JUAN ANTONIO CORBALÁN

«Ahora todos los niños quieren ser el mejor del mundo y ganar mucho dinero»

Juan Antonio Corbalán posa en Vitoria en unas jornadas sobre baloncesto. /JESÚS ANDRADE
Juan Antonio Corbalán posa en Vitoria en unas jornadas sobre baloncesto. / JESÚS ANDRADE

Uno de los mejores bases de la selección española hablará hoy a las 19:30 horas en la Biblioteca Pública sobre deporte y salud

Esther Bengoechea
ESTHER BENGOECHEAPALENCIA

El médico Juan Antonio Corbalán, auténtico icono del deporte y uno de los artífices de la primera medalla olímpica para el baloncesto español, en Los Ángeles en 1984, estará hoy en la Biblioteca Pública, a partir de las 19:30 horas. La ponencia, dentro de la Sección de Ciencias de la Salud del Ateneo de Palencia, versará sobre sus dos temas favoritos, medicina y deporte. El exjugador es un habitual en Palencia, donde se acerca siempre que tiene ocasión. «Hay un románico fantástico, una montaña increíble y lo que no es la montaña», afirma.

-¿Qué va a contar esta tarde a los palentinos en su conferencia?

-El fondo de la ponencia es mostrar lo importante que son los hábitos de alimentación y de actividad física en el mantenimiento de la salud porque no existe medicamento tan barato como el efecto de unos buenos hábitos de descanso, alimentación y actividad física.

-¿Y aquí qué labor tienen los médicos?

-Ver la intensidad o la frecuencia con la que se debe hacer deporte en función de las características y de lo que el paciente busca. Con esta relación entre médico y paciente se pueden trazar unos objetivos.

«El vasito de vino de la cena no va a variar el estado de salud ni para bien ni para mal»

-¿Qué da el deporte?

-Una mayor calidad de vida y una independencia funcional. Hay gente que prefiere rendirse porque ya es mayor y dice ‘esto no puedo hacerlo’, pero otros aunque sean mayores lo intentan y pueden salir con sus familiares, correr con sus nietos o subir escaleras. Se vive mejor con mayor capacidad funcional y esto es calidad de vida.

-Usted afirma que las bebidas alcohólicas son compatibles con los deportistas de alto nivel...

-La bebida es compatible si se utiliza con la inteligencia y con responsabilidad. Un whisky todos los días es malo. Un par de veces al mes sí que es compatible. También hay mucha diferencia entre las bebidas fermentadas y las destiladas, ya que las primeras son menos fuertes. El vaso de vino en la cena no va a variar el estado de salud ni para bien ni para mal.

«Aquella selección abrimos una puerta que había estado cerrada, con una evolución brillante»

-Ha realizado un trabajo sobre esto...

-Sí, he hecho un estudio y casi el 30% de deportistas de altísimo nivel consume alcohol de vez en cuando, vino o cerveza, o incluso alguna copa. El secreto está en estar lo suficientemente educado para tomarlo con inteligencia.

-¿Fue muy difícil estudiar Medicina mientras defendía la camiseta del Real Madrid?

-No es difícil es sacrificado. Tienes que marcarte unas jerarquías. Cuando comenzaba la carrera se me presentó un verdadero reto deportivo profesional y eso me obligó a renunciar a muchas cosas. Con diecisiete años tuve que comportarme como un adulto con tres grandes áreas, estudiar, entrenar y las relaciones.

-¿Su campo favorito es la medicina deportiva?

-Estuve diez años en cardiología pero no tengo el título, de ahí derivé en el Clínico de Madrid a la cardiología deportiva y a la medicina deportiva, que consiste en estudiar el comportamiento de nuestros órganos y sistemas ante los esfuerzos de intensidad de los deportistas profesionales.

-¿Han variado mucho los ídolos deportivos desde su época de jugador?

-El factor de espectáculo ha dotado al deporte de algo mercantilista que ha borrado el resto. Antes a los niños les gustaba jugar a fútbol o a baloncesto porque te encontrabas bien, pues ahora con todos los medios de comunicación bombardeando sobre el éxito de los grandes deportistas, todos quieren ser el mejor del mundo como Nadal y ganar mucho dinero.

-¿Sigue jugando a baloncesto en sus ratos libres?

-Más que jugar entreno a baloncesto y hago ejercicios de tiro y juego con amigos. Pero partidos ya no porque el juego completo del baloncesto si no lo haces en unas condiciones físicas completas y adecuadas es muy peligroso. Para jugar buen baloncesto tengo que exigirme mucho y con la edad que tengo ya no es compatible con mi capacidad.

-¿Qué recuerda con más cariño de su época de jugador?

-Son los años que pasé tan felices cercano al deporte. Ahora soy igual de feliz aunque haga otras cosas. Recuerdo la cantidad de gente con la que pude compartir esa experiencia. En la vida si algo no se puede compartir, es que no es importante.

-¿Qué significó la plata de Los Ángeles en 1984?

-Fue la apertura de una puerta que luego estuvo años cerrada y se volvió a abrir. Los primeros que la abrimos fuimos aquella selección que tuvimos una evolución muy brillante y que explotó en el 84 pero que había comenzado a finales de los setenta. La edad de oro fue algo muy importante, no solo en el ámbito deportivo, sino que era un país gris, que necesitaba un refrendo internacional, y esa fortuna nos tocó a nosotros.

«Tengo en mi casa más trofeos de golf, que soy muy malo, que de baloncesto»

Juan Antonio ‘Juanito’ Corbalán no se considera un mitómano. Y tal vez por esta razón no hay fotografías de su época de jugador enmarcadas en su casa ni trofeos expuestos en su salón. «Los trofeos los vas viendo como parte de un paisaje, como si ves una alameda en el mismo sitio de siempre que no te habías fijado anteriormente. No vives pensando en lo que hiciste, va quedando como un recuerdo remoto», afirma el exjugador de baloncesto, que guarda la mayoría de sus trofeos en cajas en el trastero.

«Tengo más trofeos de golf, donde he de reconocer que soy malísimo, que de baloncesto», afirma con humor. «Algún amigo que viene a casa me dice, ‘qué copa más bonita’. Y resulta que es de golf, de las dos o tres que tengo en casa. De baloncesto no tengo ninguna expuesta», agrega. Para Corbalán lo importante son las vivencias. «El deporte es para compartirlo con el equipo que son tus compañeros de viaje», concluye.

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