El Norte de Castilla

El Quesos Cerrato Palencia cambia de herramienta para ganar al Oviedo

Josep Pérez, ante Andrew en el Marta Domínguez.
Josep Pérez, ante Andrew en el Marta Domínguez. / Marta Moras
  • Los palentinos logran el triunfo en el último instante de un partido complicado

El Quesos Cerrato sufrió, pero ganó ayer ante el Unión Financiera Oviedo. El equipo palentino ya no es esa apisonadora que pasaba el año pasado por encima de sus rivales y los convertía en cromos.

Ahora, el rodillo ha dejado paso a un martillo percutor que, a base de trabajo y sudor, trata de hacer mella a lo que tiene enfrente hasta que se parte el rival o hasta que se rompe la broca. Ayer fue el Oviedo el que acabó resquebrajado, pero la afición palentina sufrió por el frágil estado de la broca hasta el último segundo.

El Quesos Cerrato arrancó el encuentro con una novedad: la ausencia de Sergio García en el banquillo. El entrenador del conjunto palentino tuvo que cumplir un partido de sanción como consecuencia de sus críticas a la actuación de los árbitros en el partido de la semana pasada ante el Lleida, y Tino Ugidos ocupó su puesto.

Sergio no pudo estar sobre la pista, pero sí estaba su forma de ver el baloncesto, y su equipo arrancó el partido conociendo a la perfección lo que tenía enfrente. La consigna estaba clara: había que anular la capacidad organizativa del rival y para lograrlo era necesario maniatar a Dani Pérez, un hombre al que se conoce bien en el Marta Domínguez y al que se está echando de menos en este arranque liguero. Los palentinos fueron capaces de frenar la capacidad creativa del exjugador morado en los primeros compases y el primer cuarto acabó con un resultado de 20-16.

La apisonadora del pasado año mantiene varias de sus piezas fundamentales, pero parece que no todas encajan entre sí y, aunque la máquina funciona, no suena tan bien como lo hacía la campaña anterior y por eso el equipo se ve forzado a cambiar de herramienta en ocasiones para lograr penetrar en las defensas rivales.

El segundo cuarto arrancó con el Oviedo dispuesto a jugárselo todo desde fuera. El equipo de Carles Marco no estaba dispuesto a entrar en una guerra en la zona y decidió dar toda le responsabilidad ofensiva a Manuel Rodríguez, que asumió el reto y anotó cinco de los seis triples que se jugó en la primera mitad. Había que frenar a ese hombre, impedirle que cargara el brazo con facilidad, pero a los palentinos les costaba horrores defender el perímetro y el choque llegó al final de la primera mitad con un resultado de 38-41.

El Quesos Cerrato no tenía intención de perder su tercer partido en una semana y la conjura en el vestuario bien podría haber hecho retumbar los cimientos del Marta Domínguez, un pabellón que quería olvidarse de los dos últimos partidos y volver a ver el rodillo sobre el parqué. El encargado de pilotar máquina tras la reanudación fue Dani Rodríguez, que empezó el cuarto con un triple. Al Quesos Cerrato le tocaba mandar, mostrar los galones al Oviedo y enseñar quién es el campeón. Pero ese juego del ‘toma el rebote y corre’ que llegó a Palencia de la mano de Porfi Fisac parece haberse esfumado esta temporada y el juego ofensivo de los morados durante el tercer cuarto se centró exclusivamente en un Dani Rodríguez que sabe bien cuando tiene que echarse el equipo a la espalda. El base catalán se enfundó el mono de trabajo, agarró una llave inglesa y se puso a calibrar la máquina morada en pleno partido. Sus esfuerzos sirvieron para que los ovetense no aumentasen la ventaja, pero el electrónico reflejaba un inquietante 54-57 a falta de 10 minutos para el final.

El último cuarto comenzó bien y los palentinos lograron ponerse por delante gracias a una canasta de Jhornan Zamora y otra de Maldunas, pero quedaba mucho y los minutos iban pasando con una igualdad enorme. La pelea en la zona entre Dos Anjos y Lamont Barnes era a cara de perro y el pívot cedido por el Real Madrid al Oviedo tenía los colmillos bien afilados. Lamont es perro viejo y estuvo a la altura de las circunstancias para permitir a los suyos llegar a los últimos segundos con posibilidades de ganar un partido que no pintaba bien desde el principio.

Al final, todo se decidió desde la línea de tiro libre. Urko Otegui y Dani Rodríguez no fallaron sus lanzamientos y permitieron con sus puntos que el triple sobre la bocina de Víctor Pérez no sirviese de nada. La afición estaba acostumbrada a ver una apisonadora, pero parece que el equipo palentino va a cambiar de herramienta en muchos partidos, aunque el oficio lo sigue poniendo el de siempre: un Urko Otegui que el año pasado hacía girar el rodillo y ayer empuñó el martillo.