucho esfuerzo. Es una carrera al límite, casi rozas con el manillar a los compañeros, a la gente. Todo debe ser muy preciso».

Segovia se vistió de gala para abrazar a su carrera octogenaria. Entre los anonadados turistas y los puntos más masificados de gente, bajaban los valientes conservando impulso en esas bicis sin cadena. Es la fiesta de los disfrazados, de los pequeños objetivos personales, que la tiza inmortalice su huella más lejos que el año anterior. Y en un entorno de generosidad palpable. Dos corredores se quedaron sin bici a última hora y pudieron bajar con la que les prestó otra participante. Las chicas piden más promoción para ganar adeptas a la prueba y que su categoría también se premie con el pavo de los hombres. La hija de Julio podría ayudar a esa difusión a no mucho tardar.

Uno de los ciclistas a su paso por la Calle Real.
Uno de los ciclistas a su paso por la Calle Real. / Antonio Tanarro

Hasta la sede de la Subdelegación del Gobierno llegaron nueve elegidos con sus circunstancias. Mucho veterano orgulloso y mucha cantera, deseosa de una tradición ciclista que en Segovia se hereda. Iván Gómez, Antonio Fraile, Miguel Martín, Alejandro San Miguel y José Antonio Fraile se quedaron en semifinales. Nunca antes habían completado el recorrido tantos ciclistas. Bajarían juntos en dos tandas –una de cinco y otra de cuatro– y los dos primeros de cada una sufrieron otra ronda. Rafael Sanz, que acabó cuarto, era el más feliz de la foto; su hijo, Hugo, había terminado segundo.

Es la carrera, cómo no, de Pedro Delgado, echando pie a tierra antes de la librería Cervantes para decir «esto es más difícil que el Tour de Francia». El público gusta de reconocer el esfuerzo de cada corredor cuando dice basta, pero su concurso desata un estruendo particular. «Llevo casi 40 participaciones y no hay manera de llegar mucho más arriba, pero es una buena ocasión para quemar las calorías de Nochebuena», sonríe el ganador del Tour de 1988, encantado con la respuesta ciudadana. «Cuando se cambió el trazado se suavizó la pendiente. Con la técnica que tienen hoy los chavales, llegan arriba y hay que hacer línea de meta. Yo creo que es bonito porque hay pique. Antes era más festivo, pero la gente se entrega y hay que venir preparado».

Delgado reconoció a Feliciano Martín ‘Pitano’, de 83 años, como un clásico del ciclismo segoviano. Un habitual de la prueba desde su adolescencia, Pitano, ahora en Comillas (Cantabria), volvía a correr tras más de 20 años de ausencia. Recibido cual hijo pródigo, miraba su bici de 3.000 euros y recordaba cuando competía en los años 40 con monstruos de más de 20 kilos. «Yo me conformo con llegar el último. Lo que quiero es crear afición». Reto cumplido. Entre él y las nuevas promesas imberbes hay casi 70 años de Pavo. Ahí es nada.

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