Liga LEB Oro

De Harold a Bryce, un legado real

Harold y Bryce Pressley posan en el Pabellón Adolfo Nicolás. /Marta Moras
Harold y Bryce Pressley posan en el Pabellón Adolfo Nicolás. / Marta Moras

Harold Pressley, estrella del Joventut, ha visitado en Palencia a su hijo Bryce, ahora jugador del Chocolates Trapa

LÍA Z. LORENZO Palencia

Eran los 90 y algo ardía dentro del baloncesto europeo. Una nueva generación de jugadores NBA miraba hacia el viejo continente y se preguntaba si había vida fuera de la órbita americana. Aquellos chavales con muchas ganas y menos minutos de los que desearían iban a cambiar para siempre el baloncesto FIBA. Eran altos, eran fuertes y su descaro contagió a los aficionados europeos, que ya nunca volvieron a mirar el baloncesto con los mismos ojos. Entre aquellos muchachos estaba Harold Pressley, una de las grandes estrellas del Joventut, y padre de Bryce Pressley, actual jugador del Chocolates Trapa Palencia. Una conexión familiar que une dos visiones de este deporte, dos generaciones fundidas por su amor por el baloncesto. Aunque ahora vive en Estados Unidos, el que fuera uno de los aleros más espectaculares de la ACB ha pasado las Navidades en Palencia para poder ver jugar a Bryce.

«Estoy en el cielo. Verle en la cancha me hace realmente feliz, especialmente porque está jugando en España», revela Harold entre risas. Porque el americano guarda un recuerdo muy especial de su estancia en España. «Mis mejores años como jugador fueron en este país. Por eso me encanta ver a mi hijo aquí», confiesa. A pesar de que Harold fue, junto al inolvidable Corny Thompson, uno de los pilares del Joventut de principios de los 90, nunca presionó a Bryce para que jugara en Europa. «Siempre ha sido mi decisión. Tengo mucha suerte porque mi padre nunca me ha presionado en ningún aspecto. Me aconseja y cuando le hablé de la posibilidad de venir a Europa me dijo que sus mejores momentos como jugador fueron en España. Pero nada más», comenta Bryce. Ambos han disfrutado de unas vacaciones en familia, solo interrumpidas por la inoportuna visita de Bryce al hospital, lo que le impidió estar en el partido ante el Actel Força Lleida. Pero como las historias en Estados Unidos siempre tienen un final feliz, Harold sí pudo disfrutar de la canasta ganadora de Bryce ante el Carramimbre Valladolid. «Era mi primera noche en la ciudad y mi hijo mete el triple ganador sobre la bocina. Fue perfecto», reconoce un Harold Pressley que se muestra muy orgulloso de todo lo que ha conseguido su heredero. Porque si en algo coinciden albos es en que Bryce ha nacido para jugar al baloncesto. «Siempre me recuerdo con un balón en las manos. Yo era muy pequeño cuando empecé a amar este deporte», confiesa el pequeño de la saga Pressley. Su padre también rememora los primeros pasos de Bryce en el mundo e la canasta. «Estábamos en León y lo primero que hizo al ponerse de pie fue buscar un balón de baloncesto y lanzarlo. Aquel día es muy especial para mí. Como padre siempre quieres ver a tus hijos seguir tus pasos y ser mejores que tú. Estoy muy excitado ante las perspectivas que tiene, porque es un jugador con muchas cualidades». Desde luego, la senda que marcó su padre es notable. Harold Pressley aterrizó en Badalona para llevar al Joventut a ser dos veces consecutivas campeón de la ACB (1990-1991 y 1991-1992) y finalista de la Euroliga, en aquella fatídica final ante Partizán que los verdinegros perdieron con un triple de Djordjevic casi sobre la bocina.

