División de Honor Plata

Al asalto del primer equipo

Sergio Segovia, Carlos Colomer y Jonathan Martín posan a la entrada del pabellón con parte de la historia escrita del club a sus espaldas.
Sergio Segovia, Carlos Colomer y Jonathan Martín posan a la entrada del pabellón con parte de la historia escrita del club a sus espaldas. / Ó. SJ. H.
Balonmano

Carlos Colomer, Sergio Segovia y Jonathan Martín, canteranos del segundo conjunto, esperan su oportunidad con el Viveros Herol Balonmano Nava

Ó. SJ. H. Nava de la Asunción

Nava de la Asunción es una localidad perdida en pleno corazón de la comarca de Tierra de Pinares. De núcleo tradicionalmente industrial y obrero y con cerca de 3.000 habitantes, la desarticulación progresiva del entramado laboral del segundo sector con la evolución de la economía ha ido restando fuerza al municipio en su estructura demográfica y económica, aunque hay bastiones que aún perviven con fuerza en el entorno de las llamadas ‘Ordas’.

Si uno atraviesa la carretera provincial que da entrada al municipio desde Santa María la Real de Nieva en un día de partido, oirá los gritos de la afición incluso a la altura de la Plaza de Toros. En la Avenida del Balonmano Nava, que recibe ese nombre por razones obvias, el barullo es ya notable. El trabajo, la constancia y la progresión son varias de las cualidades que caracterizan al Viveros Herol Balonmano Nava y que son recompensadas cada quince días en el viejo polideportivo de la localidad, por aficionados, mayores y jóvenes, algunos de los cuales sueñan con defender la camiseta del primer equipo, como Carlos Colomer, Jonathan Martín y Sergio Segovia.

Los jóvenes canteranos sostienen un balón de balonmano en una de las zonas de entrenamiento a las afueras del pabellón. / Ó. SJ. H.

Canteranos del segundo conjunto, están realizando la pretemporada con el primer equipo aspirando a disputar minutos en la pista con algunos de los baluartes naveros del momento. Los tres coinciden en señalar a la base del club como una de las referencias actualmente vigentes y a pleno rendimiento en la entidad, así como en apuntar a Ricardo Margareto –para el que solo tienen buenas palabras– como el gran artífice de su progresión y mejora dentro del equipo. Son conscientes de estar inmersos en un momento de transición y acople en el que tienen un pie fuera del filial y otro puesto en la falda de la colina, por lo que definen la situación como «complicada» a tenor del notable cambio de rango interno que supone un salto semejante. Los nervios, la diferencia de poderío físico o la fortaleza mental son algunos de los elementos que condicionan su situación y están en el discurso de los aludidos.

Un valenciano bajo palos

De los tres, el más veterano es Carlos Colomer. Un valenciano, como el propio apellido indica, que recaló en Segovia hace unos años por cuestiones personales para terminar defendiendo la portería navera. Y vaya si lo hace. A sus 25 años de edad, bien puede ser considerado como uno de los puntales del segundo conjunto del club. Las condiciones físicas y la vida quisieron que empezase a practicar el balonmano de pequeño, cuando se dio cuenta de que su sitio no estaba en el fútbol y decidió pasarse a las canchas, que en ese momento ofrecían una ‘vacante’ bajo palos en tierras valencianas. El momento que atraviesa en la actualidad, según cuenta, es «difícil» y señala específicamente como causante de ello a la complejidad que a menudo supone la diferencia de responsabilidades y el rol asumido dentro del vestuario. No es fácil ser rey en un feudo y campesino en el otro.

En ese sentido, cuando uno actúa como soporte clave en un equipo base y ‘pieza de recambio’ en la instancia superior, gestionar las emociones se torna un reto. Y más todavía en la portería, una de las demarcaciones más fijas dentro de todo club, por lo que disputar minutos depende a menudo de un golpe de suerte. No obstante, lo cierto es que asegura estar aprovechando el momento para «aprender, aprender y aprender». Asumir conocimientos en cada sesión de entrenamiento y hacerlo al lado de Yeray y Ernesto, los porteros del primer equipo y a los que elogia, es su objetivo y en ello está.

