El Norte de Castilla

El Quesos Cerrato Palencia suma la primera derrota de la temporada

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Engström se abre paso en la zona ante Mbaye. Manuel Brágimo

  • Los de Sergio García caen en un choque que se decidió por detalles y que acabó con una sonora pitada a los árbitros

Con los tiempos que corren ahora, que un cantante puede ganar el Premio Nobel de Literatura, parece que todo puede ser posible, aunque no entre dentro del guion. Lo que pasó ayer en el Marta Domínguez tampoco estaba en el guion, pero acabó sucediendo y el Quesos Cerrato perdió contra todo pronóstico ante un Lleida que encontró premio a la constancia con la ayuda de los árbitros en los últimos momentos.

Parece que los guionistas se lo están pasando de lujo, y, después del partido de ayer, a alguno solo le falta que le digan que el campeonato de Liga y de Copa del año pasado fue un sueño de Resines.

El Quesos Cerrato arrancó el partido un tanto dubitativo y en los tres primeros minutos el Lleida le endosó un parcial de 4-10. A los palentinos les costaba hacer una buena selección de tiro y el encuentro olía a amistoso de pretemporada, pero Lamont Barnes se encargó de camuflar ese tufo con una labor defensiva digna de elogio. Los errores llegaron de uno y otro lado y el electrónico reflejaba un resultado de 14-14 al final del tercer cuarto.

El Quesos Cerrato se encomendó a su juego exterior y la jugada no salió tan bien como ante el Huesca. Lo que la semana pasada entraba, ayer pegaba en el aro y se marchaba fuera, una circunstancia que se repitió en demasiadas ocasiones. Y es que los de Sergio de García solo metieron uno de los cinco triples que intentaron durante los 10 primeros minutos. Había que cambiar la dinámica, ajustar la mirilla y probar suerte solo cuando los tiros fuesen claros, y eso es lo que intentó el equipo palentino en el segundo cuarto, en el que Sergio García decidió contar más con Urko Otegui. El Quesos Cerrato es mejor equipo que el Lleida, y eso se notó sobre la cancha, pero el baloncesto a veces no es justo y el electrónico lucía un inquietante 30-31 en el ecuador del encuentro.

Era el momento de cambiar. El Quesos Cerrato ha llegado a esta Liga para conseguirlo todo y demostró que el único premio al que no quiere estar nominado este año es el Nobel de la Paz. Y es que si algo dieron los palentinos en el tercer cuarto fue guerra, con un Otegui con el cuchillo entre los dientes en la zona y con un Jhornan Zamora con el rifle cargado en la línea de 6,75. El equipo morado había planteado la batalla con un esquema claro: quería lograr la victoria por la vía rápida, cogiendo el rebote y corriendo hacia las líneas enemigas como una bala, pero el Lleida apostaba por la lucha de guerrillas y, con dos sistemas enfrentados, el partido fue transcurriendo sin que ninguno de los dos equipos se escapara en el marcador.

El tercer cuarto acabó con un resultado de 50-50, y es en esos momentos, en los que la incertidumbre manda, en los que siempre aparece Blanch. El alero metió dos triples y levantó al pabellón como ya hizo en innumerables ocasiones el pasado año, pero el Lleida encontró la réplica por mediación de un Rupnik en estado de gracia. El equipo catalán ajustó su defensa y obligó a los palentinos a llegar al final de las posesiones y a forzar demasiado en sus lanzamientos. Las cosas pintaban mal y los árbitros las pusieron peor al no pitar una clarísima falta de Rupnik a Dani Rodríguez, quien mostró su desacuerdo con la decisión arbitral y recibió una técnica que encendió a Sergio García, quien fue expulsado tras dedicar unas palabras a los colegiados.

Al final, el partido acabó con la primera derrota del Quesos Cerrato en la Liga, con el mal sabor de una dudosa actuación arbitral y con los 13 rebotes, 15 puntos y 33 de valoración del veterano Lamont Barnes, que puede parecer mayor para jugar al baloncesto, pero que demuestra sobre el parqué que tiene cuerda para rato, ‘Like a Rolling Stone’, que diría un Premio Nobel.