«Lo recuerdo muy bien. Me había lesionado un mes antes y no pude jugar ese partido. Casi no lograba ni respirar al ver a mis compañeros. A pesar de perder, tengo que decir que disfruté mucho de la Euroliga. De los viajes, de estar con el resto de jugadores. Ese año ganamos la liga y todavía puedo ver a toda la gente por las calles celebrándolo. Hubo un gran ambiente durante los ‘play-off’ y lo pasamos muy bien jugando», asegura Harold. Porque la palabra ‘play-off’ siempre tiene un significado muy especial en baloncesto. Es el momento que separa a los grandes jugadores, cuando se deciden las cosas importantes. «El gran sueño es estar en los ‘play-off’ este año. Una de las razones por las que decidí jugar en el Chocolates Trapa Palencia era poder estar entre los mejores, además de poder disfrutar del espectacular ambiente que tenemos en los partidos», reconoce Bryce.

Pero perseguir los sueños siempre tiene un peaje. Lo sabe bien Harold, al que le costó adaptarse al ritmo de Europa.

«Mi primer año en España fue durísimo. Todo era diferente: la comida, la cultura, la forma de jugar. Me resultó complicado adaptarme. Pero todo cambió en mi segundo año porque decidí transformar mi forma de pensar. Empecé a disfrutar de la gente y del baloncesto y de todo lo que España y Europa podían ofrecerme. Cambié de mentalidad. Y aquel fue el mejor año de mi vida. Desafortunadamente me lesioné al año siguiente, aunque guardo un recuerdo maravilloso de la gente y de mis compañeros de vestuario», rememora . Aquella lesión fue apagando su carrera, le obligó a retirarse y le impidió estar en la plantilla del Joventut que se alzó con la Euroliga solo un año después de su marcha. «A veces juegas con jugadores que te aportan mucho. Jugar con Corny Thompson fue absolutamente increíble. Era muy buen tío y entendía a la perfección el juego. Sabía cómo jugar y cómo ganar. Fue estupendo compartir vestuario con él. Nos hacía mejores. Aprendí que cuando no puedes jugar tienes que aportar de otra manera», afirma Harold. Bryce sonríe mientras su padre rememora un correo electrónico que recibió de un jugador de León en el que le decía que no hubiera llegado tan lejos en el baloncesto si no hubiera sido por él. «Aquello fue muy hermoso», confiesa Harold.

El juego

Los recuerdos empiezan a agolparse en las palabras del mayor de los Pressley y su hijo se echa a reír cuando se nombra ‘Two hours of funk’ , un programa de música que Harold tuvo en una radio de Badalona durante su estancia en Barcelona. «Sí que me lo había contado. Me dice, ‘imagínate que en España no hablaba nadie inglés entonces y yo hacía el programa entero en inglés’. Duraba dos horas y creo que nadie se enteraba de nada», musita entre risas Bryce.

Ambos comparten rasgos físicos y también un carácter muy afable, aunque hablan en serio de una cosa: el baloncesto. «El juego ha cambiado mucho en los últimos años. Los jugadores son más grandes, más fuertes y más rápidos, por lo que la mayor parte del juego se basa en el ‘pick and roll’. Pero al final el baloncesto consiste en encontrar la ventaja para anotar. Los entrenadores deben ajustar los sistema a los jugadores que tienen. Si lo quieres hacer a tu manera porque es la única que conoces, probablemente vas a fracasar. Lo importante es cambiar con el juego», explica Harold ante la mirada de su hijo. «Nosotros estamos ahora en un gran momento después de que nos costara arrancar. Hemos mejorado en defensa y estamos más acertados en ataque. Creo que estamos en el buen camino para conseguir los objetivos», analiza Bryce.

Porque tras una Navidad atípica, «en Estados Unidos hay más luces, más árboles y más regalos» reconoce Harold, la vida de los Pressley recupera la normalidad. El padre seguirá siendo una de las estrellas americanas que incendió Europa en los años 90 y su hijo tratará de grabar su nombre en la ACB con el Chocolates Trapa Palencia.

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