Eurobasket 2017

España apacigua el infierno de Estambul

Ricky Rubio. /Tolga Bozoglu (Efe)
Ricky Rubio. / Tolga Bozoglu (Efe)

El equipo de Scariolo se cita en cuartos con Alemania tras dominar de principio a fin un choque en el que el triunfo sólo peligró en el tercer cuarto

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

España salió viva del infierno del Sinan Erdem Arena y se medirá el próximo martes a Alemania en los cuartos de final del Eurobasket tras doblegar a la anfitriona Turquía en un choque que dominó de principio a fin y en el que sólo peligró el triunfo en el tercer cuarto, con el ataque del combinado de Sergio Scariolo atascado y la caldera de Estambul alcanzando su punto máximo de ebullición. Máximo grado de presión que podría haber consumido a un cuadro menos experimentado pero que no arredró al vigente campeón, donde talentos pujantes conviven con veteranos curtidos en guerras tanto o más cruentas que la que este domingo se vivió sobre el parqué. Un triunfo cimentado en la experiencia pero también en la ilusión que conservan viejos lobos de mar como Pau Gasol o Juan Carlos Navarro, que conquistaron en tierras del antiguo Imperio Otomano su primera medalla con la selección –el bronce en el Eurobasket de 2001, donde Turquía fue plata- y por cuya cabeza sólo pasa salir esta vez de Turquía con el oro. Lo mismo que rumian Sergio Rodríguez, magistral en la dirección, y Ricky Rubio, protagonista del arreón final con su despliegue de artillería, ambos capitales en una victoria que permite seguir soñando. Sin olvidar el empuje de jóvenes sobradamente preparados como Juancho Hernangómez, a los que no queman ni ambientes tan abrasivos como el que generó la parroquia local.

73 España

Rubio (15), Navarro (8), San Emeterio (4), Pau Gasol (11), Marc Gasol (10) -quinteto inicial- Sergio Rodríguez (11), Willy (2) Sastre (2), Oriola (2), Juancho (8).

56 Turquía

Sipahi (2), Mahmutoglu (10), Osman (8), Sanli (4), Erden (6) -quinteto inicial- Veyseloglu (4), Balbay, Guler (2), Hersek, Aldemir, Korkmaz (20), Koksal.

Árbitros:
Cristiano Maranho (Brasil), Tomas Jasevicius (Lituania) y Takaki Kato (Japón).
Parciales:
19-10, 14-15, 16-18, 24-13
Incidencias:
Partido de octavos de final del Eurobasket disputado en el Sinan Erdem Arena de Estambul ante 13.722 espectadores.

Comenzó fuerte la selección española, con un triple de Ricky Rubio, gran figura junto al Chacho con el devenir del partido, que sirvió para marcar territorio de inicio frente a la tremenda presión ambiental. España empezaba con ventaja y ya nunca la perdería. Amortiguar el tremendo desequilibrio en el rebote con que arribaban al encuentro ambos conjuntos (47 capturas por partido de los españoles en la fase de grupos en Rumanía frente a las 27 que promediaron los otomanos) resultaba crucial para el seleccionador turco, Ufuk Sarica, que para ello introdujo en su quinteto a Sanli como compañero en la pintura de Erden. Intensos y agresivos de entrada, como era de prever, los turcos cargaban el rebote ofensivo y ponían especial énfasis en tratar de sellar la zona, obligando a Scariolo a sacar antes de lo habitual a Sergio Rodríguez para dotar de mayor ritmo a la circulación del balón y buscar mediante la fantasía del canario esos pases interiores que no acababan de llegar a los Gasol.

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Ganó clarividencia España con la irrupción del canario en el parqué, cobrando su primera ventaja de entidad (14-6) a falta de 2:02 para que se cumplimentase el primer cuarto. La concentración defensiva de los españoles hacía mella especialmente en Cedi Osman, principal estilete de la anfitriona, mermada por la ausencia en este Eurobasket de figuras tan destacadas como Asik, Ilyasova, Kanter o Bobby Dixon. Se marchó el nuevo alero de los Cleveland Cavaliers sin anotar en el primer cuarto. Toda una muestra de poderío maniatar así al hombre que lideró los grandes apartados estadísticos de Turquía en la primera fase con un promedio de 17,6 puntos, 5,2 rebotes y 4 asistencias. España concluyó el primer parcial con 9 puntos de ventaja y la presión del pabellón contenida.

Cuenta la renovada selección turca con jugadores prometedores como el propio Osman, Korkmaz o Sipahi, pero le faltan tablas. Todo lo contrario de lo que sucede en España, que explota una mezcla extraordinaria de veteranía (los Gasol, Navarro o el Chacho) con la divina juventud y pujanza de los Hernangómez. Korkmaz, que la próxima campaña vestirá la camiseta de los Sixers, era la única luz en el ataque otomano, cegado el talento de Osman.

El Chacho ilumina; Ricky ejecuta

Conscientes de su inferioridad, los turcos se encomendaron a su público, en un intento de meter presión a España y, sobre todo, a los árbitros. Emborronar el choque como salvavidas. Le sirvió la táctica para recortar la ventaja, frenando el ritmo encestador de España. Se colocó a cuatro Turquía con los primeros puntos de Osman, un triple a dos minutos para el intermedio con el que la caldera del Sinan Erdem Arena alcanzó su punto máximo de ebullición. Mantuvo fría la cabeza España en sus momentos de mayor zozobra, comandada por jugadores con miles de horas de vuelo como Navarro y Sergio Rodríguez y logró enfilar los vestuarios con una renta de ocho puntos (33-25).

Turquía, que a ratos pareció a punto del naufragio, seguía viva. Justo lo que precisaba para avivar el fuego de su público y meter presión a los árbitros, su gran arma. Había logrado trabar el ataque español. Un marcador apretado y bajo era la peor pesadilla de Scariolo. Pocos saben navegar tan bien en tamañas aguas como los turcos. Los puntos caían con cuentagotas. Cada canasta costaba un mundo. Y la parroquia local atronaba, enfervorizada con el apagón español. Con Turquía a tres puntos, era el momento de los viejos lobos. Y en esas apareció el Chacho con un triple providencial que contuvo las llamas mientras sonaba la bocina que ponía fin al tercer cuarto.

Cortó esa canasta la sangría y revitalizó a España, que salió al último cuarto dispuesta a cauterizar la herida. Dio entonces un paso adelante Juancho Hernangómez, inédito hasta entonces en la faceta anotadora, que encadenó cinco puntos vitales para elevar la ventaja a los dos dígitos. Korkmaz sostenía al cuadro otomano, principio y fin de los desvelos de Scariolo ante el flojo partido de Osman. Se esperaba al alero de los Cavaliers, pero fue el nuevo jugador de los Sixers quien mantuvo a su equipo en el partido. Demasiado solo empero el escolta ante la coralidad del ataque español, donde Ricky Rubio capitaneó el arreón final que sirvió para apaciguar el infierno de Estambul con el 73-56 final.

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