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Muggsy Bogues: «Mi gran motivación fue demostrar a todos que se equivocaban conmigo»

'Muggsy' Bogues demuestra sus habilidades con el balón en la redacción de El Norte de Castila.
'Muggsy' Bogues demuestra sus habilidades con el balón en la redacción de El Norte de Castila. / Ramón Gómez
  • El exbaloncestista, de visita en Valladolid, ostenta el récord de jugador más bajo (1,59 metros) en la liga norteamericana, pero su estatura no frenó una larga carrera profesional

Tyrone ‘Muggsy’ Bogues (Baltimore, Estados Unidos, 1965) es recordado frecuentemente por ostentar el récord de jugador más bajo (1,59 metros) en toda la historia la NBA. Pero no se queden en el detalle: para permanecer 16 temporadas como profesional en el mejor baloncesto del mundo hay que mantener un nivel altísimo. Y Bogues demostró un tremendo fuego competitivo a base de una velocidad de meteorito, un salto vertical de 1,11 metros y una aguerrida defensa que siempre incomodaba a sus rivales. Ayer pasó por Valladolid dentro de los actos del BBVA NBADay, que organiza el banco oficial de la liga norteamericana, y visitó la redacción de El Norte de Castilla para someterse a la siguiente entrevista.

–Dígame: ¿cuál fue la mejor parte de jugar en la NBA?

–Todo. Era como vivir en un mundo de fantasía. Yo albergaba un sueño que había perseguido desde siempre y cuando tuve la oportunidad de cumplirlo resultó algo increíble. Cada día en la liga era apasionante.

–¿Añora aquellos días?

–Un poco, sí, pero también disfruto ahora de estar en el otro lado. Recuerdo lo alucinante que era todo entonces. Por supuesto, a todos los jugadores nos gustaría seguir jugando siempre. Luego, lo aceptas y te das cuenta de que hay que seguir adelante. Para mí, fue una transición fácil.

–¿Todavía echa unas canastas para divertirse?

–Sí, por supuesto. Hay que seguir jugando. El baloncesto es parte de mi ejercicio diario y me permite mantener la forma.

–¿Cuáles son los mejores recuerdos que guarda como jugador de baloncesto?

–Tengo muchísimos, pero si tuviera que quedarme con uno lo tendría claro: el día que fui seleccionado en el ‘draft’. Escuchar cómo pronuncian tu nombre, en el puesto número 12...

–¡Los Washington Bullets!

-Sí, los Bullets. Un día realmente inolvidable. Sentía que podía mantener el mundo sobre mis hombros. ¡Nadie esperaba que podía ser seleccionado en una posición tan alta!

–¿Cuándo se dio cuenta de que el sueño de entrar en el ‘draft’ empezaba a ser factible?

–Después del Mundobasket de 1986. Gané la medalla de oro con la selección de Estados Unidos y un montón de entrenadores y mánagers generales de la NBA estaban pendientes de mí. Vieron en primera persona el impacto que tenía en el juego y cómo controlaba los partidos. Y, a pesar de mi altura, comprobaron que era capaz de jugar a un gran nivel.

–Aquella defensa suya sobre Drazen Petrovic en el Estados Unidos-Yugoslavia causó gran sensación...

–Recuerdo el día en el que el entrenador asistente Bob Clemons (el entrenador principal era Lute Olson) vino a hablar conmigo a solas antes del partido y me preguntó cómo me sentiría si tuviera que defender a Drazen Petrovic. Por supuesto, ya contábamos con un informe muy detallado sobre él y habíamos visto todo lo que estaba haciendo durante el torneo. Mi respuesta fue clara: «Es solo otro día más, entrenador. Me sentiré bien marcando a Petrovic». Sabía que Drazen no estaría acostumbrado a medirse a un jugador de mi tamaño ni a la manera en cómo manejaba el balón. Lograba que los rivales se sintieran incómodos cuando tenían que tirar. Petrovic había hecho partidos de 40 puntos durante el campeonato y aquel día se quedó solo en 12.

–¿Cuál ha sido para usted el jugador más difícil de marcar?

–No ha habido uno en concreto. Porque toda mi vida me he enfrentado a jugadores más altos y sabía cómo defenderles. Los bases no solían botar con su espalda hacia la canasta, sino que enviaban la pelota a los jugadores más altos. Tal vez defender a Magic [Johnson], con su altura, 2,05, sí que suponía un desafío mayor para mí.

–¿Y si se las tenía que ver con Michael Jordan?

–Michael jugaba como ‘dos’, así que no solíamos quedar emparejados. Pero sí sucedía, tras un bloqueo por ejemplo, yo mantenía una actitud muy agresiva hacia la pelota. Si no me veía, podía anticiparme y robar el balón. Muchas veces lo intentaba cuando botaba. Ahí solía tener más éxito.

–Cuénteme sobre su infancia en las calles de Baltimore. ¿Cómo transcurría su vida entonces?

–Era una situación amenazante, muy difícil. A mí me dispararon cuando tenía cinco años. Eso cambió mi mentalidad y me permitió no tener miedo, no tener mucho en cuenta lo que pensaban los demás. Simplemente trataba de conseguir lo que yo quería. Creo que fue lo que me sucedió de manera inconsciente. Escuchaba muchos comentarios negativos en las canchas de baloncesto, pero mi madre siempre me decía que yo podía controlar la situación. Fije esa idea en mi mente y creo que me permitió no pensar en todas las cosas que se decían allí.