«Recuerdo una vez que estábamos entrenando y estaba yo de portero. Tenía un mal día y me las estaban colando todas, así que le dije a Ernesto que cambiásemos porque no lo estaba haciendo bien y me contestó: ‘No, sigue ahí, continúa hasta que pares un balón’. Al final lo paré». La anécdota refleja parte de la dinámica en la que Colomer está envuelto ahora mismo y la buena percepción que tiene de quienes no dejan de ser sus compañeros. Su afición por el balonmano es tan sincera que también dedica tiempo a la cantera de la que él mismo forma parte. Lo hace entrenando al equipo de cadetes del club, donde asegura que hay ‘material’ de sobra para entretener y entretenerse. «Sin duda la cantera de Nava tiene futuro. Están saliendo generaciones muy buenas».

De la tierra

Casos diferentes son los de Jonathan Martín y Sergio Segovia, dos de las promesas en las que más esperanzas está depositando el club. Con algunos minutos ya disputados a sus espaldas en la actual pretemporada del primer equipo, ambos jugadores se presentan como posibles futuros recambios de un conjunto de División de Honor con una media de edad elevada y que ha visto llegar este año a los primeros jugadores extranjeros de la historia del club, lo que quizá pueda ser visto por algunos como un motivo de peso para reivindicar de forma especial la cantera. Los dos han crecido en la localidad y conocen este deporte desde abajo. Encajan en la definición de canterano total pues han pasado por todas las divisiones inferiores desde que comenzaron hasta ahora.

Jonathan Martín vive, a sus 19 años, con ilusión el momento que atraviesa. En su opinión, los aficionados naveros disfrutan tanto viendo debutar a un jugador de la casa como viendo a jugadores venidos de fuera, aunque pocos pueden alardear como él de las ovaciones que recibe cuando entra. Si tuviese que elegir uno de los elementos que distinga a la cantera navera de otros filiales, ése sería el trabajo que realiza. «Con Ricardo hemos mejorado mucho». De eso está seguro, de la misma forma que no lo está por ahora de cuestiones tan variables como si aspira a tener una presencia testimonial o un sitio fijo en el primer equipo. Desconoce también si puede llegar a vivir del balonmano algún día. «Ojalá, aunque es muy difícil», afirma.

«Yo de momento me veo más en el segundo equipo. Juegas algunos minutos en pretemporada, entrenas, pero hay todavía mucha diferencia física. A veces juegas con gente de 30 o 40 años». Dar tiempo al tiempo es una de las claves que ayudan a allanar la complejidad de esa ‘fase de transición’ en la que están inmersos. Martín es consciente de que en División de Honor Plata, cuando arranca un partido, se juega y ya está. Nadie tiene en cuenta la edad o las condiciones físicas de cada cual. Esa circunstancia se suma al conjunto de factores que afectan a su día a día de trabajo estando a medio camino entre uno y otro equipo.

Su compañero y amigo Sergio Segovia debutó con el equipo de Plata el mismo día, en el mismo encuentro y casi con las mismas sensaciones que él. Nervios e ilusión a partes iguales. Segovia coincide con Martín en el importante papel que ha jugado Margareto «inculcando valores» y en la dificultad que supone encontrar un hueco en el primer equipo hoy por hoy. «Es difícil, vienes de juvenil y el salto es grande, aunque es un premio al esfuerzo, tanto personal como de la cantera», apunta. Formado también en todas las categorías inferiores del club y con apenas 17 años de edad que le hacen el jugador más joven que sube ahora con los de Dani Gordo, Sergio Segovia lleva en este deporte «desde los 9 o 10 años». «El salto de juvenil a Honor se nota mucho físicamente y a nivel mental», concuerda con el resto.

Para Sergio Segovia, la cantera es una pieza fundamental en el engranaje de un club. «Yo creo que siempre hay que reivindicarla porque sin continuidad en la cantera... el dinero no lo es todo. Lo bonito es el aire de familia que se mantiene gracias al pueblo. En Nava somos todos uno, afición y equipo. Si el hijo de alguien juega, vas a verle», indica. La filosofía que riega la entidad da sus frutos en la mentalidad de los jugadores, que ven futuro en el equipo y miran al mañana con ganas. «Para los chavales que empiezan ahora, es importante ver que pueden progresar», apunta Martín. Ninguno de los tres mandaría un mensaje concreto a Dani Gordo, al que ven como un buen «profesional», y por ahora prefieren continuar haciendo su trabajo. Méritos y resultados, de los que ya se ha visto algo, terminarán por llegar si es que tienen que hacerlo.

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