Brakocevic, un navero más

Dani Gordo da instrucciones a Brakocevic en el Pedro Delgado./Antonio de Torre
Dani Gordo da instrucciones a Brakocevic en el Pedro Delgado. / Antonio de Torre
BALONMANO

El lateral serbio se siente «parte de la familia» y avisa: «Podemos hacer cosas increíbles en la segunda vuela»

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Si quieren ver un vestuario familiar, imagínense a Carlos Villagrán empeñándose cada día en hablar con Toma Brakocevic, el primer extranjero de la historia del Viveros Herol Nava, como si tuviera un inglés de Oxford. «Tenía miedo de cómo iba a acabar todo, de si me iban a aceptar, pero ha sido increíble. Es grande ver al capitán haciendo un esfuerzo cada día por hablar conmigo. Hacemos chistes siempre con eso, él realmente cree que puede hablar y su inglés es horrible. Nadie entiende nada, pero es algo muy bonito». Con gestos así, el lateral serbio está cuajando una gran temporada y su confianza va a más: «Creo de verdad que podemos hacer cosas increíbles en la segunda vuelta».

Brakocevic sigue los pasos de su padre, que jugó varios años al balonmano en Italia. El resto de la familia le acompañó durante un año, pero el grueso de su infancia la pasó en Serbia. Su ciudad fue una de las pocas que no bombardearon las fuerzas de la OTAN durante el conflicto de Kosovo, pero creció en la rutina del miedo. «Recuerdo las sirenas sonando a las seis o siete de la tarde y la gente corriendo hacia los refugios. Estábamos jugando en la calle, como cualquier niño del mundo, y los padres salían a toda prisa a buscarte. Estábamos en casa y todas las noches teníamos el equipaje preparado por si pasaba algo y nos tocara huir». Era 1999 y tenía diez años. Se muestra agradecido de que la guerra no cambiara su vida, pero se pasó meses «muy asustado» por si el Ejército reclutaba a su padre. Sus problemas auditivos le libraron de tan ingrata tarea.

El deporte es el billete a una nueva vida en Serbia. «La situación es muy mala. La gente trabaja 10 o 12 horas todos los días por 250 euros y se marchan a otros países. Muchos hacen deporte porque es una forma de huir de toda esa miseria. Y esa fue también mi decisión». Las condiciones económicas han forzado a muchos jugadores prometedores a dejar el país con 18 años para alimentar a sus familias y él identifica un descenso claro en el nivel del deporte nacional. Brakocevic cursó dos años de formación universitaria de Educación Física en Novisad hasta que llegó una oferta a 500 kilómetros: «Perseguí mi sueño de ser jugador profesional». Mediada la temporada, el equipo entró en quiebra, así que dio un paso más y fichó por el club donde triunfó su padre, el Cassabi Magnano, cerca de Milán.

Tras dos años en Italia, se marchó al Belfort francés. Tras un año «horrible» en el que tuvo operaciones de mano y rodilla, tomó el camino de vuelta: «Nadie quería hablar conmigo en inglés, ni mis compañeros. No porque no supieran, sino porque creen que tienes que hablar francés. No eran nada acogedores, muy fríos y yo soy un tío social normal, me gusta hacer amigos. Por eso valoro mucho lo que he encontrado en Nava». Tras recuperar la confianza en Italia, recaló en verano en tierras segovianas. «Solo sabía que era un club serio que había fichado a muchos jugadores. Simplemente estaba feliz de probar algo nuevo y ver si podía hacerlo. Al principio fue difícil coger el ritmo y entender cómo funciona el balonmano aquí, pero me siento con mucha confianza y cada partido juego mejor».

Brakocevic vive en Valladolid con su esposa, argentina. Ayuda inestimable para los primeros días en el vestuario; apenas articulaba palabra, pero algo entendía. Su castellano es notable para el tiempo que lleva y su inglés es inmaculado. A sus 29 años, parece el hombre indicado en el lugar indicado. Sus 37 goles en División de Honor Plata son solo una parte de su creciente aportación. «Estoy en mi mundo perfecto, llevo una gran temporada. En Italia el nivel es muy bajo y en Francia [jugó en 3ª división] se centran en hacer animales de gimnasio. La gran diferencia que he observado aquí es lo importante que es preparar el partido. Nuestros entrenadores hacen un trabajo extraordinario, lo sabemos todo del jugador al que nos vamos a enfrentar. Es algo que aprecio mucho».

El Viveros Herol Nava ocupa la tercera posición de la tabla con 18 puntos, a tres del líder, Conservas Los Dólmenes, que ostenta la única plaza de ascenso directo a Asobal. Tiene a su vez un colchón de tres con el sexto, que ya no disputaría la otra plaza de promoción. «Queremos ser primeros, si subimos por ‘play off’, perfecto, pero estamos trabajando muy duro para ser primeros. No estoy pensando en la siguiente temporada, solo imagino a la gente gritando porque hayamos ganado la Liga. Eso es lo que quiero. Eso es lo que quiero».

El equipo va a más. Sus escasas derrotas, como la que sufrió ante un rival directo como Alcobendas, responden a meros detalles. El balance de cuatro victorias y un empate en las últimas cinco jornadas es el mejor de la competición, solo igualado por el Sinfín cántabro. «Hay muchos buenos equipos y nunca sabes quién puede ganar o perder. Pero realmente creo que podemos ser primeros porque cada semana estamos yendo a más. Es muy difícil hacer jugar bien a un equipo con ocho jugadores nuevos y creo que después de cuatro meses estamos mucho mejor que al comienzo».

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