–¿Cuál fue su principal motivación para triunfar en el baloncesto y evitar un futuro oscuro en Baltimore?

–Mi gran motivación pasaba por demostrar que la gente se equivocaba conmigo. Especialmente cuando algunos me decían ‘no puedes hacer esto’ y yo sabía que sí, que era capaz. Y lo ponía en práctica día tras día. Una vez que has tenido éxito entre los mejores, ya estás incluido en ese grupo. Es lo que sucedió: triunfé y ya formaba parte de ellos. La confianza en mí mismo también aumentó y pasé al siguiente nivel. Llamé la atención en el instituto, llegué a la universidad [Wake Forest] y seguí con la idea de demostrar a todos que estaban equivocados.

–¿Cómo fueron sus primeros partidos en la NBA? ¿Le resultaron especialmente duros?

–No. Mi sueño seguía adelante. Era lo que había ansiado toda mi vida y ya me encontraba allí, así que solo era cuestión de saltar a la cancha. Sí, notaba las mariposas en el estómago, pero eso es algo normal. Recuerdo que mi primer partido como novato fue muy bueno. Estaba emocionado y, como he dicho antes, el sueño seguía fluyendo. Se trataba simplemente de jugar partidos de baloncesto, más allá del nivel competitivo: instituto, universidad o categoría profesional en la NBA.

–¿Qué piensa ahora cuando ve aquellas fotos promocionales con el ya fallecido Manute Bol [2,31 metros], su compañero en los Bullets?

–Manute, descanse en paz, era un gran amigo mío. Sabía que la gente se fijaba mucho en nosotros dos porque éramos el jugador más bajo y el más alto, pero los dos teníamos talento y habilidades. Eso no nos afectaba en absoluto. Fue un gran compañero y tuvimos una gran relación personal. Qué pena que muriera tan joven.

–¿Le resultó complicada aquella primera temporada en los Bullets y le supuso un alivio pasar luego a los Charlotte Hornets, en Carolina del Norte, el estado de su universidad?

–Fue como volver a casa. Allí me había formado y todo el mundo sabía cómo jugaba. Siempre estaré agradecido a los Washington Bullets por seleccionarme, pero también me alegré de que se produjera una expansión de equipos y pasar a los Hornets. La etapa en los Bullets fue más experimental y no se produjo la química deseada en el vestuario. En cambio, en Charlotte me encontré en el cielo. Estaba con otro tipo de jugadores: Alonzo Mourning, Larry Johnson, Kendall Gill, Dell Curry... Y entre todos logramos ponernos en el mapa.

–¿Cuál cree que fue la clave de su éxito para disputar 16 temporadas como jugador profesional en la mejor liga del mundo?

–La clave radica todas las ideas que tenía siempre bullendo en la cabeza. La confianza y la creencia en mí mismo que lograba trasladar a la cancha. Sabía que iba a tener que superar muchos obstáculos.

Bogues, durante la entrevista en El Norte.

Bogues, durante la entrevista en El Norte. / Ramón Gómez

–Muchos aficionados aún recordamos el tapón que le puso a Patrick Ewing (2,13 metros) y que se puede ver en YouTube. ¿Con qué jugadas se queda de su carrera?

–Bueno, no tengo jugadas favoritas. Suceden demasiadas cosas durante un partido de baloncesto de manera instintiva como para recordarlas. Pero, ya que lo menciona, ¡aquel fue un gran tapón!

–¿Qué podría hacer ‘Muggsy’ Bogues en la NBA actualmente?

–Sentarme y mirar.

–No, me refería a si tuviese edad para competir ahora...

–Creo que tendría éxito. Porque ahora no puedes sujetar al rival con las manos, vas donde quieres y no se practica un juego tan físico como cuando yo estaba en activo. Sí, considero que podría tener más impacto.

–¿Cómo es ahora su vida?

–Fascinante, aunque de otra manera. Tengo una organización caritativa dedicada a chicos y chicas en situación de riesgo de 6 a 18 años, que estudian y desarrollan sus habilidades en tres colegios de la ciudad de Charlotte. Además, las tareas de representación en la NBA me mantienen bastante ocupado.

–Una curiosidad. ¿De dónde procede su apodo, ‘Muggsy’?

–¡Muggsy! Viene de cuando era un chaval en Baltimore por la forma en la que jugaba. Robaba la pelota a todos, [‘mugging everybody’]. En aquella época, había un programa de televisión llamado ‘The Bowery Boys’. Uno de los personajes se llamaba ‘Muggsy’ y lo ligaron a la manera en la que jugaba al baloncesto. Desde entonces, siempre he sido ‘Muggsy’.

–Su nieto, Samartine, de 11 años, juega al baloncesto endiabladamente y mueve el balón con una rapidez pasmosa. ¿Estamos ante un nuevo ‘Muggsy’ Bogues?

–¡Eso espero! Tiene mucho talento, le gusta el baloncesto. Aún es muy joven, pero disfruta de lo que hace y entre todos tratamos de llevarlo por el mejor camino posible.