Al Quesos Cerrato Palencia ya le escuece menos el bofetón ante el Burgos

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Zamora intenta superar a Rakocevic durante el partido.MARTA MORAS

  • El equipo de Sergio García logra una victoria ante el Cáceres que le sirve para recuperar sensaciones tras quedar apeado de la Copa

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Los que hemos recibido un buen bofetón a lo largo de nuestra vida sabemos que lo que antes cura tras un encontronazo entre la mejilla propia y la palma de la mano de un tercero es el dolor.

Lo que más tarda en cicatrizar es la humillación, y si el tortazo ha sido de esos que suenan como un aplauso, suele dejar como secuela un molesto pitido que no desaparece hasta días después. El Quesos Cerrato sabe bien cómo suena un buen tortazo después de lo que sucedió el día 30 de diciembre ante el Burgos, y tal vez por eso arrancó el partido de ayer ante el Cáceres aturdido, dando muestras de que aún no ha desaparecido el pitido de su tímpano.

El equipo de Sergio García arrancó el encuentro con demasiado respeto, con la cabeza gacha. Parecía que temía regresar a la cancha en la que su propio público le silbó hace solo cuatro días. Y ante esta circunstancia, el Cáceres se dedicó a jugar por donde sabe: por fuera. Nikola Rakocevic estuvo todo el primer cuarto sobre la cancha y su aportación se saldó con un punto por minuto. Romà Bas parecía dispuesto a untarse en Loctite para pegarse al montenegrino, pero Rakocevic no estaba por la labor de tener compañía en ataque y su juego de pies hizo las veces de disolvente para el ‘superglue’ de Romà. La pelea en el perímetro se perdió en los primeros compases, y por dentro las cosas no iban mucho mejor, con Lamont Barnes sufriendo mucho para frenar la capacidad de Marcius en la zona. Todas estas circunstancias hicieron que el marcador al finalizar el primer cuarto reflejase un inquietante 19-27.

El segundo cuarto fue diferente. El Quesos Cerrato tiró de galones, demostró quién es el campeón y consiguió recortar distancias con Otegui como abanderado del cambio. El ímpetu del capitán parecía querer demostrar a su gente que este equipo es capaz de devolver todas las bofetadas que recibe, al más puro estilo Bud Spencer. Mientras, Dani Rodríguez hacía las veces de Terence Hill, y la película cambió tanto que la primera mitad acabó con el Quesos Cerrato solo dos puntos abajo (40-42).

Era el momento de dar el giro de rumbo definitivo al partido. Había que frenar el empuje cacereño desde la línea de 6,75 y aprovechar el fondo de armario para dar la vuelta al marcador. Jhornan Zamora decidió unirse a la fiesta con una gran aportación ofensiva, y el porcentaje anotador desde el triple del equipo de Ñete Bohigas cayó en picado. El Cáceres erró los cinco tiros de tres que intentó en el tercer cuarto y el choque llegó a sus últimos diez minutos con un esperanzador 60-54 en el electrónico.

La remontada estaba en camino y el último acto comenzó con el Quesos Cerrato dispuesto a recuperar la sonrisa tras el disgusto de no poder disputar la Copa. Pero a falta de cuatro minutos para el final, el cuadro palentino se llevó otro disgusto: la lesión de Josep Pérez. El base valenciano acabó en el suelo tras una jugada fortuita y ahora falta por saber el alcance de sus dolencias.

La lesión fue lo único negativo de la segunda mitad de un partido en el que se vio que los palentinos han quedado doloridos tras recibir un enorme bofetón de una forma justa, pero que saldrán de esta. El Quesos Cerrato no es como ese ‘youtuber’ que se pasó de listo y tuvo que cerrar su canal tras recibir un sopapo de un repartidor al que llamó ‘cara anchoa’. Este equipo sabe que ha recibido un batacazo porque lo merecía y, con la humildad por bandera, sigue convencido de que será capaz de subir a su canal de ‘youtube’ un nuevo vídeo en el que Urko levante una Copa: la de campeón de Liga.