Balonmano

La calidad del BM Logroño se impone al Recoletas

Garza y Adrián tratan de frenar a Del Arco. El Norte/
Garza y Adrián tratan de frenar a Del Arco. El Norte

Las individualidades riojanas doblegaron el buen juego de equipo vallisoletano

OPTASPORTLogroño

Un parcial de 5-0 en los primeros compases del segundo tiempo marcó las diferencias en un duelo equilibrado hasta que la defensa del BM Logroño apretó los dientes y tiró por tierra el buen hacer, hasta ese momento, de un Recoletas Atlético Valladolid que no tuvo respuesta ante las individualidades de Ángel Fernández, Garciandia y Castro, que con 22 goles entre los tres, noquearon a los de Nacho González.

34 BM Logroño

Krupa (p), Miguel Sánchez Migallón, Montoro (1), Muñoz (3, 2p), Garabaya, Kukic (2) y Ángel Fernández (9), siete inicial, Del Arco (1), Kusan (2), Castro (6), Garciandia (7), Paredes, Chiuffa (2) y Cadarso (1).

30 Recoletas Atlético

Javi Díaz (p), Adrián (4), Fernando (3, 1p), Río (3), Serdio (3), Gonzalo y Víctor Rodríguez (5), siete inicial, Nicolás (3), Garza (1), Serrano (2), Roberto (3), Turrado (1), Diego Camino, Héctor, Miguel Camino (2) y César (ps.).

Parciales:
2-2, 5-6, 7-8, 11-11, 13-14, 16-16 (descanso), 19-18, 23-21, 27-22, 30-23, 32-27 y 34-30.
Árbitros:
Jesús Álvarez Menéndez y José Carlos Friera Cavada. Excluyeron a los locales Garabaya (min. 11), Chiuffa (min. 32), Paredes (min. 51) y Kusan (min. 56) y a los visitantes Garza (mins. 8 y 31), Diego Camino (min. 27), Serdio (min. 35) y Miguel Camino (min. 46).
Incidencias:
800 espectadores en el Palacio de los Deportes.

El Valladolid sabía que para ganar en el Palacio debía contar con menos errores que su oponente, tener más claridad en ataque y buscar la manera de imponer el ritmo adecuado en cada momento para llevar el duelo a su terreno. Lo consiguió durante bastantes minutos. Enfrente un BM Logroño irregular que busca su hueco. Está a mitad de camino. Jota González y sus pupilos saben lo que quieren hacer, pero les cuesta ejecutarlo, sobre todo durante el mayor tiempo posible. Por ahí le pueden hacer daño sus oponentes.

Este BM Logroño ofrece lagunas, pequeños agujeros negros que le pesan y favorecen que los adversarios puedan estar cerca de ganar en un lugar difícil en otras campañas, como es el Palacio. Y el Valladolid actuó sin complejos en la capital riojana. Quiso aguar el inicio de las fiestas de San Mateo a los anfitriones. Para tal menester fue mandando durante muchos minutos en el electrónico. Encontró las vías para superar a Krupa, y eso que el checo hizo buenas paradas, y supo contener las individualidades, hasta que pudo, de un BM Logroño inconsistente en ambos lados de la pista.

El equilibrio fue la tónica en los primeros compases aunque los de Nacho González iban siempre por delante en el electrónico; 3-4, 5-7, 7-8. La velocidad de los pucelanos, en este sentido, impedía a los locales reaccionar. Para que eso sucediera, los franjivinos debían encadenar buenas acciones y que los vallisoletanos se atascaron en su fluidez de balón si la defensa no funcionaba. Aspecto que provocó, por ejemplo, una ligera renta local antes del descanso, 16-14 Los goles de Rubén Río y Víctor Rodríguez trastocaban a un BM Logroño que mostraba dudas si sus mejores hombres no salían a relucir. Porque Castro o Garciandia, además de los contragolpes liderados por Ángel Fernández eran lo más potable en ataque, ya que la defensa iba a ratos, como si los riojanos escogieran cuando apretar o no. Algo parecido aconteció para que el BM Logroño arrancara un parcial de 5-0 para escaparse, del 20-21 al 25-21 y dinamitar el encuentro.

Salvo un ramalazo en la primera mitad, del 13-14 al 16-14, el equilibrio y la alternancia era habitual. Por eso hay que resaltar ese puntito de agresividad exhibido por los riojanos ya que ahí estuvo la llave del triunfo ante un Valladolid que tuteó, en fases de la primera parte a su oponente, y que no bajó los brazos pese a la superioridad mostrada tras el paso por los vestuarios.

Si Castro ofrecía cosas diferentes al ataque logroñés, Garciandia y Ángel Fernández acabaron por dilapidar las ilusiones de los hombres de Nacho González. El buen hacer del lateral, con 7 dianas, y del extremo, autor de 9 tantos sin fallo, unido a su buen entendimiento defensivo con Garabaya y Miguel Sánchez-Migallón en los primeros quince minutos de la segunda mitad resultaron letales para que el Valladolid pasara de creer en el triunfo a resignarse con la derrota.

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